Por Alfonso de la Vega
El panorama en Europa se está agravando por momentos, en especial en los países con votaciones cercanas. En EEUU también es muy inquietante e incierto en lo inmediato, las votaciones del 4 de noviembre, pero lo que sería peor: su decadencia que parece más cierta y acelerada tras el desastre de la agresión contra Irán que se une a los contratiempos con la de Rusia usando a Ucrania como carne de cañón. La cosa se está poniendo tan fea que no solo el dominio imperial sino el propio futuro de las instituciones y la unidad de la República están amenazados. Lo mismo que en la UE.
Si no fuera tan lamentable por los fallecidos y más en general por la ruina y devastación que está provocando la locura plutocrática en la UE la cosa pudiera tomarse como una farsa, una tragicomedia de enredo con poco creíbles cuando no depravados personajes improvisando sobre la marcha de la representación. Gentes como Trump, Zelensky, la von Leyen, Macron. Mertz, Sánchez y demás ralea están destrozando no solo Ucrania sino toda Europa. Unas naciones europeas víctimas de autoridades prostituidas o ineptas e instituciones antidemocráticas títeres como la UE o la OTAN.
Las actuales amenazas bélicas a Rusia parecerían imposibles tan solo hace unos años. Se acaba de bombardear con drones San Petesburgo. Ahora se habla de una guerra atómica en Europa con una frivolidad y desparpajo propio de criminales, posesos o locos. Los locos antes estaban en los manicomios, hoy encaramados en las actuales instituciones democráticas degeneradas. Se engorda la gusanera de la deuda y el abuso de los monopolios mientras las cosas para las sociedades europeas, no solo en el lamentable reino bolivariano español, van de mal en peor. No hay más que ver lo que ocurre en la Francia «ocupada» por Macron. Grandes manifestaciones degeneradas en algunos casos en disturbios, incendios, destrucción del patrimonio arquitectónico, saqueos, miles de detenidos.
Y las revueltas también se están extendiendo a Albania, Italia y puede que a España para calentar la campaña electoral sanchista. Es triste que en pleno siglo XXI aumente la creencia de que la solución pacífica de los problemas por el debate, la discusión pública y el voto, carece ahora de utilidad práctica y que solo una “dramatic action” fuera de las fórmulas tradicionales de las estructuras políticas nacionales o internacionales puede obtener resultados favorables para el bienestar y la prosperidad de los pueblos.
Pero en Occidente es fundamental observar lo que pasa en la metrópoli de EEUU. Cabe entender que la oligarquía que manda en Estados Unidos ha sufrido reveses en el pasado, pero los de ahora serían mayores. Con sus políticas ha fomentado la formación de una coalición multipolar de adversarios como China, Rusia, o incluso Irán mucho más fuerte económicamente, con mayor capacidad militar y mejor coordinada diplomáticamente que cualquier adversario al que se haya enfrentado Estados Unidos desde hace muchos años.
La desastrosa aventura bélica contra Irán además de mostrar la paradójica debilidad de la Armada imperial ante las nuevas tecnologías ha provocado que se dañen muchas bases en Oriente Medio, con un coste estimado de 33.400 millones de dólares, según fuentes del Pentágono. También pone en entredicho la continuidad del sistema de petrodólares, con los problemas de la terrorífica deuda, y lo que es más grave a nivel mundial: la estabilidad del suministro energético sin el que no pueden funcionar las modernas economías nacionales.
Ante el importante avance ruso en el frente ucraniano, que de seguir así sólo podría detenerse con la implicación directa o total de la OTAN, y agobiado por la influencia que la carestía y desabastecimiento de gasóleos pudiera tener en las inmediatas elecciones, Trump ha tenido que rectificar su política anterior de hacerse con el monopolio del comercio de petróleo mediante eliminar competencia y destruir instalaciones de refino rusas a través de los ataques de Zelensky. Un judío sionista corrupto y tenebroso al que ahora no ha dudado en atacar de manera oportunista en público e incluso pedir su sustitución ¡por no hacer elecciones! La cosa recuerda la frase del cínico capitán Renault en Casablanca: hay que cerrar este garito porque me he enterado que aquí se juega, mientas ponía el cazo para su mordida.
Con este regate los cómplices marionetas europeos se quedan con el culo al aire como el propio dictador ucraniano. O puede que no, veamos.
En cierto modo continuidad del antiguo “gran juego” imperial británico, la guerra en Ucrania más bien es una guerra estadounidense, iniciada por su oligarquía y que sirve sobre todo a sus intereses. La cosa empezó con el golpe de 2014, de manera que EEUU controla su gobierno y su economía, y dirige desde bambalinas sus operaciones militares y de inteligencia. Cabría suponer que la continuación de la guerra requiere su respaldo. Sin tal apoyo la guerra terminaría en pocos días.
De modo que el títere Zelensky duraría menos que Maduro si así se quisiera. Parece que nos encontrásemos ante la representación de otra farsa multi-escenario para esconder que no se busca la paz, sino otro acuerdo incumplido como los anteriores de Minsk o Estambul. Una farsa en la que cada uno pueda culpar a los otros cómplices del enredo su fracaso final. Pero ahora Rusia parece haber escarmentado.
Otra amenaza relacionada con el sumidero catastrófico ucraniano es la de enorme burbuja financiera a punto de estallar la de la IA americana. No solo en la UE, si se produjese el probable estallido de la crisis económica y financiera en EEUU, se abrirá el camino a la inestabilidad social, el descrédito institucional e incluso la revuelta popular, como ya se está viendo aquí en Europa.
En todo caso, al igual que la europea la clase política estadounidense está impidiendo que la mayoría de sus ciudadanos mantengan seguridad y prosperidad. Es previsible que esté abocada a una pérdida aún mayor de legitimidad interna con importantes consecuencias en todo Occidente. Una de ellas y no la menor sería el enrocarse con una creciente represión de la ciudadanía. Una ciudadanía cada vez peor informada, más empobrecida y sin perspectivas de futuro.

NOTA: En la imagen, la oscuridad iluminada por el incendio provocado del Ayuntamiento de Limoges.

