En diciembre de 1972, la élite europea se reunió en el imponente castillo Château de Ferrières, a las afueras de París, para una celebración que pasaría a la historia no solo por su opulencia, sino por su perversión. Organizada por la baronesa Marie-Hélène de Rothschild y su esposo, el barón Guy de Rothschild, esta fiesta siniestra se presentó como un homenaje al arte onírico, pero sus elementos macabros —muñecos desmembrados, decoraciones satánicas y un ambiente de decadencia— derivaron en algo más que simples sospechas que vinculaban a la poderosa familia con rituales ocultos, sociedades secretas y actos perversos. Sin embargo, diversos medios de comunicación, en lugar de profundizar en estas sombras, optaron por romantizar el evento, blanqueando su lado siniestro y presentándolo como una mera excentricidad de la alta sociedad. Este enfoque no solo minimizó las graves implicaciones, sino que alimentó el escepticismo hacia quienes veían en él un velo para prácticas más oscuras.
Uno de los reportajes más extensos sobre esta macabra fiesta fue publicado por La Nación en enero de 2021, bajo el título «La increíble fiesta surrealista de los Rothschild que desató un sinfín de teorías». El artículo describe cómo el castillo, construido en la década de 1850 por James de Rothschild e inspirado en torres inglesas, se transformó en un escenario de pesadilla: iluminado en tonos naranjas y rojos para simular llamas, con salones apenas alumbrados donde empleados disfrazados de gatos ronroneaban en los pasillos. Los invitados, entre ellos la actriz Audrey Hepburn con una jaula de pájaros dorada en la cabeza, Salvador Dalí o Yves Saint Laurent, lucían ornamentos surrealistas como máscaras de reno con lágrimas de diamantes o gramófonos como sombreros.

El menú era igualmente excéntrico: «Sopa extra lúcida», «Embrollo de cadáver exquisito», «Lady y Sir-Lomo» y «Tubérculos en locura», servido en mesas cubiertas de piel negra adornadas con tortugas disecadas, muñecos de niños desmembrados y maniquíes de mujeres desnudas sobre rosas. El artículo menciona el contexto histórico de la dinastía Rothschild, banqueros influyentes desde el siglo XVIII, y cómo el castillo, renovado por Marie-Hélène tras su matrimonio en 1957, se convirtió en un epicentro de la aristocracia.

Aunque La Nación reconoce que el evento desató teorías conspirativas que lo vinculaban a rituales satánicos y sacrificios humanos, amplificados por antisemitismo histórico y referencias a películas como Ojos bien cerrados de Stanley Kubrick, lo presenta como una «celebración surrealista» sin mayor crítica pero, eso sí, califica a las teorías como «descabelladas» y «desacreditadas».
Años después, en agosto de 2023, El Periódico de Cataluña publicó un artículo muy similar titulado «La fiesta surrealista de los Rothschild que derivó en teorías conspiranoicas». Este reportaje repite muchos elementos: la invitación escrita al revés para leerse en un espejo, la fachada iluminada como en llamas, el personal disfrazado de gatos y un laberinto de entrada. Destaca a Marie-Hélène con una cabeza de ciervo llorando diamantes, Hepburn en su jaula y Hélène Rochas con un gramófono en la cabeza. El menú incluye platos cubiertos de pelo y un postre que recreaba el cuerpo de una mujer en azúcar, mientras las mesas tenían muñecas desmembradas. El artículo proporciona contexto sobre el matrimonio Rothschild y la restauración del castillo, con 80 dormitorios y una biblioteca vasta. Aunque menciona que las teorías conspirativas surgieron en los años 80 con la publicación de fotos en un libro, las asocia a iconografía masónica (como suelos en damero y chisteras), pero las desestima rápidamente citando a Ricardo Piglia: «también los paranoicos tienen enemigos», presentando el evento como una opulencia inocua: «no son más que eventos de una clase opulenta con gustos excéntricos que disfruta de un incuestionable poder, el cual se muestra abiertamente y sin veladuras».
Estos reportajes, al enfocarse en el glamour y descartar cualquier otra interpretación, contribuyeron a normalizar eventos que, vistos con retrospectiva, revelan patrones muy perturbadores en las élites. Ahora, en 2026, con la salida a la luz de millones de archivos, fotografías y videos del caso Epstein —incluyendo más de 3.5 millones de páginas liberadas por el Departamento de Justicia de EE.UU., los «conspiranoicos» no andábamos nada equivocados. Estos documentos exponen conexiones de Epstein con figuras muy destacadas a nivel mundial ilustrando un mundo de islas privadas, fiestas exclusivas y abusos sistemáticos. Lo que se presentaba como «excentricidad» en fiestas como la de los Rothschild ahora se ve como precursor de redes perversas, confirmando que estas mentes perturbadas de las élites son capaces de mucho más de lo que los medios tradicionales admiten. La verdad, oculta durante décadas, finalmente emerge, validando las sospechas que fueron ridiculizadas.
(Por Lourdes Martino)

