Por Alfonso de la Vega
Coincidiendo con la preparación del Carnaval el mismísimo Marco Rubio se ha aparecido en cuerpo mortal a los pastorcillos guardianes de las sufridas ovejitas europeas para explicarles con divinas palabras, que sin embargo desacreditan sus actos, las buenas nuevas de la administración Trump. Un discurso conciliador, diplomático a la vieja usanza, que intenta mover sentimientos y los recuerdos de un pasado mejor más o menos compartido, una especie de rectificación que contrasta con las recientes amenazas y bravuconadas matoniles de su jefe. En otro comentario anterior reproducía algunos de sus mensajes que más nos afectan. Rubio como un apuesto Orfeo enviado por un tronante Júpiter para amansar a los animalitos revoltosos con su armoniosa lira y hacerlos danzar a su antojo. Un coro que hoy aplaude servilmente lo mismo que ayer ferozmente criticaba.

El falsario se permitió ofrecer la nota disidente, y si olvidamos la catadura moral del personaje y centrándonos en los argumentos, no le faltaba cierta razón en algunos de sus comentarios. Bien es verdad que desde la criminal agresión de 1898 España poco o nada bueno le tiene que agradecer a EEUU. Al revés, atentados estratégicos sospechosos, la creación ex nihilo del PSOE, el apoyo a nuestros enemigos seculares, la subordinación a los intereses imperiales adornan unas relaciones desleales claramente asimétricas. Y aún hay más: si Europa le debe algo a EEUU por su intervención en la segunda guerra mundial cuyos grandes financieros provocaron y luego con el Plan Marshall, no es el caso de España que sufrió el acoso de los gringos en un intento de rendirla por hambre, salvado en momentos críticos por la ayuda solidaria de Perón. España salió de su crisis por sus propios esfuerzos y a pesar de la enemiga de EEUU, hasta finales de los cincuenta.
Marco Rubio vino de mensajero a combatir la rebelión WOKE de las huestes en las que medra el soberbio y levantisco Gran Timonel de las saunas. Quizás escocido por no haber sido invitado al sarao organizado por la Meloni el doctor falsario se luce haciendo de rebelde. Pero si no es tonto o se encuentra atontado por tanta lisonja mercenaria pagada a precio de oro debe comprender que solo es un simple sparring que con pegasus o sin pegasus pudiera durar lo que Trump quisiese. En la jerarquía agendista maligna global no estaría demasiado avanzado aunque sigue campando a sus anchas en el complaciente y degenerado reino borbónico para hacer prácticas de destrucción masiva.
El falsario pidió “humildemente” a los Estados con capacidad nuclear que “pongan freno al rearme, se sienten a negociar y firmen un nuevo acuerdo Start”, que era el tratado que limitaba los arsenales estratégicos y acaba de dejar de estar vigente. Pero reconoció que el contexto internacional exige reforzar las capacidades de defensa europeas. Aseguró muy puesto en razón que Rusia y el liderazgo de Vladímir Putin representan “una amenaza real” en un escenario global incierto. De modo que Europa debe aumentar su capacidad disuasoria de forma coordinada y controlada, y propuso avanzar hacia la creación de un auténtico ejército europeo “no en diez años, sino ahora”. España participaría con los recursos necesarios y “mantendría su compromiso con el orden multilateral y la seguridad de Europa del Este”.
De lo que se deduce que la antigua UE se transformaría en otro tinglado militar, una OTAN bis, sobre cualquier otra naturaleza. Otra muestra de la impostura y de la incoherencia pacifista del yerno de Sabiniano. Con estos planteamientos el falsario defendería lo mismo que su jefa la siniestra Von der Leyen en lo que parece pudiera ser su estrategia para provocar la guerra contra Rusia en toda Europa, incluso sin tener que modificar los tratados existentes. Una estrategia belicista suicida que, previo cambio en política exterior, pasando de la unanimidad a la mayoría cualificada y eliminando el derecho de veto, pudiera hacerse en dos fases sucesivas: la primera la de incorporar Ucrania a la UE. Y luego Activar el artículo 42.7 del Tratado (la cláusula de defensa mutua), que obligaría a todos los Estados miembros, incluida España, a apoyar a un país en guerra. Terrorífico.

Y para terminar de rematar también apareció el espantoso ectoplasma de la senil depravada genocida Hilaria Clinton, como una larva exigiendo más sangre. El sarao concluyó con un rifirrafe entre nuestro soberbio prócer y un visiblemente irritado senador gringo sobre quién ve a quién como amenaza.
Pero la cuestión legítima verdadera y por tanto sustraída al debate de los pueblos es qué España y qué Europa queremos. ¿Una franquicia subalterna de EEUU que apuntale su decadencia o un sujeto independiente de carácter geopolítico? ¿Una Europa bajo la OTAN o una Europa al servicio de los intereses de una nueva OTAN bis, con un ejército europeo rearmado para proseguir una guerra que a EEUU ya no le interesa continuar y convertida en el último tronco al que agarrarse los náufragos de una clase política traidora, corrupta o deleznable? Otra vez la vieja pregunta de los manuales de Economía positiva ¿Cañones o mantequilla?
¡No va más! ¡Adjudicado!

