domingo, noviembre 30, 2025

Descanse en Paz

Quiero empezar con una confesión que puede que me reste algunos lectores pero me sale del alma decir que ayer, cuando vi a Koldo, mostrando la maletita y las pastillas a la chica que le entrevistaba, sentí pena por él, lástima, ternura al fin y al cabo.

El hombre aún no había entrado en el juzgado pero ya algo le decía que mejor no hacerse ilusiones (no por otra cosa llevaba el chándal y las zapatillas). Pero no estaba triste. Se le veía, más bien, aliviado, y lo comprendo porque, la peor consecuencia del delito (nunca valorada por los delincuentes) es la pérdida de la paz. El delincuente se obliga a vivir permanentemente estresado, se vuelve terriblemente desconfiado y puede que hasta paranoico, y eso cansa. -¿Me habrán grabado?- Es su pensamiento más recurrente.

A falta de paz, el delincuente suele optar por la hiperactividad. -¡Ya que no puedo dormir, me voy de fiesta!- Y así consume otra botella, otro gramo, otro servicio sexual, porque es consumiendo como intenta autoconvencerse de que delinquir le sale a cuenta… Hasta que, consumido, se ve en el espejo del techo de una suite dominicana, con ocho fulanas y un montón de coca sobre la cama (como el Dioni) y siente que no siente placer sino un sufrimiento muy profundo que ninguna droga puede aplacar.

El caso es que, al verle tan tranquilo ante la periodista, tuve la sensación de que Koldo había llegado ya a ese punto, de que deseaba, más que temía, su ingreso en prisión, porque algo le decía que allí podría reencontrar la paz.

Así que lo siento, si enfado a alguien con mi opinión, pero no puedo expresar un especial odio hacia él, sabiendo que hay muchos Koldos sueltos, muchas personas que perdieron la paz al delinquir y piensan en la cárcel como una forma drástica de salir del círculo vicioso en el que se ven, orbitando sin sentido. Al fin y al cabo, es sufriendo la pérdida de la paz como han averiguado muchos delincuentes que delinquir no es violar las aberrantes órdenes de sus corruptos jefes sino violar a ese algo que nos habla desde lo más profundo.

Sentir que esta mal lo que haces es sentirte mal, y sentirte mal es sufrir. ¡Y qué es la paz sino la ausencia de sufrimiento causado por la inevitable culpa que acompaña a todo delito (El famoso karma)! Koldo, entrando en prisión, ha logrado salir del círculo vicioso. Apuesto a que, en su primera noche en Soto de Real, durmió bien, por primera vez en mucho tiempo, y yo me alegro por él, aún arriesgándome a perder algunos lectores.

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