Por Alfonso de la Vega
Como hace unas semanas hiciera con Venezuela, el presidente Trump está desplegando una importante flota de guerra en las proximidades de las costas de Irán. Con la llegada del portaviones USS Abraham Lincoln a la zona ha aumentado significativamente la presión. De modo que en respuesta Irán habría iniciado el despliegue de su flotilla especial de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica, cuya tarea consiste en minar y bloquear el Estrecho de Ormuz. Una maniobra que supondría una escalada con graves consecuencias que trascienden la estabilidad de la región y afectan al transporte de crudo con destino a occidente. Con ocasión del anterior intento de ataque de hace unos días paralizado en el último momento, Irán advirtió a los americanos que si el país y su liderazgo se enfrentaran a una amenaza de colapso total, su flotilla especial convertiría el Estrecho de Ormuz en una «zona muerta», donde sólo flotarían numerosas minas. Por Ormuz transita cerca del cuarenta por ciento del comercio marítimo mundial de petróleo por lo que el lector puede comprender la gravedad del asunto.
Fracasado el reciente intento de desestabilización provocado por agentes extranjeros aprovechando las protestas civiles por la carestía y como ya hiciera en Venezuela, EEUU está examinando la posibilidad de realizar un bloqueo naval a Irán. Así impediría las exportaciones de petróleo, y agitaría más revueltas en el interior del país una estrategia al estilo de Venezuela destinada a desencadenar nuevas presiones desestabilizadoras internas. Para imponer un bloqueo a lo largo de más de mil km de costa y controlar los misiles iraníes EEUU necesitaría una gran fuerza aérea además de la flota. Los hutíes han demostrado que el control marítimo en esa área es difícil y complejo. Al parecer ahora se busca el pretexto cara a la galería de una hipotética participación de Irán en el robo de las elecciones presidenciales de 2020.
Pero Irán es un gran país de población mayoritariamente aria que no semita e historia que se cuenta por miles de años y no es víctima fácil. Irán no sólo se juega la supervivencia de su régimen sino lo que es peor, la de su nación. Estados Unidos e Israel no solo buscan un cambio de régimen, sino la desmembración de Irán según criterios etnolingüísticos. Si la República Islámica cayera, EEUU saquearía el patrimonio petrolero y gasífero del pueblo iraní, como en Venezuela.
Durante casi medio siglo, Irán ha sufrido toda clase de sanciones y agresiones o la guerra terrible de trincheras en la frontera entre Irán e Irak, promovida por Occidente. Desde luego que resulta difícil valorar con total exactitud lo que ocurre en estos casos pero parece que en los últimos meses, los iraníes han sufrido ataques bélicos a traición y disturbios instigados por agentes sionistas u occidentales. La campaña mediática en Occidente tergiversaba la verdadera naturaleza de las protestas, al comienzo pacíficas realizadas por civiles que expresaban su disgusto por la inflación galopante. Pero luego tras la acción de agitadores internos y extranjeros la situación se transformó de simples protestas contra las políticas gubernamentales a intentar derribar al régimen de los ayatolás, incluso con crímenes perpetrados contra iraníes inocentes, al estilo del maidan ucraniano. Parece probado que los disturbios inducidos pretendían desatar una guerra civil para derribar al régimen y a los separatistas kurdos y baluchis se les ofrecieron regiones autónomas como botín.
La situación se está poniendo tan difícil que según diversas fuentes tampoco cabría descartar del todo una operación a la desesperada por parte de Irán para atacar primero y sin avisar al estilo habitual judío. Es decir, lo que suele conocer como guerra preventiva que consiste en atacar primero para tomar la iniciativa ante una amenaza inminente. Así por ejemplo, la Guerra de los Seis Días de Israel (1967). O la guerra de Irak de 2003 de Bush y la guerra contra Irán de junio del año pasado de Netanyahu con el apoyo aunque a regañadientes de Trump.
Los precedentes de los acuerdos de Minsk sobre el drama ucraniano advierten de la poca fiabilidad de las promesas de paz anglojudías. No obstante, para tener algunas posibilidades de éxito Irán necesitaría la colaboración de Rusia y China antes de iniciar una guerra preventiva. Ambas potencias tienen razones para ayudar a Irán, por su posición geoestratégica y por ser suministradora de petróleo en el caso de China.
Además de los deseos de Netanyahu o quizás de tapar el escándalo de las nuevas revelaciones del caso Epstein detrás de este asunto, igual que hace tres cuartos de siglo en tiempos de primer ministro Mossadegh, se encuentra el botín del petróleo. Pero de ese tema tan importante así como de las actividades del sha antes de su derrocamiento conviene hablar en otro momento.

