domingo, febrero 22, 2026
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ALTRI: El teatro perfecto del régimen verde

Por Alex Díaz

Cuando el sistema protesta contra sí mismo (y gana)

El sistema nunca deja nada al azar. Siempre tiene una válvula de escape para que la presión social no haga saltar la tapa. Cuando la indignación sube, se abre el telón.

El año pasado ardieron los montes gallegos. Nos dijeron que era el “cambio climático”. Un cambio climático muy selectivo, por cierto: incendios estratégicamente situados en zonas donde ahora se tramitan concesiones para minería a cielo abierto, tierras raras y proyectos vinculados a la sagrada “transición verde”. Casualidades de esas que solo creen los telecreyentes que rezan todos los días delante del telediario.

Mientras tanto, los montes se llenan de aerogeneradores gigantescos que industrializan el paisaje, se talan árboles centenarios para plantar placas solares chinas y se redefine el territorio rural como un simple soporte energético. Pero tranquilos: el planeta se salva. Eso sí, con minerales extraídos a cielo abierto y con una factura social que nadie explica.

Y entonces aparece ALTRI.

La supuesta macroplanta de celulosa que iba a instalarse en Palas de Rei, cerca de espacios protegidos de la Red Natura 2000. El enemigo perfecto. El villano ideal. Una multinacional extranjera, contaminación, monocultivo de eucaliptos y miedo ambiental. El guion estaba servido.

Y, milagro: el pueblo vence.

El BNG lidera la oposición. Greenpeace ondea su bandera. Se contrata a un actor que se hacía llamar “petróleo”, para que enarbole la bandera de la mentira verde, también llamada Greenpeace.  Se organizan actos, comunicados, gestos simbólicos y declaraciones épicas. La narrativa es impecable: David contra Goliat, Galicia defendida, conciencia ecológica triunfante.

Pero algunos detalles chirrían.

¿De verdad alguien cree que una inversión de ese calibre se mueve sin que todo esté hablado, pactado y medido? ¿De verdad alguien piensa que el sistema pierde batallas estratégicas por improvisación?

Lo que algunos ven no es una victoria popular, sino una operación de marketing político de manual. Un teatro cuidadosamente escenificado para canalizar el descontento hacia un enemigo controlado, mientras las verdaderas transformaciones estructurales —minería, reordenación energética, concentración empresarial— avanzan sin ruido.

Greenpeace recupera protagonismo. El BNG se da un baño de masas en la Plaza del Obradoiro, recupera votos. El PP y el PSOE mantienen su ambigüedad calculada. Todos salen reforzados. Nadie cuestiona el modelo de fondo.

La función ha sido redonda.

Se incendian montes, se autorizan explotaciones, se asfixia al sector primario con normativas imposibles, se encarece la energía, se arrincona a la pequeña empresa… pero el foco mediático se concentra en la gran “victoria”. Acción, reacción, solución. El sistema se legitima a sí mismo.

En estos días estamos viendo dos funciones de teatro exclusivas para las ovejas que rinden pleitesía a los pastores rojos, azules y verdes.

Una de las funciones ha sido la de Mariano Barbacid, que dice haber encontrado una cura para el cáncer de páncreas. Es uno de esos “expertos” que lleva prometiendo curar el cáncer desde hace más de 30 años y aún no ha demostrado curar a nadie. Según este experto, solo los fármacos de la “farMafia” curan el cáncer; de la ivermectina o el dióxido de cloro, ni hablar: fórmulas magistrales muy baratas y sin patente.

La feligresía telecreyente, sin embargo, y los tontos útiles de la farándula le han conseguido más de 30 millones de euros para seguir “investigando”.

Con lo de ALTRI ha pasado algo parecido: desviar la atención de este régimen criminal.

La moraleja es tan vieja como eficaz: cuando el poder diseña el conflicto, también controla la victoria.

Y la “ciudadanía” borrega, aplaude como focas convencidas de haber ganado.

Nunca veréis a Greenpeace denunciar la geoingeniería, la destrucción de los bosques con los parques de aerogeneradores, o la destrucción del campo español para instalar placas solares chinas, por una sencilla razón son parte de la Agenda 2030.

El teatro continúa. Y el telón no cae nunca.

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