Marina Abramović, la «artista» serbia conocida por sus performances repugnantes y provocativas, recibió el Premio Princesa de Asturias de las Artes en 2021. Este galardón, dotado con 50.000 euros y una escultura de Joan Miró, en teoría reconoce logros en el ámbito cultural. Sin embargo, desde hace años, Abramović ha estado envuelta en una serie de polémicas que cuestionan su idoneidad para un premio financiado parcialmente con dinero público. Dado que la Fundación Princesa de Asturias recibe subvenciones estatales, Abramović debería devolver el premio y la dotación económica.
Esta medida corregiría el disparate de honrar a alguien envuelto en escándalos que incluyen rituales de lo más perturbadores y vínculos con criminales notorios. Los premios, que se jactan de promover valores culturales, en realidad desperdician fondos públicos en figuras con un pasado muy turbio.
Los Escándalos Repugnantes de Abramović: Rituales que Desafían la Decencia
Abramović ha protagonizado actuaciones que repelen a cualquier persona con sentido común. Su famoso «Spirit Cooking» de 1996 incluye mezclas grotescas de sangre de cerdo, leche y otros fluidos corporales, presentadas como rituales esotéricos que muchos ven como invocaciones satánicas. En 2016, filtraciones de WikiLeaks mostraron invitaciones a cenas de este tipo dirigidas a figuras políticas como John Podesta (asesor de Biden y ex colaborador de Clinton), lo que desató una indignación totalmente justificada. Estas prácticas no son arte inocente; son provocaciones que cruzan límites morales. Además, referencias a «bebés» en su obra sugieren exploraciones perturbadoras del cuerpo y la vida, interpretadas por críticos como insinuaciones siniestras que no merecen elogios.
Peor aún, sus vínculos con Jeffrey Epstein, el depredador sexual convicto, empañan todavía más toda su conflictiva trayectoria «artística». Documentos publicados recientemente resaltan cómo Abramović aparecía en eventos y correos relacionados con Epstein, incluyendo planes para encuentros artísticos. En las últimas horas, publicaciones en X han revivido estos lazos, recordando cómo Abramović actuaba como una especie de «sacerdotisa» en círculos que atraían a pedófil0s y poderosos.
Pero no se limita a Epstein; sus conexiones se extienden a Bill Gates, quien voló en el jet de Epstein en múltiples ocasiones y ahora niega conocimiento de sus atrocidades. En 2020, Microsoft colaboró con Abramović en un anuncio que fue retirado rápidamente tras miles de rechazos por acusaciones de satanismo.
No olvidemos su rol como embajadora de Ucrania nombrada por Zelenski en 2023, para reconstruir escuelas devastadas por la guerra. ¿Quién en su sano juicio pone a alguien con un historial de rituales perturbadores cerca de los niños?
Sus lazos con Jay-Z, esposo de la cantante Beyoncé
El rapero ahora se está viendo salpicado por las nuevas publicaciones de los archivos de Epstein que acaban de ver la luz. Curiosamente, en 2013, Abramović participó en una performance de varias horas con Jay-Z en la Pace Gallery de Nueva York (hay un pequeño vídeo que se ha hecho viral). Críticos en canales y redes sociales la llaman «bruja conocida» y vinculan su relación con Jay-Z a prácticas ocultas.
La admiración de Letizia
No sorprende que la reina Letizia admire a Abramović, dada su actitud en los encuentros en ceremonias y festivales, como el Atlàntida de Mallorca en 2022, donde muestran a Letizia elogiando su «normalidad» e interés cultural. En una entrevista que concedió a la revista Vanity Fair, la artista aseguró que «conocer a la reina Letizia fue algo muy bonito. Además, tuve la ocasión de volver a hablar con ella tiempo después, en el festival Atlàntida de Mallorca. La reina me pareció una persona muy normal y accesible, y está muy interesada en el arte».

Llamar «bruja» a Abramović no es exagerado; sus rituales evocan imágenes de hechicería oscura. Que Letizia la elogie cuestiona el juicio de la realeza y expone cómo los premios sirven de plataforma para tales figuras.
Los Premios Princesa de Asturias fallaron estrepitosamente al honrar a Abramović, desperdiciando dinero público en alguien cuyos escándalos repugnan. Deben retirar el galardón inmediatamente y exigir la devolución de los 50.000 euros. Abramović, con sus rituales grotescos y lazos tóxicos, no merece tal pedestal; su premio es una afrenta a la decencia pública.
(Por Lourdes Martino)

