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El “escándalo” de Copenhague: limitan el consumo de carne en residencias de ancianos con la excusa «cambiática»

En octubre de 2026, el economista climático Bjørn Lomborg difundió en X un post titulado “Cold-hearted” (desalmado/frío de corazón) sobre la política de Copenhague. Citaba un vídeo de un pleno del Ayuntamiento del 30 de abril de 2026 en el que la concejal Birgitte Kehler Holst (Alternativet, partido verde) defendía que “todos, incluidos los mayores, deben ayudar a cumplir nuestros objetivos climáticos” y añadía que los ancianos son “precisamente la generación que más ha contaminado”. El post reavivó una polémica que ya había estallado en mayo y volvió a saltar a los medios daneses a mediados de octubre.

La estrategia municipal: directrices, no prohibiciones vinculantes

Copenhague tiene desde 2019-2021 una Estrategia de Alimentos y Comidas cuyo objetivo es reducir el impacto climático de las compras alimentarias municipales un 25 % para 2025. Se sirve alrededor de 70.000 comidas diarias en guarderías, residencias de ancianos y centros sociales. La ciudad ya había alcanzado o superado ese objetivo en 2023 mediante la reducción de carne de rumiantes y el aumento de legumbres, verduras y productos orgánicos (objetivo del 90 % orgánico).

En las directrices para residencias (página 45 del documento de 2021, bajo el epígrafe “Vejledende mængder” —cantidades orientativas—), se recomienda un máximo de 500 g de carne cocida por residente a la semana, de los cuales no más de 80 g de ternera, ternera o cordero (aproximadamente el equivalente a una hamburguesa infantil a la semana). También se sugieren límites para otras proteínas y más legumbres. El municipio ha insistido repetidamente —y lo confirmaron la Administración de Salud y Cuidados y la Administración Financiera— en que no son normas vinculantes: no hay sanciones, las residencias pueden decidir cómo contribuir a la reducción de CO₂ y se priorizan las necesidades nutricionales y las preferencias de los residentes. El alcalde de Salud y Cuidados, Jens-Kristian Lütken (Venstre), envió en mayo de 2026 una carta a las residencias aclarando exactamente eso: si los residentes quieren carne, deben recibirla en cantidad suficiente.

Fact-checkers como Snopes calificaron de falsas las afirmaciones virales de mayo que hablaban de un “límite obligatorio de 80 g de ternera por semana” y de que se “castigaba” a los ancianos. Las directrices existen y se promueven, pero no constituyen una prohibición legal individual.

Lo que ocurre en la práctica

A pesar de las aclaraciones oficiales, medios daneses y el Consejo de Ancianos de Copenhague han documentado casos concretos. Un análisis de BDO para el municipio (encuestas a residentes, planes de menú y datos de compra, julio de 2026) mostró que la ternera aparece de media solo dos veces en menús de cuatro semanas (en algunas residencias con cocina propia, una sola vez). Varios residentes han sido rechazados cuando pedían ternera en su cumpleaños “por las cuentas de CO₂”. También se han citado preferencias por manzanas en lugar de plátanos por el impacto climático, menús con 2-3 comidas vegetarianas semanales y personal que recurre a “trucos de lenguaje” para animar a aceptar opciones más verdes. Los residentes pagan por la comida, pero una proporción significativa (cerca de la mitad en residencias con cocina propia y hasta 6 de cada 10 cuando la comida llega de fuera) dice tener poca o ninguna influencia sobre lo que se sirve.

El Consejo de Ancianos danés y el de Copenhague han advertido que convertir las residencias en “proyectos climáticos municipales” socava la autonomía y la calidad de vida de personas que, en muchos casos, tienen pocos años o meses por delante y cuyas preferencias alimentarias tradicionales son parte de su bienestar. Algunos estudios nutricionales previos sobre las comidas municipales de Copenhague señalaron que, aunque se redujeron las emisiones, las metas de proteína para ancianos frágiles no siempre se alcanzaban.

La frase de Holst y la reacción política

El vídeo que difundió Lomborg captura a Holst en el pleno del 30 de abril diciendo, en esencia: “Desde el punto de vista de Alternativet, todos, incluidos los mayores, deben ayudarnos a cumplir nuestros objetivos climáticos. Y, de paso, se podría decir que quizá sea precisamente esa generación la que más ha contaminado”. Holst se disculpó poco después ante BT por el “comentario demasiado fresco”, pero mantuvo la idea de que los ancianos también deben formar parte de la estrategia climática y orgánica de la ciudad.

La reacción fue amplia. La primera ministra Mette Frederiksen (Socialdemócratas) criticó la falta de respeto a la autodeterminación de los ancianos y señaló que quienes “han trabajado y se han esforzado por nuestro país” deben poder comer la carne que deseen, mientras otros continúan la lucha climática en otros ámbitos. Lütken (Venstre) calificó de “locura alegre” que las cuentas de CO₂ impidan un deseo de cumpleaños y abogó por eximir a las residencias. La mayoría de izquierdas en el comité de Salud y Cuidados (SF, Enhedslisten y Radikale Venstre) defendió mantener los objetivos, argumentando que se puede combinar clima y calidad gastronómica. El propio Lomborg enmarcó el episodio como ejemplo de política climática fría que recae sobre los más vulnerables.

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