Por Alex Díaz
Quien afirme que los cielos actuales son iguales a los de los años 80 y 90 o miente, o no ha observado con la mínima atención. No se trata de una percepción subjetiva ni de nostalgia mal entendida: se trata de un hecho constatable mediante la comparación directa de fotografías, archivos y recuerdos visuales. El cielo que cubría España hace treinta o cuarenta años no tenía nada que ver con el que hoy se nos impone a diario.
Las líneas persistentes que hoy surcan el cielo, se cruzan, se expanden y acaban formando una capa blanquecina artificial no eran habituales, ni normales, ni visibles en décadas pasadas. Y sin embargo, ahora se pretende convencer a la población de que “siempre ha sido así”. Esa afirmación se desmorona en cuanto uno revisa mínimamente los archivos fotográficos de los años 80 y 90.
La transformación del cielo coincide, casualmente, con la normalización del discurso sobre la geoingeniería, una práctica reconocida, documentada y debatida en entornos institucionales, y que en el caso de España se desarrolla bajo el control de la OTAN, gestora del espacio aéreo, con el silencio cómplice —cuando no la colaboración directa— de los distintos gobiernos. Lo verdaderamente escandaloso no es que exista el debate técnico, sino que se aplique cualquier tipo de intervención sin información, sin consentimiento y sin transparencia pública.
He realizado una búsqueda exhaustiva de imágenes de los años 80 y 90 que muestren cielos similares a los actuales. Buscadores convencionales, archivos verificados, herramientas de inteligencia artificial y fotografías con fecha y localización exactas. El resultado es demoledor: no existe una sola imagen comparable a los cielos que hoy se repiten día tras día. Ni una.
He revisado también fotografías personales tomadas en los años 80 con una cámara réflex Zenit en Galicia. Fotografías imperfectas, sí, pero lo suficientemente claras para mostrar el cielo. En ninguna aparece el entramado de estelas persistentes que hoy se pretende normalizar. Pretender que esas estelas “siempre han estado ahí” es un insulto a la inteligencia.
Se recurre al argumento de los “contrails” como explicación automática, ignorando deliberadamente que las estelas de condensación clásicas eran puntuales, breves y desaparecían en minutos. Lo que hoy se observa son trazos que permanecen durante horas, se ensanchan, se difuminan y acaban cubriendo grandes extensiones del cielo. Negar la diferencia entre ambos fenómenos no es rigor científico: es propaganda.
Este artículo no busca convencer a nadie mediante dogmas, sino denunciar una evidencia que se intenta ocultar bajo una capa de desinformación y ridiculización sistemática. La estrategia es conocida: negar, trivializar y desacreditar a quien simplemente observa y compara.
El cielo es patrimonio común. No pertenece a gobiernos, alianzas militares ni intereses financieros. Cuando ese cielo cambia de forma tan radical, persistente y evidente, la población tiene derecho a saber qué se está haciendo sobre sus cabezas y por qué. El silencio institucional no es una respuesta: es una confesión.
Observen el cielo. Revisen fotografías antiguas. Comparen sin filtros ideológicos. Y pregúntense por qué se nos exige aceptar como “normal” algo que, hasta hace pocas décadas, sencillamente no existía.
Aquí mucha más información: http://www.guardacielos.org/
Revisen aquí estas 22 fotografías de los años 80 y 90, y como decían los antiguos anuncios de detergente de la época “Busquen, comparen y si ven algún parecido con la actualidad dígannoslo”.





















