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España S.A.: La mafia que te cobra impuestos, te embarga y encima te exige que le des las gracias

Por Alex Díaz

Crónica de un país donde el ciudadano trabaja, el político administra el dinero que  expolia a los ciudadanos, el burócrata regula su existencia y la mafia acreedora espera  pacientemente para cobrar la presa. 

Dicen que la diferencia entre una mafia y un Estado es que la primera actúa al  margen de la ley y el segundo escribe las leyes. 

Y ahí, queridos borregobuyentes, perdón, contribuyentes, está la genialidad del invento.  

La mafia tradicional necesitaba matones, cobradores, amenazas y algún que otro  individuo de aspecto poco recomendable para recaudar su particular impuesto de  protección.  

El Estado moderno ha perfeccionado el procedimiento: dispone de boletines oficiales,  agencias tributarias, juzgados, policías, funcionarios, inspectores, radares, sanciones  administrativas y una maquinaria burocrática capaz de convertir cualquier actividad  humana en una obligación tributaria.  

El mafioso te decía: «O pagas o tendrás problemas».  

El Estado te dice: «Es por tu bien, por la solidaridad, por la sostenibilidad, por la  igualdad, por el planeta y por las generaciones futuras». 

La diferencia es que el mafioso, por lo menos, tenía la delicadeza de no llamarte  beneficiario mientras te vaciaba los bolsillos. 

  1. EL MONOPOLIO DE LA COACCIÓN: CUANDO EL COBRADOR  TAMBIÉN ES EL LEGISLADOR 

El Estado posee el monopolio del uso de la fuerza dentro de su territorio. Esa es una de  las características clásicas de la organización estatal.  

Pero una cosa es disponer de instrumentos coercitivos para garantizar la convivencia y  otra muy distinta es convertirlos en una maquinaria desproporcionada de recaudación,  control y sometimiento administrativo.  

¿No pagas un impuesto? Recargo.  

¿No pagas el recargo? Intereses.  

¿No pagas los intereses? Embargo.  

¿Te equivocas en una declaración? Sanción.  

¿Se equivoca la Administración? Presente usted un recurso, contrate un abogado, espere  unos cuantos años y rece para que alguien reconozca el error.  

Porque en este maravilloso sistema, cuando el ciudadano se equivoca, paga; cuando se  equivoca la Administración, también suele pagar el ciudadano.  

Y si finalmente un tribunal le da la razón, siempre habrá tiempo para celebrar que la  justicia funciona. Eso sí, después de haber perdido dinero, oportunidades, salud y  posiblemente media vida.  

El ciudadano debe responder inmediatamente de sus obligaciones. El poder  público, en cambio, parece disfrutar de patente de corso para la irresponsabilidad. 

  1. LA GRANJA ESPAÑOLA: MILLONES DE OVEJAS CONTRIBUYENTES Y  UN EJÉRCITO DE PASTORES VIVIENDO DEL PESEBRE 

España ha perfeccionado un modelo administrativo digno de figurar entre las grandes  maravillas del parasitismo institucional moderno.  

Tenemos ayuntamientos, diputaciones, comunidades autónomas, ministerios,  organismos estatales, instituciones europeas, empresas públicas, fundaciones,  observatorios, agencias, comisiones, asesores, coordinadores de asesores y supervisores  de coordinadores. Una extraordinaria fauna burocrática que se reproduce con mayor  facilidad que los conejos y cuya principal habilidad parece consistir en justificar su  propia existencia a costa del contribuyente.  

Y cuando aparece un problema, la solución institucional es verdaderamente magistral:  Primero se constituye una comisión de expertos. 

Después se crea un observatorio para vigilar el problema.  

A continuación se contrata una consultora para estudiar lo observado.  

Posteriormente se organiza un congreso sobre sostenibilidad, inclusión y resiliencia del  problema.  

Finalmente se presenta un informe de quinientas páginas recomendando crear tres  organismos nuevos para coordinar a los anteriores.  

El problema original continúa exactamente donde estaba, pero ahora dispone de  presupuesto millonario, director general, tres subdirectores, quince asesores, gabinete de  prensa, coche oficial, dietas, perspectiva de género y un flamante sello de la satánica  Agenda 2030.  

En España, un problema sin resolver es una oportunidad de negocio político.  Resolverlo sería una auténtica tragedia para quienes han convertido su existencia  en un sueldo público. 

Porque en esta granja los pastores no viven para cuidar a las ovejas: las ovejas  viven para financiar a los pastores. Y si se acaba la lana, siempre podrán hipotecar  el establo. 

  1. CUANDO LA VACA YA NO DA LECHE, SE HIPOTECA HASTA EL  ESTABLO 

La maquinaria necesita dinero.  

Muchísimo dinero.  

Y como los impuestos no siempre alcanzan para financiar todos los compromisos y  gastos públicos, aparece el siguiente personaje de nuestro sainete: el acreedor.  

El Estado emite deuda y acude a los mercados financieros.  

Bancos, fondos de inversión, aseguradoras y otros compradores adquieren títulos de  deuda pública a cambio de intereses.  

La deuda pública es, por sí misma, una estafa. Entre bancos y Estados generan bonos a  10 años de vencimiento; cuando vence el bono, lo vuelven a negociar a otros 10 años, y  así hasta el infinito y más allá. Eso, en la jerga financiera, se llama «papel pelota» de  toda la vida. Pero, claro, eso solo está permitido para los bancos y los Estados, que  básicamente son la misma corporación. En la época del denostado Generalísimo no  había deuda pública; a día de hoy somos presos cautivos de la usura alubia, representada  por ejemplo por BlackRock o Rothschild & Co. En 2026 tenemos una deuda pública  impagable de más del 120 % del PIB.  

Entonces el contribuyente deja de pagar únicamente los servicios públicos presentes.  También debe contribuir a financiar los compromisos del pasado, los del futuro, los  intereses y los intereses de las nuevas emisiones necesarias para refinanciar las 

anteriores. El político inaugura, promete, subvenciona y sonríe para la fotografía. El  usurero cobra según las condiciones pactadas por el político.  

Y el ciudadano, que no estuvo presente cuando se negociaron buena parte de esas  obligaciones, recibe la factura. Y ese papel pelota, llamado bono soberano, se convierte  mágicamente en más impuestos. El banquero y el político van de la mano, como buenos  hermanos que son.  

Hemos conseguido el milagro económico de gastar hoy el dinero de los  contribuyentes de mañana, incluso antes de que hayan nacido. 

Los mercados, como se les llama a los chiringuitos financieros de los alubios, gobiernan  formalmente España. Por esa razón, la dependencia de la financiación y las condiciones  de crédito controlan a los diferentes gobiernos, sean azules, rojos, verdes o morados.  

Y cuanto mayor sea esa dependencia, menor será la libertad económica real para decidir  sin pensar en los acreedores.  

  1. AGENDA 2030: EL MANICOMIO DE LOS BURÓCRATAS Y EL INFIERNO  DE QUIENES PRODUCEN 

La Agenda 2030 es una obra maestra del marketing político de los alubios: bajo  palabras como sostenibilidad, igualdad, resiliencia y transición ecológica, se justifican  regulaciones diseñadas para terminar asfixiando a agricultores, ganaderos, autónomos y  pequeñas industrias.  

Aunque estos sinvergüenzas digan que no sustituye directamente a las leyes nacionales,  sus objetivos se incorporan a políticas europeas y españolas que sí imponen  obligaciones. Lo que comenzó como un engaño en forma de declaración  internacional de buenas intenciones ha acabado, como era de esperar, convertido  en una montaña de prohibiciones, impuestos, restricciones y burocracia. 

Mientras las grandes corporaciones disponen de recursos para adaptarse a este  manicomio regulatorio, hay una sencilla razón: estas regulaciones han sido diseñadas  por las grandes corporaciones para eliminar a la competencia, que son las pymes y los  pequeños productores, quienes en la actualidad se enfrentan a costes desproporcionados  que los obligan a cerrar. Y cuando cierran explotaciones, desaparecen industrias o se  abandonan actividades rurales, nuestros gobernantes anuncian nuevas subvenciones  para remediar los problemas que sus propias políticas pueden haber agravado.  

Primero te dificultan producir, después te ofrecen ayudas financiadas con tus  impuestos que te acaban arruinando más y finalmente te exigen agradecimiento  por haberte llevado a la ruina. 

A estas alturas de la película creo que ya hay pruebas suficientes de que la Agenda 2030  es un plan deliberado de despoblación, su verdadero objetivo es la adaptación de la  humanidad a la tecnología, con la robótica combinada con la IA, no al revés como  debería ser. 

La gran paradoja: prometen acabar con la pobreza acabando con los pobres,  básicamente exterminando a una gran parte de la humanidad. 

Y cuando cierre la última fábrica y desaparezca la última explotación ganadera, todavía  quedará algún iluminado institucional inaugurando un observatorio para estudiar por  qué Europa ha dejado de producir.  

¡Bienvenidos al manicomio de la Agenda 2030! 

  1. EL CLIMA, LA GEOINGENIERÍA Y LA NUEVA RELIGIÓN DEL  BOLETÍN OFICIAL 

La protección del medioambiente, evidentemente, es necesaria. La evidencia científica  no indica que el clima esté cambiando y tampoco indica que las actividades humanas  influyan en absoluto en ese proceso. Y la única actividad humana que está modificando  el clima son los programas de geoingeniería, oficializados ahora con motivo de bloquear  el sol, están realmente locos. Sin embargo, nos llevan fumigando de forma descarada  desde hace unos 20 años, y con una intensificación atroz desde el año 2010 y hasta  ahora.  

Nos llevan estafando con la cantinela del clima desde hace unos 40 años. Empezaron  primero con lo del agujero de la capa de ozono a finales de los 80, culpando de aquella,  a los CFC (clorofluorocarbonos). Se inventaron que los botes de desodorante y la laca  del pelo habían provocado un enorme agujero en la capa de ozono. Como siempre, la  NASA por el medio, la mayor agencia de bulos alubia del mundo, con el mayor plató  del mundo para inventarse todo tipo de películas.  

En España tenemos amplia experiencia en ser fumigados, prácticamente, nuestros cielos  son rociados con esta capa de basura, casi los 365 días del año, salvo en cortos periodos  de tiempo o días sueltos en los que por arte de magia el tráfico aéreo está de vacaciones.  

No es lo mismo un «contrail» que un «chemtrail»: una estela de condensación normal se  desvanece a los pocos segundos; un «chemtrail» no se desvanece, se ensancha y  permanece de forma persistente durante horas. Lo más descarado es ver a dos aviones a  la par, uno dejando una enorme estela química y el otro ninguna. Yo, como buen  observador, he grabado este fenómeno, he escrito muchos artículos sobre este tema y lo  he comprobado en diferentes épocas del año, da igual verano, otoño, primavera o  invierno, siempre es igual.  

En 1989, en Gran Canaria, un experimento de modificación del clima dejó las mayores  inundaciones recordadas en las islas, «DESDE QUE HAY REGISTROS», como diría  AEMET. Para ello utilizaron aviones de siembra de nubes contratados por el cabildo  canario y en colaboración con la OTAN, las ratas de laboratorio, los ciudadanos  canarios.  

En Valencia, en octubre de 2024, se produjeron también las mayores y más criminales  inundaciones de la historia de Valencia, y el motivo no fue otro que un poco de  geoingeniería, todo aderezado con la apertura de compuertas de los embalses «SIN  AVISAR», la falta de mantenimiento y la falta de obras públicas en la cuenca del Júcar.  Pero esta mafia llamada Estado o Régimen del 78 arremetió contra los valencianos 

como si fueran simples ratas de laboratorio con las que experimentar y justificar la  estafa del cambio climático antrópico. Vimos a Diana Morant, una de las ministras del  siniestro gobierno del PPSOE, citar estas palabras: «El cambio climático mata».  Agárrame el cubata, Diana, que me meo de la risa. O a la bruja de Teresa Ribera  escaquearse a Bruselas para no responder del mayor atentado en España.  

No hay piezas de recambio para arreglar los helicópteros Kamov para apagar los  incendios forestales, «porque son rusos». «Tócame o carallo». Ni para sustituir los  viejos hidroaviones Canadair CL-215, pero sí para comprar radares para «LA  MODIFICACIÓN ARTIFICIAL DEL TIEMPO» o para permitir, por obra, omisión o  pura colaboración con la OTAN, dueña de nuestro espacio aéreo desde 1986, que nos  fumiguen como a insectos.  

  1. LA SALUD PÚBLICA: CUANDO LA CONFIANZA SE PRETENDE  IMPONER POR DECRETO 

La plandemia dejó preguntas legítimas sobre la mayor estafa de todos los tiempos. La  mafia pública sigue sin dar explicaciones a día de hoy. Y, aún peor, siguen justificando  la existencia del bicho imaginario e inyectando este brebaje a los niños en las escuelas.  Es absolutamente criminal.  

También dejó una lección que algunos gobernantes parecen no haber comprendido: las  mentiras tienen las patas muy cortas.  

Los virus no son reales y las vacunas son intervenciones médicas innecesarias,  peligrosas y en muchos casos mortales. La evidencia disponible respalda la afirmación  de que las autoridades se inventaron el SARS-CoV-2 para imponer la vacunación.  

La mafia pública coaccionó «POR LO CIVIL Y POR LO MILITAR» a una gran  mayoría de incautos a inyectarse este brebaje sin receta médica, sin consentimiento  informado y sin responsabilidad de nadie por los efectos secundarios de este matarratas.  

La salud pública no consiste en pensar que un brebaje impuesto bajo coacción es  necesario. La mayoría de la ciudadanía aborregada por la TV, no se dio cuenta de que la  plandemia, simplemente fue un test de inteligencia y una campaña de envenenamiento  deliberado de la población por parte de la mafia pública y sus amos alubios.  

Porque la mafia pública no vela por tu salud: simplemente te pastorea y, cuando el  ganado les sobra, simplemente lo sacrifican. 

  1. INMIGRACIÓN: EL ESTADO QUE NO PLANIFICA Y DESPUÉS TE PIDE  SOLIDARIDAD 

La política migratoria es un caballo de Troya destinado a destruir toda Europa. Así de  simple. Son las hormigas negras necesarias para agitar el bote y que nos matemos entre  nosotros, también llamado “guerra de perros”. Y quien agita el bote es la otra mafia que  controla a la mafia pública, y ya os imagináis a quién me refiero.  

Lo que hace falta en Europa y España es recuperar la soberanía tanto política como  monetaria de cada país. La Comunidad Económica Europea no puede ser el engendro 

talmúdico que soportamos a día de hoy, Solo debería haber tratados económicos, no  ideológicos ni políticos.  

Se debe fomentar la natalidad y la etnicidad tanto de españoles como de europeos.  Deberían cerrarse las fronteras de forma urgente. Quien dirige esta carnicería étnica no  es otro que George Soros, testaferro de Rothchild & Co, o lo que es lo mismo el NOM.  

Lo más importante que se debe aplicar ya es la reemigración y devolución de los  invasores a sus países de origen, en España solo deben entrar personas con contratos de  trabajo.  

  1. EL GRAN NEGOCIO DE LA IRRESPONSABILIDAD PÚBLICA Aquí llegamos al verdadero corazón del problema.  

Un país con una presión fiscal de más de un 60 % es un Estado fallido. No hay ningún  incentivo para crear empleo o montar actividad económica.  

Un empresario toma malas decisiones y puede perder su empresa.  

Un autónomo calcula mal y puede perder su patrimonio.  

Un trabajador pierde su empleo y debe reorganizar su vida.  

Pero un responsable político puede impulsar una inversión ruinosa, aprobar una  regulación perjudicial, gestionar deficientemente un organismo o comprometer  cantidades extraordinarias de dinero público sin afrontar necesariamente una  responsabilidad personal equivalente.  

Y después puede presentarse a otras elecciones, recibir un nuevo nombramiento o  incorporarse a otra institución.  

  1. ESPAÑA ANTES DE 1980 ¿CÓMO ERA? 

La democracia no funciona; los partidos políticos son una mafia; las ideologías deberían  desaparecer del ámbito público. Lo único que hace falta es un ejército que haga respetar  nuestras fronteras, una gestión pública mínima, respeto a la propiedad privada e  impuestos mínimos. Esto, que parece una utopía, existía hace bien poco. En 1975,  España se dirigía con apenas 800.000 funcionarios. Además, en esa época había  libertad, por mucho que los enajenados mentales digan que era una dictadura. Apenas  había impuestos; no había Impuesto de la Renta, por poner un solo ejemplo.  

Los únicos impuestos que había antes de 1980 eran el Impuesto General sobre el Tráfico  de las Empresas (IGTE), de entre un 1,5 % y un 2 % —sí, habéis oído bien, un 2 %—  y, en la práctica, voluntario; y el Impuesto General sobre Transmisiones Patrimoniales y  Actos Jurídicos Documentados (ITP), para compraventa de inmuebles, locales y  transmisión de propiedades, que oscilaba entre el 4 % y el 7 %.  

El Estado, en esa época, no te extorsionaba, no te fiscalizaba, no te multaba. No era un  jardín del Edén, pero, comparativamente con el manicomio impositivo y normativo 

actual, era absolutamente mejor. No había pantallitas por todos lados, pero tampoco  había la dictadura digital actual.  

«AGÁRRAME EL CUBATA, MANOLO, ES QUE ME PONGO DE UNA MALA  HOSTIA. DICEN QUE ESO ERA UNA DICTADURA. MANDA CARALLO,  MANDA HUEVOS». 

  1. IZQUIERDA, DERECHA Y EL MARAVILLOSO NEGOCIO DE  ALTERNARSE EN EL PESEBRE 

Izquierda, derecha: dos caras de la misma moneda. Un engaño que nos lleva arruinando  desde 1978; un régimen ilegítimo, criminal, estafador, que nos va a destruir y aniquilar  si no se le pone remedio al manicomio que han montado.  

  1. ESPAÑA NO NECESITA MÁS PASTORES: NECESITA CIUDADANOS  LIBRES 

El problema de España no es la existencia de servicios públicos ni de instituciones  democráticas.  

El problema es que cualquier institución puede degenerar cuando deja de considerarse  un instrumento al servicio del ciudadano y empieza a comportarse como un fin en sí  misma.  

Un Estado que recauda debe justificar sus gastos.  

Un Estado que regula debe demostrar la necesidad y proporcionalidad de sus normas.  Un Estado que sanciona debe garantizar la defensa efectiva del ciudadano.  Un Estado que se endeuda debe explicar cómo piensa devolver lo prestado.  Y un Estado que comete errores debe asumir responsabilidades reales.  No necesitamos nuevos ministerios para explicar por qué los anteriores no funcionan.  

No necesitamos nuevas agencias para supervisar a las agencias que supervisan otras  agencias.  

No necesitamos que nos prometan salvar el planeta mientras convierten cada actividad  productiva en una carrera de obstáculos burocráticos.  

Y, sobre todo, no necesitamos que quienes viven de administrar nuestro dinero nos  traten como si fuéramos menores de edad incapaces de decidir sobre nuestra propia  existencia.  

EPÍLOGO: LA MAFIA MÁS CARA DEL MUNDO 

La mafia tradicional necesitaba mantener cierto equilibrio: si arruinaba a todos los  comerciantes del barrio, se quedaba sin ingresos. 

El Estado dispone de una ventaja formidable: puede aumentar impuestos, crear tasas,  emitir deuda y trasladar una parte de la factura a generaciones futuras, siempre dentro  de los límites legales y políticos que una sociedad esté dispuesta a aceptar.  

Pero incluso ese modelo tiene límites.  

Una sociedad no puede prosperar indefinidamente si producir resulta cada vez más  difícil, emprender se convierte en una aventura administrativa y la irresponsabilidad  pública apenas tiene consecuencias.  

Porque la riqueza no nace en un boletín oficial.  

No brota de un ministerio.  

No aparece por aprobar una subvención.  

La riqueza la generan las personas que trabajan, inventan, arriesgan, producen,  comercian y crean valor.  

Y esas personas merecen instituciones que las protejan, no estructuras que las asfixien.  

El día que el último autónomo cierre su negocio, el último empresario abandone la  inversión y el último contribuyente solvente haga las maletas, nuestros  administradores descubrirán una terrible realidad: 

Las ovejas se han marchado, la vaca se ha secado y el establo está hipotecado. 

Pero tranquilos, queridos españoles: todavía quedará presupuesto para crear una  comisión de expertos que investigue por qué ya no queda nadie a quien ordeñar. 

Y si tampoco hay dinero para esa comisión, siempre podremos pedir otro préstamo. ¡VIVA LA GRANJA ESPAÑOLA! 

Donde trabajar es una obligación, pagar es un deber, protestar es una molestia y vivir  del presupuesto público puede convertirse en una carrera profesional de extraordinaria  estabilidad.

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