En las últimas horas, el panorama empresarial español ha sido sacudido por revelaciones sobre el ambiente de tensión y vigilancia extrema que se vive en Indra, la multinacional tecnológica estratégica para la defensa nacional. Un post en X (anteriormente Twitter) del perfil @EnemigoAnonimo_ ha puesto el foco en esta «paranoia política» que sacude a la compañía. El tuit, publicado hoy 16 de febrero, resume tres medidas drásticas: directivos que cambian sus móviles por modelos Nokia sin conexión a datos por miedo a ser espiados, el blindaje de una planta de seguridad en la sede y la prohibición de llevar dispositivos a reuniones con el presidente. Todo ello enlaza directamente con un artículo exclusivo de El Confidencial que detalla un escenario digno de thriller de espionaje.
🔴 Ojo a la paranoia que se está viviendo en Indra:
– Hay directivos cambiando de móvil por miedo a ser escuchados
– Se ha blindado una planta de seguridad en el edificio
– Quienes se reúnen con el presidente deben ir sin móvil https://t.co/jVXhmzFd9j pic.twitter.com/vhksGe7Tsz— El Enemigo Anónimo (@EnemigoAnonimo_) February 16, 2026
Indra: El gigante de la defensa bajo el microscopio
Indra no es una empresa cualquiera. Especializada en contratos del Ministerio de Defensa y en la vigilancia de las comunicaciones del Estado, ha integrado históricamente a militares de alto rango y agentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) para proteger información sensible. Sus gestores han convivido con esta realidad como algo natural, contando incluso con asesores de lujo como expresidentes del Gobierno (Felipe González, José María Aznar), el exsecretario general de la OTAN Javier Solana o el propio rey emérito Juan Carlos I en tiempos de Javier Monzón.
Hoy, con un valor de mercado de unos 10.000 millones de euros, Indra fabrica misiles, carros de combate y satélites, y juega un rol clave en la defensa europea. Pero el tsunami geopolítico —impulsado por el regreso de Donald Trump y el aumento del gasto en armamento— ha convertido a la compañía en un campo de batalla política. La SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales) controla el 28% de su capital, lo que la hace vulnerable a las injerencias de Moncloa.
El ascenso de Ángel Escribano y el origen de la paranoia
Todo cambió hace trece meses, en enero de 2025, cuando Ángel Escribano fue nombrado presidente ejecutivo de Indra. Su ascenso contó con el «beneplácito» de Manuel de la Rocha, el hombre fuerte de la oficina económica de Moncloa y mano derecha de Pedro Sánchez en el mundo empresarial. Escribano, propietario junto a su hermano Javier de Escribano Mechanical & Engineering (EM&E) —una empresa familiar de defensa que ha crecido a pasos agigantados—, llegó con la promesa de una fusión que parecía bendecida por el Gobierno socialista.
Sin embargo, la realidad ha mutado. Según El Confidencial, Escribano ha implantado un sistema de seguridad «similar al del Pentágono». En la planta 3 de la sede, se ha creado el Módulo Azul, un espacio blindado al que solo accede un puñado de directivos con códigos personales. El resto debe llamar por un telefonillo con cámara. En las reuniones con el presidente, hay que depositar todos los dispositivos —móviles, tablets, ordenadores, smartwatches— en un mueble con celdas, idéntico al de los edificios del CNI en la Cuesta de las Perdices, a las afueras de Madrid.
Directivos han optado por cambiar sus teléfonos por Nokia sin datos, temiendo escuchas. «Es una paranoia poco habitual en una sociedad cotizada», describe el artículo.
El departamento de inteligencia y el ‘war room’ antienemigos
Escribano no se ha conformado con medidas físicas. Ha potenciado un departamento de inteligencia coordinado por Francisco Rosaleny Pardo de Santayana, un exdirectivo de EM&E, instalado en oficinas externas cerca del Santiago Bernabéu para supervisar «asuntos preocupantes».
Más llamativo aún: se creó un war room o comité de crisis liderado por Aleix Sanmartín, un exasesor del PSOE reconvertido en gurú electoral del PP. Su mandato, según fuentes del artículo: «comprar voluntades o bloquear enemigos». De ahí surgió un dosier sin membrete contra SAPA Placencia (propiedad de los hermanos Aperribay, con el 8% de Indra), oponiéndose a la compra de EM&E. El informe, con más de una docena de documentos sobre las sociedades y familia de los Aperribay, fue negado por Escribano.
En paralelo, se despidió a Carmen Pérez, responsable de comunicación fichada menos de un año antes de la Presidencia del Gobierno. La razón: sospechas de ser un «topo» de Moncloa, un «audífono» de De la Rocha.
El conflicto de la fusión con EM&E: Vendedor y comprador en la misma mesa
El núcleo de la crisis es la operación para fusionar Indra con EM&E, valorada en miles de millones gracias a contratos «adjudicados a dedo» por el Gobierno. Escribano estaría en ambos lados: como presidente impulsor de la compra y como accionista mayoritario post-fusión (junto a su familia). El Gobierno socialista, que inicialmente arrastraba los pies en defensa pero ahora invierte por el «tsunami geopolítico», ha dado marcha atrás.
De la Rocha ordenó a Escribano no liderar la fusión. Él se resiste, emitiendo comunicados de «determinación de seguir» y desafiando a Moncloa. «Pagar 2.000 millones por EM&E en estas condiciones de gobernanza puede convertirse en un escándalo», advierten fuentes.
La oposición es transversal: PSOE y PP coinciden en bloquearla. Santa Bárbara Sistemas (filial europea de General Dynamics, estadounidense) ha recurrido adjudicaciones por 7.240 millones de euros a la UTE Indra-EM&E, alegando favoritismo. EE.UU. observa con lupa, ya que perdería negocio.
Reacciones en redes y medios: El escándalo del día
El post de @EnemigoAnonimo_ ha generado eco inmediato. En X, usuarios como @Bambino0710 lo comparten directamente, mientras @rubsampedro (de Vozpópuli) alerta: «El Gobierno llevará al límite la guerra Indra-Santa Bárbara para intentar forzar la salida de Escribano». Otros destacan el reencuentro público entre Escribano y la ministra de Defensa, Margarita Robles, o el rol de SAPA como «palanca vasca» para frenar la operación.
Medios como La Razón, El Correo y El Confidencial Digital amplifican la tensión: «Los Escribano y la SEPI, condenados a entenderse» o «Moncloa te lo da, Moncloa te lo quita: el dilema de Escribano».
¿Qué significa esto para España?
Indra es «caso paradigmático de empresa de interés público». Su deriva hacia la paranoia refleja las grietas en la gobernanza de las grandes cotizadas bajo influencia política. Escribano, que «no entiende nada» de los bandazos de Moncloa, se aferra al cargo para asegurar su control, independientemente de quién ocupe La Moncloa.
En un contexto de rearme europeo y presiones transatlánticas, esta crisis no solo afecta a una empresa: pone en jaque la credibilidad de la defensa española. Mientras, los directivos cambian de móvil y las plantas se blindan. La pregunta es: ¿hasta dónde llegará esta guerra de sombras? El futuro de Indra, y quizás de la política industrial de Sánchez, pende de un hilo.

