Por Alfonso de la Vega
La verdad es que no suelo comentar las cuestiones de las folclóricas y de la prensa del higadillo, antes llamada rosa, pero tampoco viene mal hacerlo de vez en cuando sobre todo para estar al tanto de las más delicadas e importantes cuestiones de la Casa Real.
Estos días la comidilla en Palacio ha sido provocada por la reacción a las polémicas fotos de la heredera esforzada guardiamarina en bañador que han costado más de un disgusto sobre todo a su progenitora B. Ahora la última ha sido la demanda del inviolable exilado emérito contra un personaje asaz lenguaraz y contradictorio, demagogo de singular mérito, uno de los más suculentos frutos del tinglado autonómico borbónico. Pero el asunto no es para criticas ad hominem sino para valorar pruebas, y en ese caso más que si nuestro buen hombre se habría ido de la lengua diciendo lo que piensa casi todo el mundo la verdadera cuestión es si tiene razón en lo que dice. Por otra parte nada nuevo que no haya sido publicado antes. Sin embargo, de modo bastante sorprendente ha conseguido que el real potentado fugado en Abu Dabi se haya sentido molesto y decida llevarlo a los tribunales. Algo insólito que muestra que los Borbones parecen haber perdido el sentido de la prudencia o del ridículo, claro que nos encontramos disfrutando de plena «posmodernez«.
Creo que la demanda es otro grave error de Su Majestad emérita inviolable. Un temerario paso en falso, pues si el emérito quería alejarse de los tribunales españoles, para qué arrimarse ahora. No está el horno para bollos y hay muchas cosas que por propia conveniencia prudentemente más valdría no meneallas. Durante el ejercicio de la prueba el justiciable pudiera presentar pruebas irrefutables de lo que dice, que el juez necesariamente habría de entrar a valorar para que el asunto no terminase en apelación ante otro tribunal, esta vez internacional, y se acabe engordando así tan inoportuna gusanera, con resultado tan incierto como sin capacidad de arreglo o mayor disimulo.
Y si, para colmo de males, el fallo terminase siendo favorable al acusado, Su Majestad quedaría en evidente ridículo, como alguacil alguacilado.
Atendiendo a lo que exige por cualquier majadería cualquier folclórica o famosillo habitual de la prensa del higadillo la compensación pedida, 50.000 euros, parece demasiado poco para el honor y dignidad de todo un ex rey de España y Jerusalén. Recuerda más bien el de una mordida modesta de alguna de las bandas político económicas secundarias que asolan el reino. Lo que se lo pasen a CARITAS tampoco ayuda, ahora que ha sido acusada de estar presuntamente implicada en el blanqueo y fomento del tráfico de invasores.
Pero además, existen otros interesantes problemas de naturaleza simbólica. Así la llamativa asimetría del proceso. Un juicio entre Majestad y súbdito no parece proporcionado ni conveniente. El inviolable acusa judicialmente al dirigente santanderino cuando es así que este súbdito a su vez no podría querellarse contra el inviolable. A mayor abundamiento, según la constitución pretendidamente en vigor la Justicia se administra en nombre del hijo del padre inviolable que aún es más inviolable todavía por no estar aún emérito.
No entiendo mucho, y cada vez menos, pero tengo la impresión que en los últimos tiempos los asesores palaciegos parece que trabajan para erradicar la Monarquía.
Los dos son buenas piezas. El uno por las comisiones y exiliado. Y el otro por las presuntas comisiones de carreteras en su Cantabria natal.
Con Nicolás Maduro,no se atreve…