miércoles, febrero 11, 2026
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La bomba o la vida

Por Alfonso de la Vega

En estos momentos de gran tensión, agravada por los famosos y comprometedores papeles de Epstein, se han producido negociaciones entre EEUU e Irán en Omán acerca de temas nucleares. Al parecer, los representantes iraníes no habrían aceptado las presiones de la administración Trump y habrían reivindicado «su derecho al enriquecimiento de uranio». Suele pasar desapercibida en muchas ocasiones la relación que tendría la posesión de la bomba atómica con muchos sucesos aparentemente inconexos. Que tiene o que pueda tener porque normalmente los hechos no terminan de estar completamente demostrados.

Veamos a continuación unos ejemplos de este importante aunque espinoso asunto.

El magnicidio de JFK se suele achacar a una conspiración en la que habrían participado según versiones la CIA, el FBI, la mafia, los petroleros tejanos, los grupos anticastristas cubanos de Miami, sectores del pentágono en desacuerdo con abandonar Vietnam. O por supuesto el chivo expiatorio o cabeza de turco oficial según el desacreditado Informe de la Comisión Warren. Es decir, un tal Lee Harvey Oswald quien actuó en solitario. Un mediocre tirador según su hoja de servicios en el Ejército que la mañana fatídica disparó con un rifle de cerrojo y una mira descentrada tres veces al presidente en su coche en movimiento y en pocos segundos, una hazaña que no ha podido repetirse. El fiscal Jim Garrison confesaba sus sentimientos en el libro de memorias sobre el caso titulado On the trail of the assassins:

después de mi investigación acerca del asesinato de Kennedy y mis experiencias posteriores, mi vida y conciencia han cambiado para siempre. Este libro trata en realidad sobre este proceso de cambio, de creciente desilusión, cólera y conocimiento… Un cuarto de siglo después se puede ver que el asesinato y la ocultación perpetrada por el gobierno y los medios de comunicación fueron cuestiones que marcaron una línea divisoria en este país. Significaron la pérdida de inocencia para los norteamericanos de la posguerra; el inicio de la presente etapa de desconfianza en nuestro gobierno y en nuestras instituciones más fundamentales..deseo que este libro ayude a la joven generación a entender mejor las consecuencias políticas, sociales e históricas del asesinato y la subsiguiente ocultación. Aún hoy pagamos sus consecuencias; se ha mantenido una vergonzosa Guerra Fría, un gobierno lleno de engaños y secretos, una prensa dócil, unos omnipresentes cinismo y corrupción. Para cerrar esta etapa en la que las mentiras de nuestro gobierno electo y las operaciones encubiertas de nuestro gobierno secreto amenazaron la verdadera supervivencia de nuestra sociedad, debemos empezar a contemplar la Guerra Fría y nuestra seguridad nacional bajo una nueva luz”.

El asesinato del presidente Kennedy resultaba demoledor para la credibilidad  de las instituciones al comprobar la impotencia de la sociedad civil y de los miembros más honrados del aparato del Estado para desenmascarar las actuaciones criminales y los últimos resortes del poder oculto para lograr su impunidad.

Pero surgió otra versión que ahora incluso merece más atención con la desclasificación de los documentos secretos relativos al caso. Me refiero a la hipótesis israelí. Según Hillel Silverman, rabino de Dallas, Jack Ruby había explicado en privado el asesinato de Oswald: “Lo hice por el pueblo judío”.

En cierto modo, la hipótesis de la autoría israelí del magnicidio tendría relación con Erdogan acerca del arsenal nuclear de Israel. En su libro maldito publicado en 1994 Final Judgment Michael Collins Piper expuso la hipótesis de que el Mossad había desempeñado un papel central en el asesinato del presidente Kennedy en 1963.

Desconocido de la opinión pública en ese momento, el conflicto político de principios de la década de 1960 entre los gobiernos estadounidense e israelí sobre el desarrollo de armas nucleares había representado una prioridad de política exterior de la administración Kennedy, que había hecho de la no proliferación nuclear una de sus iniciativas internacionales centrales. John McCone, elegido por Kennedy como Director de la CIA, había servido previamente en la Comisión de Energía Atómica bajo el presidente Eisenhower, siendo el que filtró el hecho de que Israel estaba construyendo un reactor nuclear para producir plutonio. La presión y las amenazas de ayuda financiera aplicadas en secreto a Israel por la administración Kennedy finalmente se volvieron tan severas que llevaron a la renuncia del primer ministro fundador de Israel, David Ben-Gurion, en junio de 1963.  Tras el asesinato de JFK en noviembre tales esfuerzos revirtieron casi por completo una vez que Kennedy fue reemplazado por Johnson.

El libro de Seymour Hersh de 1991 The Samson Option: Israel`s Nuclear Arsenal and American Foreign Policy también explicaba los esfuerzos de la Administración Kennedy para obligar a Israel a permitir inspecciones internacionales de su reactor nuclear supuestamente no militar en Dimona y, por lo tanto, evitar su uso en la producción de armas nucleares.

Otra importante preocupación para los israelíes pudiera haber sido los esfuerzos de la Administración Kennedy para restringir las actividades de los grupos de presión pro-Israel.  Instalado Robert Kennedy como Fiscal General, este último inició un gran esfuerzo legal para obligar a los grupos pro-Israel a registrarse como agentes extranjeros, lo que hubiera reducido drásticamente su poder e influencia. Como sabemos también Robert sería asesinado más tarde en una turbia operación relacionada con servicios secretos

Los españoles no podemos dejar de recordar el magnicidio de nuestro presidente del gobierno, el almirante Carrero, cuando promovía el desarrollo de la bomba española en un centro de investigación especializado, casualmente justo después de entrevistarse con Kissinger en Madrid. 

Y para terminar este comentario cabe reseñar otra cuestión de máxima actualidad: las presiones de Netanyahu a Trump para eliminar la posibilidad  de que Irán construya bombas atómicas, pretexto de su ataque bélico conjunto de junio pasado. Un asunto que no es novedoso del todo puesto que también habría influido en la caída del sha y el posterior entronización del régimen de los ayatolás que ahora pretenden eliminar. Recordemos concisamente lo que pasó. En enero de 1978 Carter y su mujer devolvieron en Teherán una visita previa del sha a EEUU y mientras el presidente demócrata resaltaba “el respeto, admiración y el amor que le tenía su pueblo”. De modo que ambos líderes llegaron a acuerdos en privado para ayudar al desarrollo de un programa nuclear iraní para usos pacíficos. Casualidad o no, a partir de entonces las cosas tuvieron un giro radical, pocos meses después manifestaciones populares contra el paro y la carestía fueron brutalmente reprimidas por su ejército causando cientos de muertos. En febrero del 79 Jomeini regresaba a Irán desde su exilio. Pero la cuestión de Irán no depende de uno u otro líder ni solo del programa atómico, forma parte sustancial del conflicto de Oriente Medio.

Con carácter teórico la escalada actual puede entenderse por la oposición entre el principio de soberanía e independencia de la República Islámica otra vez defendido en Omán y el principio de hegemonía y de intervenir en otras naciones con que se arrogan Israel y EEUU. Fracasado el primer intento conjunto Israel EEUU de junio, y luego las revueltas provocadas modelo maidan ucraniano,  Trump ha desplegando una flota de intimidación alrededor de la costa iraní. En respuesta Irán habría amenazado con el despliegue de su flotilla especial de la Guardia Revolucionaria Islámica para minar y bloquear el Estrecho de Ormuz. Una maniobra que supondría una escalada con graves consecuencias que trascienden la estabilidad de la región y afectan al transporte de crudo con destino a Occidente. Con ocasión del anterior intento de ataque bélico de hace unas semanas paralizado en el último momento por Trump, Irán advirtió a los americanos que si el país y su liderazgo se enfrentaran a una amenaza de colapso total, su flotilla especial convertiría el Estrecho de Ormuz en una «zona muerta», donde sólo flotarían numerosas minas. Por Ormuz transita cerca del cuarenta por ciento del comercio marítimo mundial de petróleo por lo que el lector puede comprender la gravedad del problema. Veremos qué papel termina jugando en este asunto la publicación de una parte comprometedora para Trump de los papeles de Epstein.

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