Por Alfonso de la Vega
Estamos asistiendo al derrumbe de una civilización. La nuestra. Son muchos los síntomas que avalarían una tesis tan contundente. La vecina Francia arde en llamas con la complicidad de las autoridades globalistas, recogiendo la cosecha de todos unos años de siembra de podredumbre, multiculturalismo, y depravación. La violencia extrema también se extiende por Italia, Bélgica, Albania, incluso Portugal y es de suponer que pronto lo hará por España. Sin embargo, la aparente impotencia gubernamental para reprimir la extrema violencia extemporánea que desnaturaliza las legítimas protestas parece sugerir cierta paradójica complicidad de las autoridades que estarían “protegiendo” la subversión radical para lograr sus propios objetivos inconfesables. Una “protección” que también aquí se podría observar en Ceuta, Sol, o las manifestaciones contra Madrid.
Entre los orígenes de esta destrucción programada se encuentra la pérdida de la cultura tradicional europea por la traición y corrupción de las élites y el proceso de sustitución de su población autóctona por otra de valores opuestos e incompatibles como es la musulmana. Probablemente de modo premeditado al servicio y beneficio último de la pequeña pero omnipotente oligarquía financiera sionista que desea gentes más manejables para su dominio y sin los valores civilizatorios de la Cristiandad que han venido informando lo mejor de Occidente.
Lo que ocurre en cierto modo no es nuevo, sí lo es en cambio el descaro e impunidad con el que se perpetran hoy los desafueros cuando no crímenes. Así, tenemos el ejemplo del caso Epstein, aquí en España el algo parecido del de Gómez, el suegro y mecenas junto a Soros del valido Sánchez, que no es una anécdota más sino categoría. Un culto al vicio y la inmoralidad como forma de empoderamiento de las élites que experimentan una mórbida atracción por lo perverso, y que por desgracia parece que constituye uno de sus signos básicos de identidad o pertenencia.
Pero el tinglado se mantiene por la impunidad. Apenas nadie paga por sus fechorías o crímenes salvo los que el propio sistema deja caer de vez en cuando para mejor disimular. Epstein o Sabiniano más bien son catalizadores, entes para la formación y selección de personal. Clinton, Trump o Sánchez serían ejemplos.
Ciertas élites no han abandonado el culto al Mal; simplemente lo ha depurado. Han montado una estructura donde el poderoso dispone libremente de vidas y haciendas del indefenso, impulsado por esa combinación de dinero, soberbia, y atracción por la perversidad. Eso supone el fin de la ilusión hasta ahora imperante de que este orden tan viciado e injusto se pueda corregir mediante reformas cosméticas, o la “democracia”. El Mal está integrado en los cimientos del edificio, no en la mera decoración interior. Tiene que ver con la plutocracia.
Metafísicos como Évola, Lings, Schuon, o Guenon, entre otros, nos alertaban de la pérdida del sentido metafísico en la sociedad occidental, ahora en parte suplantado por el Islam. Pero más que pérdida habría que hablar de sustitución encubierta de la Tradición por lo demoniaco. Para intentar entender mejor este odio monstruoso a la civilización europea en general y cristiana en particular por parte de gentes del mismo establecimiento, es útil releer algunas de las obras más clarificadoras de autores como el gran Dostoyesvki. Por ejemplo, Demonios o Endemoniados, que de ambas formas ha sido traducida al español. Refleja muy bien la influencia del satanismo en las ideas y organizaciones políticas y terroristas.
Lo que nos planteaba de modo profético en esa obra el gran escritor humanista ruso hace ya un siglo y medio se está cumpliendo con gran precisión en estos tiempos en los que la amenaza de una dictadura orwelliana se cierne sobre Occidente. Se manifiesta ahora en toda su crudeza por deriva de muchos años de incuria y a la estulticia culpable de muchos de nuestros próceres. Gentes que callan y otorgan cuando no son frívolos, codiciosos e insensatos cómplices.
Demonios no fue muy bien recibido, acaso porque explicaba demasiado lo que la clase dirigente se negaba a aceptar. Para otros se trataba de simples calumnias. Muchos años después, ya a principios del siglo XX, el comunista Gorki pretendía que: “Los demonios es el más perverso, y el más talentoso, de todos los intentos por difamar el movimiento revolucionario de la década de los setenta”. Pero, ¿tiene razón Máximo Gorki con lo de la supuesta difamación?
Dostoyesvki supo ver las terribles consecuencias devastadoras del nihilismo hoy disimulado por el neomarxismo cultural. El que sustituye a la lucha de clases del marxismo convencional y es promovido por la plutocracia globalista, e incapaz de enfrentarse al Islam. No hay más que ver el bochornoso espectáculo de Sol, de las playas de Ceuta o de las televisiones mercenarias para despejar toda duda.
Dostoyesvki explicaba las Estrategias instrumentales de los sediciosos:
“1 Usar lo que pasa (por ejemplo una revuelta o protesta laboral por la corrupción del administrador de su fábrica) para los propios fines, apropiándose de sucesos como algo premeditado e inducido por ellos. Sin embargo, no se aplica la misma vara de medir en el caso de la corrupción y los delitos propios. 2 Provocar tumultos. 3 Agentes demoledores profesionales y sociales que sin saberlo conscientemente trabajan para el desarrollo de la causa minando la moral y cohesión social. Resulta habitualmente bochornoso el papel de la Prensa, Judicatura, Universidades y Colegios profesionales. 4 El crimen ya no es una locura sino un deber. El dios ruso ha huido ante el alcohol. 5 Una o dos generaciones depravadas son ahora indispensables. De una depravación inaudita, ruin, en la que el hombre se convierta en un ser asqueroso, cobarde, cruel, egoísta…6 Recurriremos al incendio, echaremos a volar leyendas…7 Comprometer a los socios y simpatizantes con algún crimen para chantaje y cierre de solidaridad, aunque sea a la fuerza. (Epstein, saunas…) 8 Fomentar la desconfianza e incluso el odio entre los diferentes miembros y humillarlos en público para distinguirse el mando de la masa. Terror ajeno y propio para mantener la disciplina. Incluso asesinato de disidentes y arrepentidos. Y por último, 9 Buscar un rey títere.”
Aquí no hace falta buscarlo, desgraciadamente ya lo tienen.
Los viejos monstruos que parecían haber sido vencidos por la civilización ahí siguen. Manejan el poder económico y financiero y a sus títeres políticos. En palabras de Camus: “sabía lo que la muchedumbre en fiesta ignoraba y puede leerse en los libros, a saber: que el bacilo de la peste no muere ni desaparece nunca, que puede permanecer adormecido .. y que quizá llegue un día en que, para desdicha y enseñanza de los hombres, la peste despierte sus ratas y las envíe a morir a una ciudad alegre.”

