La 72ª edición del Club Bilderberg arranca entre el 9 y el 12 de abril de 2026 (principalmente del 10 al 12) en Washington D.C., Estados Unidos. Como es tradición desde 1954, unas 120-130 personas —políticos, banqueros, CEOs de grandes corporaciones, dueños de medios, académicos y expertos en inteligencia artificial y defensa— se encierran durante varios días en un hotel de lujo sin prensa, sin grabaciones oficiales y sin actas públicas. El objetivo declarado: “fomentar el diálogo informal” entre Europa y Norteamérica. La realidad, según sus críticos: decidir el rumbo del mundo sin que el resto nos enteremos.
La lista de participantes aún no ha sido publicada oficialmente por los organizadores (el sitio web de Bilderberg sigue anclado en la reunión de 2025 en Estocolmo), pero fuentes periodísticas y plataformas independientes ya han filtrado un listado preliminar de unos 123 nombres. Entre ellos destacan figuras de primer nivel: el secretario general de la OTAN, Mark Rutte; la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; la directora del FMI, Kristalina Georgieva; el CEO de OpenAI/Microsoft Satya Nadella; el de Palantir Alex Karp; Peter Thiel; Eric Schmidt (ex Google); Demis Hassabis (DeepMind); y hasta el rey Guillermo Alejandro y la reina Máxima de los Países Bajos.
Los invitados españoles: menos que en años anteriores, pero con peso pesado
La representación española este año es más reducida que en la edición de 2024 en Madrid (donde fueron más de diez), pero sigue siendo significativa. Según la lista filtrada, los españoles confirmados son:
- Nadia Calviño: Presidente del Banco Europeo de Inversiones (BEI) y una de las figuras más influyentes en la política económica europea. Asidua a Bilderberg, representa el vínculo directo entre España y las altas esferas financieras de Bruselas.
- José Luis Escrivá: Exministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, y actual Gobernador del Banco de España.
- Alberto Nadal: Economista y exsecretario de Estado, con experiencia en energía y política económica.
- Pilar Gil: Otra voz española en el foro, vinculada a entornos financieros y de influencia.
Ana Botín (Banco Santander) y otros habituales como Pablo Hernández de Cos o Pablo Isla no aparecen esta vez en la lista preliminar, lo que reduce la presencia española a un núcleo más compacto pero estratégico.
¿De qué se hablará realmente tras las puertas cerradas?
Oficialmente, nunca lo sabremos. Bilderberg no publica agenda detallada ni conclusiones. En años anteriores se han filtrado temas como “Inteligencia Artificial y seguridad nacional”, “Geopolítica energética”, “Ucrania”, “Migración” o “Relaciones transatlánticas”. Este 2026, con un mundo en plena ebullición —tensiones con China, guerras en curso, avance imparable de la IA, inflación persistente, migración masiva y el auge de los populismos—, uno no puede evitar preguntarse: ¿qué están cocinando?
¿Estarán ultimando estrategias para acelerar el control digital global? ¿Hablarán de implantar identidades digitales obligatorias, de limitar aún más la libertad de expresión en internet o de cómo manejar la “desinformación” (es decir, las opiniones que no les convienen)? ¿Diseñarán nuevos mecanismos para centralizar el poder económico y político en manos de unas pocas instituciones supranacionales, lejos del escrutinio democrático?
La pregunta incómoda que flota en el aire es siempre la misma: ¿qué traman contra todos nosotros? Porque mientras la gente corriente lidia con el precio de la vivienda, los salarios estancados, la censura en redes o el miedo al próximo conflicto, esta élite —que no rinde cuentas ante ningún elector— decide en privado qué futuro nos conviene. No es paranoia: es el propio formato del evento el que invita a la sospecha. Se reúnen en secreto, sin transparencia, y luego regresan a sus puestos de poder como si nada.
Algunos defensores argumentan que se trata solo de “networking” inofensivo entre personas influyentes. Otros ven en Bilderberg un nodo clave del “deep state” transatlántico, un lugar donde se alinean agendas que luego se materializan en políticas que afectan a miles de millones de personas.
Sea como fuere, mientras el resto del mundo sigue su vida, en un hotel de Washington D.C. esta semana se está decidiendo parte del guion de los próximos años. Y los españoles que asisten —Calviño, Escrivá, Nadal y Gil— estarán allí, escuchando y, probablemente, influyendo. ¿En beneficio de quién? Esa es la pregunta que, como siempre con Bilderberg, quedará sin respuesta oficial.

