InicioOpiniónEditoresCompañía tecnológica estadounidense va a crear perros genéticamente modificados para el ejército

Compañía tecnológica estadounidense va a crear perros genéticamente modificados para el ejército

Palmer Luckey, cofundador de la compañía de tecnología de defensa Anduril, y Ben Lamm, cofundador de Colossal Biosciences (empresa conocida por sus proyectos de “desextinción” de especies como el mamut lanudo o el dodo), han impulsado el lanzamiento de Warhound. La startup, con sede en Texas, salió del modo «secreto» a finales de octubre de 2026 con el objetivo de modernizar el suministro de perros de trabajo para las fuerzas armadas de Estados Unidos, cuerpos policiales y equipos de emergencia.

El problema que quieren resolver

Estados Unidos depende en gran medida del exterior para sus perros militares. Según datos citados por la propia compañía, más del 80 % de estos animales se adquieren en Europa. Además, el proceso actual de adquisición y entrenamiento —que puede durar alrededor de tres años— presenta una alta tasa de desgaste: menos de la mitad de los perros importados acaban considerándose aptos para el servicio. Problemas hereditarios como displasia de cadera, predisposición al cáncer, problemas de visión o atrofia muscular contribuyen a que muchos no superen la formación.

Warhound propone atajar esta dependencia y mejorar los resultados mediante biotecnología. El plan consiste en tomar muestras de perros de alto rendimiento (principalmente pastores belgas Malinois, junto con algunos labradores y pastores alemanes), almacenar su material genético, clonar a los mejores ejemplares y aplicar edición genética. El objetivo es eliminar o reducir enfermedades hereditarias frecuentes y potenciar características útiles para misiones exigentes, como velocidad, agilidad y capacidad olfativa (clave en detección de explosivos).

Tecnología “sobre el perro, no dentro del perro”

Además de las mejoras genéticas, los animales y sus manejadores recibirían equipamiento desarrollado por Anduril. Esto incluiría chalecos y armaduras corporales avanzadas, protección ocular y auditiva, y sistemas de software e integración con plataformas como EagleEye (el sistema de realidad mixta de Anduril). La idea es que el perro, el manejador y los sistemas autónomos operen como un equipo con mayor conciencia situacional. Los responsables de la compañía han aclarado que, por ahora, se trata de tecnología externa (“sobre el perro, no dentro del perro”), no de implantes o perros cíborg.

Luckey resumió el enfoque con la frase: “El mejor amigo del hombre merece la mejor tecnología del hombre”.

Financiación, liderazgo y plazos

Warhound ha levantado una ronda semilla de 200 millones de dólares que valora la compañía en torno a 1.200 millones. Entre los inversores figuran Sequoia Capital, In-Q-Tel (el fondo de capital riesgo vinculado a la CIA y otras agencias de inteligencia estadounidenses), 8VC, ARK Invest y otros.

El CEO es David Spirk, antiguo oficial de datos del Departamento de Defensa y exejecutivo de Palantir, con experiencia previa en el Cuerpo de Marines. Luckey participó en la concepción del proyecto (surgido de conversaciones en un evento como el Moonshots Summit), pero no posee participación accionarial ni interviene en la gestión diaria. Lamm forma parte del consejo y Colossal aporta y licencia su tecnología de genética y clonación (en la que colabora también Viagen).

La compañía espera que la primera camada de cachorros nazca a principios de 2027, con la posibilidad de que algunos animales entren en servicio en un plazo de unos dos años. También contempla un modelo de “canino como servicio” y ha mantenido contactos con el Departamento de Defensa y otras agencias.

La American Humane Society colaborará en la certificación de los programas de entrenamiento y en iniciativas de reunificación de perros militares retirados con sus antiguos manejadores.

El proyecto combina avances en biotecnología animal con tecnología de defensa ya existente. Si cumple sus plazos y promesas, podría reducir la dependencia estadounidense de criadores extranjeros y aumentar la tasa de éxito en el entrenamiento de perros de trabajo. Al mismo tiempo, abre debates sobre los límites éticos de la edición genética aplicada a animales de servicio y sobre el papel creciente de las empresas tecnológicas en el ámbito de la seguridad nacional.

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