Lo que hay que ver y oír, y aún estamos empezando. Dicen que tienen que ganar “para que España siga avanzando”. ¿Hablan para tontos, despistados, corruptos, vendidos y caraduras en general? No sé para qué pregunto. Está visto que ese es su público, pero no bastan unas cuantas docenas de fanáticos para ganar unas elecciones de manera legal, cuando hay tanto en contra. Es el preludio electoral más sucio de la historia de la democracia; no por las mentiras y presunciones vanas, que también, sino por el rosario de hechos delictivos que pesan sobre algunas cabezas, incluida la del propio Partido Socialista. Nunca habíamos vivido un proceso electoral jalonado de tantas irregularidades propias de gobiernos totalitarios sin ley. Decir desconfianza es quedarse corto, ante una situación que sugiere certeza.
Hablar de Sánchez y su gobierno es hacerlo de corrupción sistematizada y sistémica a unos niveles vergonzosos nunca vistos. ¡Cómo es posible que se hayan atrevido a tanto! Sus más de veinte tramas abiertas han deteriorado el sentir ciudadano, además de haber costado al erario, que sepamos, más de cinco millones de euros. ¡Los que se dicen herederos de los 100 años de honradez!
Pedro Sánchez está dispuesto a llegar a donde sea y a cometer las mayores atrocidades con tal de no abandonar su bunker de la Moncloa, el único lugar donde se siente seguro. Es una cuestión de defensa personal ante tanto caso abierto –y los que aún no han aflorado– algunos ya juzgados y cumpliendo cárcel los acusados; la esposa del presidente pendiente de juicio; otros en el juzgado y el resto en capilla.
Sánchez y su cloaca saben que si no fue capaz de ganar unas elecciones cuando aún se desconocía su plan de latrocinio, de mala gestión, y de todo lo que iban a ser capaces, ahora tampoco les será posible ganar de manera legal, cuando España está patas arriba –donde casi nada funciona, con la cesta de la compra por las nubes–, víctima de la ineficiencia, y, para colmo, sometida a Marruecos, a sus invasiones y a su chantaje, amén de otros poderes menos visibles.
Todo esto debería ser motivo de desencanto para el cien por cien de los votantes socialistas, pero parece que están completamente anestesiados y o bien no se enteran de nada o, definitivamente, son mala gente. No se puede pensar otra cosa.
Lo del mitin de las camisetas rojas, con el lema “la fuerza de la gente”, para exaltación del líder y lucimiento de un Sánchez que parecía haberse dado un chute de ayahuasca, fue de vergüenza ajena, toda una burla a los españoles. ¡Ay, si hablamos de los muertos por negligencia y abandono que llevan a sus espaldas! Tal parece que viven en una realidad aparte, que decía Carlos Castaneda. García Page no asistió a esta performance de exhibicionismo puro, propio de alguien que tiene mucho frío y necesita arroparse. En el acto, al que García Page no asistió, nadie pudo decir palabra, ni una sola objeción, solo babas. Ver la plana de corruptos en primera fila, sonrisa de oreja a oreja, aplaudiendo, y los provocadores protagonistas Pedro y Begoña, haciendo alarde de su amor de lupanar, con un beso ensayado y un mensaje desafiante a sus críticos ¡y a los jueces!, a muchos nos hizo vomitar, máxime recordando sus cutres negocios de proxenetismo y burdeles, donde se grababa para chantajear, y la actividad de la falsa catedrática sin estudios. ¿Por qué no tenemos ninguna esperanza de que la susodicha vaya a ser condenada? A buen seguro que harán todo lo posible para comprar al jurado o a quien sea. Es uno de los motivos por los que Sánchez se aferra al poder como una garrapata. Algo que tampoco habíamos vivido desde que tenemos memoria.
Por otro lado, Sánchez le debe mucho a Begoña. Gracias al dinero de Sabiniano, cuando fue expulsado del partido y muchos lo creían acabado hizo un periplo de varios meses por Estados Unidos, donde se puso a disposición de George Soros, Bill Gates (que le entregó la placa de la Agenda 2030 a cambio de la promesa de cumplirla), y otros plutócratas ideólogos, gracias a los cuales pudo firmar su “pacto con el diablo”, que le permitió colocarse en la cumbre para ejercer de emperador del Mal.
Pero a pesar de sus soflamas grandilocuentes plagadas de falso progresismo, Sánchez y toda su banda reconocen, porque tontos no son, que sus ocho años de gobierno, no solo son fallidos en cuanto a mejorar el bienestar de los ciudadanos y el país en general, sino que fueron catastróficos en cualquier ámbito que se analice.
Es una obviedad decir que los españoles viven muchísimo peor que antes de la llegada de este advenedizo trilero, cuyo currículo está plagado de trampas. Si hacemos una encuesta a la salida de los supermercados y preguntamos a las amas de casa por la cesta de la compra, cuántos artículos se ven obligadas a dejar en el estante, optar por otros de menor calidad, cuánto les ha subido el recibo de la luz y si podrán encender la calefacción este invierno, es fácil deducir la respuesta. Y si hablamos de la pequeña y mediana empresa, incluidos los autónomos, ¿cuántos han cerrado en estos ocho años, y cómo viven los que resisten? Basta dar un paseo por cualquier ciudad para constatar la decadencia en forma de carteles de “cerrado, se vende o se traspasa”. En estos ocho años han beneficiado a los golpistas, a los sediciosos, a los delincuentes, a los ilegales, a los inquiokupas, a los okupas, a los narcotraficantes, y, como norma, a los enemigos de España. En cuanto a Sanidad, la atención primaria se ha deteriorado completamente, sin apenas consultas presenciales, realidad de la que se quejan no solo los pacientes sino el personal médico. Y podríamos continuar con la falta de policías, guardiaciviles y bomberos, y encima sin armas para defenderse de los narcotraficantes, y dietas tercermundistas; o las protestas de los maquinistas de tren por la falta de seguridad. Y si hablamos del estado de conservación de autovías y carreteras generales, ídem. Y si hablamos de vivienda, que ahora quieren ponerlo como bandera, la situación ha empeorado en sus ocho años; no se ha construido y ha habido más desahucios que nunca y varios suicidados. El estado precario de limpieza e higiene en ciertos lugares públicos, así como el deficiente mantenimiento, léase Renfe o estaciones de autobuses es más que notorio. La lista de desastres es de infinita vergüenza. Por no hablar de los modales y la falta de educación generalizada. Los observadores nos hemos dado cuenta de la devaluación del “saber estar”. Ser educado, cortés o, simplemente, hablar con corrección, sin tacos o no gritar se considera cosa de fachas. Hasta este punto estamos llegando. Una parte de la sociedad se ha vuelto muy macarra. Son las consecuencias del comunismo, una especie de lepra muy contagiosa y difícil de curar.
Aprovecho para decir que en los regímenes comunistas –y la España de hoy funciona como tal– la corrupción es inherente al poder, y, paradójicamente, el objetivo del comunismo no es liberar a los pobres de la pobreza, sino empobrecer, no solo a los ricos, expropiándoles su riqueza, sino a cualquier ciudadano con una pequeña posesión que le permita ser libre y no vivir de limosnas. Comunismo y libertad son conceptos antitéticos. Eso sí, cuanto peor vive el pueblo, más ostentación de lujo hacen sus dirigentes. Y esto lo hemos comprobado a lo largo de estos ocho años de lujo asiático y hortera de la cúpula gobernante, comparable al de sus homólogos de los narcoestados de ultramar.
Por eso, el pensamiento general de los ciudadanos medianamente informados y decentes es que Pedro Sánchez está organizando un pucherazo descomunal, un robo de elecciones que podría pasar a la historia. Lo han pretendido con la ley de nietos, pero, gracias al Tribunal Supremo, la estrategia se les ha venido abajo. Ahora han empujado al ridículo al Defensor del Pueblo haciéndole presentar un recurso ante el Constitucional, cuando no tiene competencia para ello. Recomiendo leer el excelente e imprescindible artículo del magistrado de la Sala Tercera del Tribunal Supremo, Javier Borrego, titulado “Servil pero incompetente Defensor del Pueblo”, donde explica los porqués que todos debemos conocer, publicado en The Objective,
Si todas las maniobras empleadas hasta ahora les fallan, desconocemos a qué podrán recurrir, aunque podemos imaginarlo. Toca, por tanto, prepararse para evitar que nos roben las elecciones y, de no ser posible y consigan salirse con la suya, impugnar los resultados. Sería la primera vez en la historia de la democracia. Pero mucho me temo que, si no echamos a la banda en esta ocasión, no tendremos otra.
El problema es que quienes podrían poner los medios para evitarlo, consideran políticamente incorrecto hablar de robo de elecciones o dudar del voto por Correo. Creen que es un ataque al Estado, y no; es un ataque a los golpistas que han pervertido las instituciones. Y, además, su disonancia cognitiva les impide creer que esto pueda ocurrir en España. ¿O sí se han caído del guindo? ¿Está anotado en las agendas de Feijóo y Abascal que la gente del gobierno es discípula de los bolivarianos? ¿Tienen preparado un plan por si esto ocurre? Por nuestro bien, esperemos que sí.

