El 1 de abril de 2025, una noticia irrumpió en el panorama internacional: más de 13 gigabytes de información atribuida a la Masonería Uruguaya fueron filtrados, exponiendo detalles hasta ahora reservados de una de las organizaciones más discretas del país. Este evento, calificado como una «megafiltración» por medios como RT, ha puesto en el foco a la Gran Logia de la Masonería del Uruguay, desatando especulaciones sobre el alcance de los datos revelados y las implicaciones para una institución históricamente asociada al secretismo.
La filtración, atribuida al grupo LaPampaLeaks, incluye un volumen masivo de datos: más de 13,3 GB que abarcan documentos internos, listas de miembros, grabaciones de videollamadas por Zoom, reglamentos, correspondencia y datos personales sensibles. Según informaciones de El Observador y Montevideo Portal, el material expone desde nombres, direcciones y teléfonos de masones activos y retirados hasta detalles sobre candidatos a ingresar, reingresos de expulsados y aspectos administrativos como aumentos de cuotas o renuncias. Entre los archivos también se encuentran grabaciones de reuniones virtuales, muchas realizadas durante la pandemia, que versan sobre rituales, actividades internas y la estructura organizativa de las logias.
El ataque no se limitó a la extracción de datos. LaPampaLeaks también llevó a cabo un defacement (modificación visual) del sitio web oficial de la Masonería Uruguaya, un acto que buscaba no solo exponer información, sino también humillar públicamente a la organización. Sin embargo, la Gran Logia negó que su página hubiera sido hackeada, asegurando que el incidente no comprometió su seguridad digital.
La Gran Logia de la Masonería del Uruguay emitió un comunicado interno, al que accedieron medios como El Observador, en el que desmintió que se tratara de un ataque cibernético externo. Según la organización, los datos filtrados provinieron de un «hermano de la orden» con acceso legítimo a los sistemas, utilizando su clave y dispositivo móvil con doble autenticación. «No se detectaron vulneraciones ni tráfico anómalo en nuestros servidores», afirmaron, sugiriendo que la filtración pudo ser el resultado de una acción deliberada o del robo de las credenciales de un miembro autorizado. Este enfoque contrasta con las afirmaciones iniciales de expertos en ciberseguridad, como Birmingham Cyber Arms LTD, que alertaron sobre un hackeo masivo.
La institución no ha identificado públicamente al responsable ni ha detallado si tomará medidas internas, pero su postura busca minimizar el impacto al asegurar que no se expusieron datos personales críticos de sus miembros. Sin embargo, la magnitud del material divulgado —que incluye información sensible de empresarios, políticos y otros masones prominentes— pone en duda esta afirmación.
La Masonería tiene una larga tradición en Uruguay, remontándose a finales del siglo XVIII con las primeras logias establecidas en el Río de la Plata. Fundada oficialmente en 1856 como el Gran Oriente del Uruguay (hoy Gran Logia de la Masonería del Uruguay), la organización ha desempeñado un papel influyente en la historia política y social del país. Figuras como Manuel Oribe, Gabriel Terra y Tabaré Vázquez, todos presidentes uruguayos, han sido masones, al igual que la actual vicepresidenta Beatriz Argimón, miembro de la Gran Logia Femenina del Uruguay.
Históricamente, la masonería uruguaya se ha caracterizado por su discreción, combinando valores de fraternidad, igualdad y laicidad con una estructura jerárquica que abarca 33 grados en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Su sede, el Palacio Masónico en Montevideo, declarado Monumento Histórico Nacional en 2020, es un símbolo de su arraigo cultural. Sin embargo, esta filtración amenaza con romper el velo de reserva que ha protegido sus actividades durante siglos.
Aunque no se han publicado los archivos completos de manera oficial, reportes de medios como El País Uruguay y La República describen un contenido variado y revelador:
- Listas de miembros: Nombres, edades, direcciones y correos electrónicos de masones activos, así como datos de postulantes y exmiembros.
- Grabaciones de Zoom: Conversaciones sobre rituales, organigramas y temas institucionales, grabadas principalmente durante la pandemia.
- Documentos administrativos: Reglamentos internos, actas, circulares sobre candidatos y detalles financieros, como aumentos de cuotas.
- Datos sensibles: Información que vincula a empresarios y políticos uruguayos con la organización, lo que podría generar controversia en el ámbito público.
El grupo LaPampaLeaks, en un mensaje publicado el día de la filtración —coincidente con el aniversario de la Fuerza Aérea Uruguaya—, lanzó una advertencia: «Uruguay necesita gobernantes, no títeres. Tenemos acceso a todas las direcciones, registros policiales, secretos y carpetazos de cada político y funcionario público. Sabemos quiénes son, sabemos dónde están y les haremos pagar».
La filtración ha generado un revuelo en Uruguay y más allá. En redes sociales como X, usuarios como @antoniovaldez6 y @chikistrakiz han compartido la noticia de RT, destacando los «secretos al descubierto» y el volumen de los 13 GB.
La Masonería Uruguaya, por su parte, enfrenta un dilema. Aunque insiste en que no hubo un hackeo y que el incidente se originó internamente, la exposición pública de sus operaciones podría erosionar la confianza de sus miembros y afectar su imagen de hermetismo. Además, la mención de datos de figuras públicas podría reavivar debates sobre la influencia de la masonería en la política uruguaya, un tema recurrente en la historia del país.
La megafiltración de abril de 2025 marca un antes y un después para la Masonería Uruguaya. Lo que comenzó como un supuesto ataque cibernético se transformó en una discusión sobre la seguridad interna y la vulnerabilidad de una organización que ha hecho del secretismo su estandarte. Si bien la Gran Logia minimiza el impacto, el acceso público a más de 13 GB de información confidencial desafía su narrativa de control y discreción.
A medida que los detalles de los documentos filtrados sigan emergiendo, el incidente promete mantener a Uruguay en el centro de la atención, planteando preguntas sobre la privacidad, el poder y el legado de una fraternidad que, durante más de un siglo, ha operado entre las sombras de la historia nacional. Por ahora, el alcance total de las revelaciones sigue siendo un misterio, pero una cosa es segura: los secretos de la masonería uruguaya ya no son tan secretos como antes.