martes, febrero 17, 2026
InicioOpiniónColaboradoresPedro Sánchez y su banda recurrirán a lo que sea para no...

Pedro Sánchez y su banda recurrirán a lo que sea para no dejar el poder: mentiras, injurias, calumnias y otras malas artes

Le han cogido gusto al sillón, al Falcon, al buen jamón y al caviar; al champán y a las prostitutas; a las mansiones y a los resorts de lujo; a la prevaricación y al cohecho; a la estafa, al robo a manos llenas sin consecuencias, a la mentira, a la calumnia y al perjurio, a juzgar a los jueces y a burlar la justicia; y podríamos seguir enumerando placeres y delitos de esta tropa deshumanizada que parasita nuestras vidas desde hace siete largos años. Se han habituado tanto a la inmunidad y a la impunidad que no van a resignarse a abandonar sus estatus de privilegio, y mucho menos, a pasar en la cárcel varios años. Harán lo que sea para seguir en el machito. Y al decir “lo que sea” nos referimos a lo peor que podamos imaginar. Sí, a lo peor. ¡Solo pensarlo da escalofríos!

Su escasa o nula moral, su entrenamiento de años y el endurecimiento paulatino de sus corazones los conduce a subir el listón del delito y se harán cada vez más peligrosos. Pensemos que los atracadores de bancos y los miembros de las mafias, por ejemplo, han empezado con ilícitos menudos que fueron subiendo de escala hasta llegar al asesinato. Todo empieza por un mal pensamiento y una duda; después viene la acción, y una vez traspasada la barrera de la legalidad o lo moralmente permitido es difícil el retorno. Así funcionan las fases de la delincuencia y la depravación.

La corrupción política a gran escala es una suerte de juego macabro que crea adicción y hace perder la perspectiva de las cosas, incluso del peligro. Es como una pendiente resbaladiza, a la vez que una consecuencia del endiosamiento paulatino. La banda gobernante ha obtenido la maestría en delinquir y los delitos son tan escandalosos y a las claras, que es difícil imaginar algo así hace tan solo unos años. Para la mafia de la Moncloa España es “un gran casino”, en el que no gana la banca, sino los jugadores que, aparte de tahúres profesionales, tienen comprados a los crupieres.

Y esto irá in crescendo. De aquí a las elecciones generales, que el tiranuelo de la Moncloa intentará posponer todo lo posible y más, seguirán apareciendo nuevos escándalos patrios; más todo lo pendiente con la trama chavista-madurista y otras amistades peligrosas, entre ellas, Marruecos y China, países que guardan secretos inconfesables.

Con respecto al futuro de Sánchez, acabo de leer en La Vanguardia un análisis de Iván Redondo, titulado “Sánchez puede volver a ganar las generales”, donde establece una comparación con lo ocurrido en Portugal con el líder socialista Antonio José Seguro, que desde la distancia del tercer puesto pasó a ganar las elecciones. Es cierto que, como apunta el autor del artículo, un año es mucho tiempo; pero en el caso de Sánchez y su racimo de colaboradores imputados, incluida su mujer adicta al desacato, Begoña Gómez, cuanto más tiempo, más corrupción, más alfombras levantadas y quizá más cárcel.

España está en un serio peligro. No sé hasta qué punto la derecha sabe con quién se juega los cuartos. Creo que no, al menos no en su profundidad. Entendemos que nuestra nación está viviendo una situación anómala y ajena a cualquier parámetro anterior. No es fácil digerir que no tenemos enfrente a un gobierno al uso, sino a una mafia política que usurpó el poder con malas artes, con la pretensión de perpetuarse en él a costa de lo que sea. Nos referimos al extremo al que pueden llegar. El fin justificará cualquier medio. Por tanto, habrá que estar muy atentos y vigilantes para evitar sorpresas, sobre todo, en los días previos a las elecciones generales.

Serán capaces de lo que sea. Si los votos no les dan y las elecciones van a estar vigiladas con lupa para evitar el fraude, van a recurrir a la conmoción social, es decir, al colapso emocional colectivo a través del dolor y la indignación. Casi siempre resulta, y los socialistas siempre han sabido rentabilizar estas situaciones extremas.

Como la derecha no espabile y se centre en lo realmente importante, no van a llegar nunca a la Moncloa; y si llegan, no será un camino de rosas, pues, aparte de encontrarse un país arruinado, deberán ser valientes a la hora de aplicar mano dura para controlar a las multitudes, si no quieren que los echen en dos días. Deberían llevar preparado un decreto urgente que coadyuve a controlar las calles antes de cambiar a todos los servidores de Marlaska y compañía. ¿Saben lo que les espera? Todo el clan está preparado para la gresca callejera: los socialistas de siempre, los podemitas, los “sumaritas”, los golpistas, los etarras y simpatizantes de Hamás y otras bandas, los sindicatos (silentes hasta ese momento), más todas las ratas que saldrán de sus rincones cuando oigan tocar la flauta. Creo que aún no saben que estos enemigos de España son la encarnación del Mal y que no pararán hasta que nos destruyan a todos. ¿Aún no se han dado cuenta de que estamos librando una batalla espiritual? ¡Pues ya va siendo hora!

Si la izquierda pierde las elecciones, estarán heridos y recurrirán a cualquier artimaña. No sería la primera vez que los socialistas rentabilizan el luto. Recordemos el 11-M y la actuación de la izquierda ante un país en shock; y hagamos memoria también sobre las elecciones generales de 2008 y sus extrañas circunstancias. Dos días antes, la ETA asesinó al socialista Isaías Carrasco. El día de reflexión, los del puño y la rosa montaron un esperpento en plena capilla ardiente. Mariano Rajoy fue abucheado e insultado por la hija del fallecido, de nombre Sandra, mientras Patxi López lo expulsaba impidiéndole acercarse a la familia para darle el pésame. Fue un acto político en toda regla con desmedida publicidad en las cadenas de televisión. Resultado: Zapatero ganó las elecciones. La inmolación había dado sus frutos. No se dijo abiertamente, pero sí fue muy comentado.

Acabo de ver una foto de Sánchez y Zapatero en actitud de abrazo con consigna y se me han puesto los pelos de punta. De verdad. Conociendo a los personajes y su especialidad en fechorías, y viendo la situación sociopolítica, pensé: “estos no se van; harán lo que sea, pero no se van”. Pensé en la mentira y la calumnia. Es esperable que construyan dosieres con información falsa sobre Abascal o Feijóo, y otras patrañas en esta dirección. Y también me vino a la mente, y con más fuerza, la idea de un hecho luctuoso.

Tal y como está la sociedad, arruinada, desesperanzada y saturada de ruido mental, no solo es cuestión de bellos discursos bien estructurados, con miles de propuestas. Claro que hay que presentar planes de gobierno, soluciones y promesas esperanzadoras. Pero no se trata de un concurso, sino de ser eficaces. Tienen que aprender de estos trileros y tratarlos como tales, con sus mismas armas; mucha seguridad y contundencia, frases cortas, sin subordinadas, fáciles de aprender, con firmeza, repetidas mil veces hasta que se conviertan en eslóganes. Promesas esperanzadoras de cambio y prosperidad que resuciten la autoestima social y frases que retraten la trayectoria de los adversarios, dirigidas al sistema emocional del ciudadano. Son tan malos, tan corruptos y tan cretinos que hay material para aburrir. Hay que dejarse de finuras y darles la estocada que se merecen. 

Magdalena del Amo
Periodista, psicóloga, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.
Artículo relacionados

Entradas recientes