En un operativo que parece sacado de la serie Breaking Bad, la Policía Metropolitana de Bogotá ha desmantelado un laboratorio clandestino dedicado a la producción de drogas sintéticas y ha detenido a su líder, un químico farmacéutico de 37 años. La noticia, que se ha producido el 1 de abril de 2025, ha captado la atención por la sofisticación del caso y las similitudes con la famosa ficción televisiva. El arresto pone en evidencia la creciente problemática de las drogas sintéticas en Colombia y el ingenio de quienes las producen.
El laboratorio fue descubierto en la localidad de Puente Aranda, una zona industrial y residencial de Bogotá. Según informaba la Policía Metropolitana, la banda conocida como «Los Químicos» operaba bajo el mando de Javier Orlando Hernández, un profesional con formación en química farmacéutica que utilizaba sus conocimientos para fabricar sustancias ilícitas. La operación, llevada a cabo por la Dirección de Investigación Criminal e Interpol (Dijín), culminó con la detención de Hernández y otros miembros del grupo tras meses de seguimiento.
Las autoridades incautaron equipos especializados, precursores químicos y una cantidad significativa de drogas ya procesadas. Entre las sustancias producidas destacaba el «tusi» o «2C-B», un psicodélico popular en fiestas y entornos recreativos, conocido por ser un cóctel de diferentes compuestos. Este hallazgo subraya la capacidad técnica de la organización, que operaba con un nivel de profesionalismo poco común en el crimen local.
De acuerdo con los informes policiales, «Los Químicos» generaban ingresos diarios cercanos a los 8 millones de pesos colombianos (aproximadamente 1.800 dólares al cambio actual), lo que evidencia la alta demanda de estas sustancias en el mercado negro. El laboratorio funcionaba como una pequeña industria, con procesos químicos controlados y una red de distribución que abastecía tanto a consumidores locales como, posiblemente, a mercados internacionales.
Javier Orlando Hernández, el cabecilla, es el elemento que más recuerda a Walter White, el protagonista de Breaking Bad. Con una formación académica sólida, Hernández abandonó el camino legal para liderar esta operación ilícita. Aunque no se han revelado detalles específicos sobre su trayectoria previa, su perfil como químico farmacéutico sugiere que poseía los conocimientos necesarios para sintetizar drogas complejas, un factor que elevó la peligrosidad de su organización. La policía no ha revelado qué lo llevó a dar este giro, pero el caso ilustra cómo el talento profesional puede ser desviado hacia actividades delictivas.