Por Alfonso de la Vega
Lo de tratar de establecer algún tipo de funcionamiento oculto para explicar los acontecimientos históricos no es nada nuevo. Lo que suele dar pie a especulaciones elementales, sumarias o incluso disparatadas. Los mayas ya tenían sus calendarios, también varios milenios antes, sumerios y egipcios. Materialista, un rijoso estuprador y hechicero negro más reciente, el sionista Carlos Marx, afirmaba que “la violencia era la partera de la Historia.” Pero nunca hay que menospreciar el factor meramente humano.
Oswald Spengler en la introducción a su obra magna La Decadencia de Occidente. Bosquejo de una morfología de la Historia universal explicaba que: “En este libro se acomete por primera vez el intento de predecir la historia… ¿Hay una lógica de la historia? ¿Hay más allá de los hechos singulares que son contingentes e imprevisibles, una estructura de la humanidad histórica, por decirlo así, metafísica, que sea en lo esencial independiente de las manifestaciones tan patentes y de todos conocidas? ¿Una estructura que es, en rigor, la generadora de esa otra menos profunda? ¿No ocurre que los grandes momentos de la historia universal se presentan siempre ante la pupila inteligente con una configuración que permite deducir ciertas conclusiones? ¿Y si esto es así cuáles son los límites de tales deducciones?…La historia humana no es sino el conjunto de enormes ciclos vitales.”

¿Estamos hoy en Occidente y especialmente en España al final de uno de sus ciclos vitales y en el comienzo de otro? Ortega, prologuista del libro, anunciaba al lector que: “Spengler cree descubrir la verdadera substancia, el verdadero objeto histórico en la cultura. La cultura, esto es, un cierto modo orgánico de pensar y sentir, sería, según él, el sujeto, el protagonista de todo proceso histórico.”
Pensar lo que se dice pensar no se ve mucho pensamiento entre las fuerzas WOKE de demolición, encaramadas a la cucaña, salvo el que tengan sus amos ocultos y su posible plan para España dentro del NOM. Como decía Antonio Machado, embisten cuando se dignan usar de la cabeza. Sentir es otra cuestión. Las repugnantes zurdas españolas como también las calificaba nuestro poeta, entonces como ahora se caracterizan por su vuelo gallináceo, por ser sentina de bajas pasiones, resentimientos, envidias igualitarias, odios tribales, codicia y corrupción sin límites de ningún tipo. Por “gobernar” con las tripas y para el propio bolsillo. Acaso el mayor fracaso del Régimen del 78 sea haber abandonado la prioridad del anterior por la educación y no haber formado al pueblo español evitando su actual ceguera espiritual e intelectual, presa fácil hoy del criminal neo marxismo cultural. Sin un pueblo evolucionado y esclarecido no puede funcionar una verdadera democracia que evite convertirse en la antesala de la tiranía.
En las elecciones de febrero del 36 hubo pucherazo. La base social de la Izquierda española era diferente. Se formaba en gran parte por obreros del campo y de la industria. Es decir, por el proletariado clásico al que fundamentalmente se dirigía el viejo marxismo. Hoy con una importante clase media gracias al régimen anterior, aunque ahora muy amenazada, las cosas son sociológica y productivamente distintas. La base de la Izquierda actual está formada por una fauna variopinta de gentes a las que no les importa demasiado la mejora de las condiciones y relaciones de producción, muchos no han pegado un palo al agua en su vida. Por supuesto, lo de la suerte de la Nación o cualquier idea de dignidad u honor o lo desconocen o les da igual.
Revisando el ciclo histórico sabemos que una de las primeras decisiones del Frente Popular tras el pucherazo de las elecciones de febrero del 36 fue soltar a los asesinos presidiarios condenados por rebelión, sedición y diversos crímenes. Tras los pactos o contubernios secretos del falsario, los etarras condenados van siendo puestos en libertad por el gobierno nacionalista vasco, histórico e impune cómplice de los mismos. Son liberados golpistas y etarras como lo fueron entonces Companys y sus cómplices. O los condenados por sus crímenes durante el golpe de Estado socialista de Asturias.
Dentro de estas especulaciones basadas en la memoria histórica auténtica es de temer que volverán violencias, desastres económicos, y ocupaciones de fincas, ahora más urbanas que rústicas hasta la entronización de la violencia para mantener conflictos sociales provocados y la devastación total de la convivencia y de la economía.

Pero no se puede obviar la influencia del factor humano en la Historia. Niceto Alcalá Zamora, alias El Botas fue el primer presidente de la Segunda República española hasta que fue depuesto por una maniobra torticera de las mismas repugnantes zurdas que él tanto había protegido. Pero su figura es clave para comprender la propia evolución histórica republicana. Procedente de la política de la Monarquía en la que había ocupado cargos ministeriales, don Niceto quiso lavar este pecado original saboteando la consolidación de una República nacional española y no el vivero de rojos, golpistas y delincuentes varios en la que se convertiría. Así lo demuestra su comportamiento en momentos claves del devenir republicano, durante la victoria electoral de la derecha, los golpes sangrientos de catalanistas y socialistas o los manejos con Portela Valladares para sabotear a la derecha y proteger al Frente Popular. Quienes tras el pucherazo de febrero del 36 le agradecerían los servicios prestados poniéndole de botas en la calle para colocar a un muy pavón Azaña con chistera. Paradójicamente Queipo de Llano, el general republicano que tuvo una actuación decisiva en la consolidación del alzamiento, se unió a Franco en parte como represalia contra el Frente Popular por su traición al deponer a Niceto. Su consuegro.
En la política actual son muchos los aspirantes a perpetrar miopes «nicetadas». En feliz himeneo con el socialismo, don Felipe parece querer imitar a don Niceto, enajenándose el respeto y apoyos de la parte mejor, más competente y patriótica de la sociedad. Un objeto importante de estudio sería averiguar las razones no explicadas de la abdicación del Emérito. Si esa sustitución en la Jefatura del Estado, como la de don Niceto entonces, vendría a preparar el terreno para acelerar la labor de descomposición nacional y empobrecimiento o neutralización de la clase media. Un proceso que tiene la inestimable colaboración del partido turnista del PP. Y el mecenazgo de los codiciosos monopolistas actuales con sus tentáculos en la degradada TV, prensa y radio del movimiento. La oligarquía púdicamente cubierta bajo el manto constitucional. Nuestras FFAA andan perdidas por ahí bajo mando extranjero. Incluso la Iglesia pos bergogliana es colaboracionista. De modo que lo que no es rojerío color puro o algo descolorido para disimular, calificado de «fascismo» o «extrema derecha» y ya no es bien visto intramuros del Régimen.
La inquietante pregunta que se hace la parte más consciente de la sociedad española es: Si esto sigue así, que parece que va a seguir, ¿Se repetirá también otro julio del 36? No parece probable dado que apenas existe resistencia social ni menos institucional al avance revolucionario. No existen dos bandos con recursos comparables. Hoy es el Poder contra el pueblo. Alguacil, alguacilado: las hordas rojas que tanto había favorecido desde el Poder saquearon el domicilio de don Niceto robando sus pertenencias. Nuestro heroico prócer al que le pilló el cristo revolucionario en el extranjero salió por botas, huyendo del terrible incendio que había contribuido a crear. Y aquí quedó el desastre. El mañana no está escrito, pero, ¿Es nuestro?

