El 16 de marzo de 2026, en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, delante del embajador de México y mientras paseaba por una exposición sobre “la mujer indígena”, el rey Felipe VI soltó la frase que quedará grabada como la mayor traición verbal de un Borbón a la historia de España: “hubo mucho abuso” en la conquista de América. Y añadió que, con “nuestros valores de hoy”, esos hechos “no pueden hacernos sentir orgullosos”.
Se acabó. El rey de España, el jefe del Estado, el símbolo de la unidad y permanencia de la nación, se ha arrodillado ante la Leyenda Negra, ante el indigenismo chavista y ante el gobierno de México que lleva años exigiendo disculpas como si España fuera una criminal en serie.
Ha hecho lo que ni siquiera Juan Carlos I se atrevió a hacer: reconocer “abuso” sistemático donde otros ven civilización. Vamos a hablar claro, sin paños calientes ni corrección política barata.
Primero: ¿abuso? La palabra que usó el rey es la misma que usan los activistas que queman estatuas de Colón, los que llaman “genocidio” a la mayor obra civilizadora de la historia y los que quieren que España pague “reparaciones” eternas. ¿Abuso? ¿Y qué hicieron los aztecas con los pueblos sometidos? ¿Y los incas? Sacrificios humanos masivos, canibalismo ritual, esclavitud brutal y guerras constantes.
España llegó y puso fin a eso. Trajo la cruz, la ley, la escritura, la rueda, el caballo, el hierro, el cristianismo, las universidades (la de Santo Domingo en 1538, antes de Harvard), los hospitales, los tribunales que defendían a los indios (Leyes de Indias de 1542, las primeras leyes humanitarias de la humanidad) y un mestizaje que hoy es orgullo de medio continente.
¿Hubo violencias? Claro. Era el siglo XVI. Todas las conquistas del mundo fueron violentas: romanos, mongoles, turcos, ingleses en India, franceses en Argelia, americanos en el Oeste. Pero solo España es señalada, juzgada y condenada con criterios del siglo XXI. ¿Dónde está el rey Felipe reconociendo el “mucho abuso” británico en Irlanda o en Bengala? ¿O el francés en Haití? ¿O el estadounidense con los nativos? En ninguna parte. Porque la Leyenda Negra sajona y masonica, es un arma política contra España y el Catolicismo, no es historia.
Segundo: Felipe VI no es historiador, es rey. Su función no es “contextualizar” ni “aplicar valores actuales”. Su función es defender la dignidad histórica de España, no regalar argumentos a quienes quieren derribar la Hispanidad.
Mientras AMLO y sus herederos siguen pidiendo disculpas y amenazando con romper relaciones, el rey español les da la razón. Es patético. Es sumisión. Es el colmo de la debilidad monárquica.
Tercero: este hombre representa a la Corona que descubrió, evangelizó y unió dos mundos. La misma Corona que fundó naciones enteras, que dio nombre a países, ciudades, ríos y montañas desde California hasta Tierra del Fuego. Y ahora, en vez de enorgullecerse, se disculpa veladamente. ¿Qué dirían Isabel la Católica, Fernando, Carlos V, Felipe II? ¿Qué diría Cervantes, Lope de Vega, Velázquez o el propio Hernán Cortés? Se revolverían en sus tumbas al ver a un Borbón usando el lenguaje de los enemigos de España.
Cuarto: El momento en que lo ha hecho no es casual. Justo antes de la Conferencia de las Américas, para allanar el terreno al sátrapa Sánchez y al Grupo de Puebla. Lo hace justo cuando México sigue en su campaña anti-española, justo cuando la izquierda global celebra el “día de la resistencia indígena” y quiere borrar el 12 de octubre, el rey elige arrodillarse. No es torpeza. Es cobardía política disfrazada de “altura de miras”.
Es la misma cobardía que lleva años callando ante los ataques a la unidad de España, ante los independentistas catalanes y ante la inmigración masiva que está cambiando el rostro de la nación.
Felipe de Borbón ha llegado al colmo de la paciencia de los españoles. Ha convertido la Corona en un instrumento de la corrección política global y del Sanchismo. Ha manchado el legado de 500 años de historia española con una frase cobarde de ocho palabras: “hubo mucho abuso”.
Señor rey: si tanto le avergüenza ser español y ser heredero de aquella gesta, haga un favor a la nación. Abdique. Déjelo a alguien que aún sienta orgullo por lo que somos. Porque los españoles que aún amamos nuestra historia no necesitamos un monarca que nos pida perdón por haber civilizado medio mundo. Necesitamos un rey. No un arrepentido.
Su indigno comentario ante un embajador mejicano, representante de un estado masónico presidido por una lituana judía con mandil, acerca de que España abuso en América, le retrata como un rastrero servidor del discurso de los enemigos de la patria. Nunca un rey de España traicionó de tal manera a los héroes que dieron un Imperio fraguado con una cruz y con una espada, a la Monarquía Hispánica. Ya es una felonía que un funcionario hable mal de España, pero si ese servidor público cobra sueldo de rey, el acto es simplemente despreciable.
Vd. no es quién para insultar a España. España no abuso de América. América era España, era parte de su Monarquía. No era una colonia eran virreinatos y los indios eran tan españoles como uno de Cuenca.
Lo que sí es cierto, es que tenemos que pedir perdón a América por habernos ido.
Desde que nos marchamos de nuestro continente americano, todo han sido desgracias para los indígenas, que perdieron su condición de súbditos de España. Los criollos de los que desciende el embajador de Méjico, y todos los masones que gobiernan es república, tras irse España de esas tierras, robaron las tierras a los indios, los convirtieron en esclavos y perdieron la protección y los fueros que les había dado la Corona de España.
Gracias a los conquistadores y evangelizadores del Imperio, en el cielo se habla español. Vd. puede que nunca llegue a comprobarlo en la eternidad, por sus pecados en la tierra, pero Dios se hizo español y es español gracias a la conquista del Mundo por España, para la Fe Católica. Todo se logró gracias a sus antepasados egregios, a los que Vd. no llega ni a la suela del zapato, empezando por la santa Reina Isabel.
El Cesar Carlos I lo dijo «Hablo español a Dios, italiano a las mujeres, francés a hombres y alemán a mi caballo»
En el saqueo de Roma de 1527, Italia vio en el desafío español un sacrilegio sin castigo divino que tenía una única explicación: « Dios s’era fatto Spagnolo » (Dios estaba de parte de los españoles).
Tras la batalla y victoria de Enpel en 1585, algunas crónicas recogen que, el almirante Holak exclamó: «Tal parece que Dios es español al obrar tan grande milagro». Según otras, muchos de los holandeses que se vieron acribillados dijeron en español: «…que no era posible sino que Dios era español…
El gran Hernán Cortes no conquisto Méjico con sólo 125 hombres tras quemar sus naves en Veracruz para no retroceder. El conquistador contó con miles de indígenas que querían que los aztecas dejaran de comerse a sus hijos y terminaran las masacres de sus hijas que sacrificaban en pirámides sangrientas. Cortes evitó que la dictadura azteca siguiera exterminando a los pueblos que dominaba, y para todos los indios, España fue una liberación de cuerpos y almas. Los tlaxcaltecas, enormes guerreros, fueron los aliados más importantes, aportando miles de guerreros para las batallas decisivas contra los mexicas. Los totonacas, situados en la costa del Golfo de Méjico, fueron de los primeros en establecer contacto con Cortés y revelaron la fragilidad del control azteca debido a su política de terror y sacrificios. Los Cempoaleses, los Quiahuiztlan, los cholultecas, con miles de guerreros se unieron a la causa de Cortes contra el dominio de Moctezuma.
No olvidemos a la Malinche (Malintzin), la mujer indígena que funcionó como intérprete y estratega política crucial para Cortés y que fue la amalgame de dos pueblos que lucharon contra la tiranía de Moctezuma y de los aztecas.
No abusamos de América, le dimos universidades, hospitales, catedrales, ciudades, un idioma común, el derecho, la civilización más avanzada de la época y abolimos la esclavitud. No abusamos Sr. Borbón, más bien liberamos y convertimos a los indios en súbditos de la Corona.
En Perú ocurrió lo mismo. No conquistamos solos el Imperio Inca, liberamos a los pueblos de la tiranía del Inca Hijo del Sol. Pizarro estableció alianzas con los otros pueblos indígenas. Pizarro no conquistó el imperio solo con sus 180 hombres. Contó con el apoyo crucial de miles de guerreros de pueblos sometidos por los incas, como los huancas, cañaris, chachapoyas y chankas. Estos pueblos veían a los españoles como una oportunidad para liberarse del dominio cusqueño.
A la llegada de los españoles a Perú, el Imperio Inca (Tahuantinsuyo) estaba profundamente dividido por una guerra civil entre Huáscar y Atahualpa tras la muerte del inca Huayna Capac. Esta inestabilidad traía el crimen y la desolación a los pueblos indígenas. España suprimió la dictadura inca, la cual era una monarquía absoluta, centralizada y teocrática que imponía a los otros pueblos la esclavitud y el trabajo obligatorio (mita) y controlaba estrictamente a las poblaciones sometidas, con una crueldad fuera de lo común. España les liberó y de dio el orgullo de ser súbditos de la Corona de España, del Imperio Católico que les liberaba de la esclavitud y les abría las puertas del cielo con el bautismo.
Si España no hubiera existido, habría que haberla inventado para liberar a los pueblos de América.
Sr. Borbón, Vd. representa a España y a sus antepasados. No manche sus tumbas y la historia de España, con una felonía sin parangón.
Parafraseando a su augusto padre, le he de decir: ¿Por qué no te callas?

