miércoles, enero 21, 2026
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Desolación de una quimera

Por Alfonso de la Vega

Tomo prestado el significativo título del poeta Luis Cernuda para esta breve columna de desahogo personal.

Pertenezco a una generación ya cercana al ocaso que debe hacer examen de conciencia al ver cómo se la obliga a rectificar muchos de sus criterios y actitudes en todos los órdenes de la vida. Estamos viendo que muchos de nuestros anhelos juveniles están siendo traicionados, derrotados y arrojados al vertedero. Algo hemos hecho mal.

En el plano espiritual se sentía una necesidad de búsqueda de lo absoluto o al menos intentos sinceros de encontrar verdades en el plano subjetivo personal que complementasen o incluso sustituyesen las carencias que se pudieran encontrar en la religiosidad oficial o institucionalizada, más volcada en la teología, lo externo institucional y el poder que en la Mística. Y conforme con esa espiritualidad una moral que la inspirara así como la necesidad de ajustar a ella nuestra conducta. Por desgracia, la antigua moral tradicional, católica en el caso de España, ha sido arrumbada sin ser sustituida por nada, lo que fomenta consentir las mayores aberraciones y atrocidades. 

En el plano político pensábamos que lo de la democracia era cosa diferente a la estafa mohatrera devastadora actual, en que bandas rivales se disputan el botín mientras terminan de arruinar y embrutecer a los súbditos con los que sólo se cuenta para pagar desfalcos, trapisondas u orgías. Que la justicia era igual para todos. Que la libertad iba a ser defendida contra los abusos del Poder. Que se iba a proteger el patrimonio espiritual, cultural, económico y natural de España. Que la soberanía española iba a ser reforzada para intentar promover nuestro progreso y bienestar en vez de ser diluida en organizaciones al servicio del enemigo. En general, existía una mayor apertura al diálogo, al debate de ideas, algo muy diferente del encastillamiento irracional en planteamientos irreductibles que hoy es lo habitual. Y también más respeto por los demás, acaso producto de un metalenguaje generado pos siglos de cultura cristiana y su apuesta por la dignidad humana. Hoy o es blanco o es negro. Y puedes ser linchado, o cancelado como  se dice ahora por cualquiera de ambas facciones si osas debatir con espíritu crítico pero constructivo uno u otro dogma más o menos sectario. 

En un alarde de optimismo histórico incluso estábamos dispuestos a ofrecer otra oportunidad a los Borbones. O que lo del ingreso en la CEE iba a ser bueno para nosotros y no resultar peor que el meritísimo acuerdo preferencial anterior del gran ministro Ullastres. Pero lo de la CEE, empeorado con la UE defraudaría nuestras esperanzas nos salió mal. Tras el sacrificio de importantes sectores económicos, autonomía legislativa y de nuestra propia política monetaria baste decir que el poder adquisitivo actual en España es menor que antes de la entrada del euro como devastador caballo de Troya. Que sin embargo, deberíamos mantener nuestro status de neutralidad internacional sin ser captados por la OTAN desatendiendo nuestras más apremiantes o prioritarias necesidades para nuestra seguridad nacional.

Pero no, estamos viviendo la desolación de una quimera. Y no solo aquí, en este calamitoso reino amenazado de disolución. Parece que la humanidad está abandonando su propia condición sagrada y se congratula  ser degradada a un híbrido de materia orgánica con chip de IA incorporado. El sueño de cualquier dictador. En efecto, el mundo que, ilusos, pensábamos podríamos contribuir a crear se ha desvanecido entre las sombras de la devastación espiritual, la infinita corrupción material, del entendimiento y de conciencias ligada al NOM y la Agenda 2030. Instrumentos suyos que han traicionado a la civilización, la UE y la OTAN han devenido en un dogal ignominioso, en una ratonera ruinosa y criminal de la que los diferentes pueblos europeos debieran intentar librarse porque les va su propia supervivencia en ello.

Y en lo más personal o profesional, ¿Qué decir? Casi toda la formación, criterios, experiencia o el conocimiento acumulados durante el desempeño de una vida de trabajo en diferentes ámbitos han devenido en una rémora para adaptarse a estos tiempos woke en los que todo está al revés, y en el que ya ni siquiera las palabras mantienen su significado. Una extraña y triste sensación de fracaso, de haber sido estafados por un sistema que nos ha traicionado y de trasmitir a las generaciones futuras un mundo mucho peor que el recibido. Unas generaciones que, como digo, en parte parecen haber caído en una especie de anomia espiritual, de descortesía, de mala educación, incluso de soez e indecorosa chabacanería. O al menos tales personajes y conductas son los que más se observan en los media de manipulación de masas.  

Una gran frustración es la creciente sensación de creciente aislamiento en un mundo que parece haber perdido el significado de símbolos y palabras. Un ejemplo: a juzgar por sus comentarios parecería que demasiados lectores tienen grandes dificultades para comprender los textos. Cuando algo se sale de la rutina del tópico las neuronas se bloquean e incluso es hasta común que se falte el respeto debido al autor. Una cosa es el debate civilizado sobre ideas o criterios y otra la descalificación e incluso el insulto. Algunos no conciben que se pueda cambiar de opinión. Un cambio que puede ser el resultado de nuevas pruebas o experiencias, de avances psicológicos en la comprensión o, por el contrario, para beneficiarse de oportunidades o satisfacer intereses.  

Este problema de la neolingua, de la pobreza de sinónimos y  de la comprensión de significados resulta de lo más preocupante y desalentador pues en el lenguaje se basa el pensamiento y la cultura desaparece sin ellos. El lenguaje, ¿nos sirve o nosotros le servimos a él? Somos criaturas del lenguaje. De la sublimidad del lenguaje musical o el literario a la degradación chabacana del incierto y tosco del lumpen o la germanías de cierta chusma envidiosa resentida y semi analfabeta actual. 

Rectificar es de sabios. No, no me gusta nada lo que ha degenerado España tras medio siglo de Monarquía. Es preciso reconducir completamente desde unas reconstruidas bases morales este actual sistema degradado. La Tradición está ahí pero se ignora. Las dificultades son muchas y si esto se sigue deteriorando, quizás ni estemos aún a tiempo o en condiciones ya de hacerlo. La propaganda oficial dirigida a perpetuar el engaño hace estragos en las conciencias, “por la sonrisa del necio se conoce la grandeza del tao”. Nos queda intentar comprender y mantener la propia dignidad personal mientras nos sea posible.

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