Un luchador de BJJ en Madrid consigue detener a un indeseable que le robó el móvil en Torrejón de Ardoz. De todas las historias que he escuchado durante este torneo de BJJ de Torrejón de Ardoz, en 2026, hay una que me ha llamado especialmente la atención. Al parecer, también había tenido su propia aventura la noche anterior al campeonato.
Todo comenzó cuando escuché a uno de los rivales que estaba a nuestro lado, cerca del podio, decirle a otro que ya vería las fotos cuando se las pasara a su nuevo móvil.
—¿Qué te ha pasado? ¿Se te ha roto el teléfono?
—No exactamente. Me lo han roto —me respondió.

Un agente le comentó que tendría que haberle dado más fuerte porque al día siguiente volvería a estar en la calle
Entonces me contó lo sucedido. La noche anterior habían intentado robarle, pero consiguió alcanzar al ladrón y reducirlo. Llegó incluso a aplicarle una estrangulación, convencido de que lo había dejado inconsciente. Sin embargo, se dio cuenta de que no era así, por lo que tuvo que volver a inmovilizarlo y mantenerlo controlado hasta que llegó la policía. Fue entonces cuando los agentes los separaron.
—¿Y qué te dijeron los policías? —le pregunté.
Su respuesta me dejó todavía más sorprendido.
Según me contó, uno de los agentes le comentó que tendría que haberle dado más fuerte, porque al día siguiente el individuo volvería a estar en la calle. Además, por lo visto, ya lo habían detenido el día anterior.
Pero la historia no terminaba ahí. Mi compañero tenía que acudir a un juicio justo después de subir al podio. Su intención era salir rápidamente para intentar recuperar, al menos, parte del dinero que le había costado reparar los daños que le había ocasionado aquel individuo.
—Pues para mí eres un héroe. Tienes que sentirte muy orgulloso de lo que has hecho —le dije.
Y su respuesta fue contundente:
—Estoy más orgulloso de eso que de haber ganado hoy.

Clases de BJJ en Madrid: un deporte que también te sirve para la defensa
Y, sinceramente, no me extraña. Historias como esta nos recuerdan que el jiu-jitsu brasileño en Madrid, en cualquier lugar, puede ir mucho más allá de la competición, las medallas y los resultados. Bien entrenado y aplicado con responsabilidad, puede proporcionar herramientas para afrontar situaciones de peligro, controlar a un agresor y proteger nuestra integridad física.
Por supuesto, cada situación es diferente y la defensa personal exige criterio, autocontrol y proporcionalidad. Pero lo ocurrido aquella noche demuestra hasta qué punto los conocimientos adquiridos sobre el tatami pueden resultar útiles fuera de él.
Una vez más, el viejo jiu-jitsu reivindica su valor como herramienta de defensa personal. No estamos hablando únicamente de un deporte en el que dos personas compiten por conseguir una victoria. Estamos hablando de un arte marcial con una larga historia, basado en el dominio del cuerpo, el control del adversario y la capacidad de reaccionar ante situaciones complicadas.
Por eso creo que merece todo nuestro respeto y que deberíamos interesarnos más por conocerlo y practicarlo. Porque ganar una medalla siempre es motivo de alegría, pero saber que lo que has aprendido puede ayudarte a protegerte a ti mismo o a otra persona tiene un valor difícil de medir.
Y, a veces, la mayor victoria no es la que consigues sobre el tatami, sino la que consigues en la vida real.
Bienvenidos a la colonia bolivariana que estamos creando en España por culpa de los imbéciles que dicen que aquí cabe todo el mundo y empezando por los criminales que no respetan a nadie, empezando por sus propios paisanos, a los que agreden y roban también. Mismos irresponsables que luego también dicen que no cabemos en ningún sitio porque no tenemos viviendas para todos. Lo que no tenemos es manicomio suficientes para meter a tanta gente que piensa cosas contradictorias y encima lo dicen.

