En un reciente episodio del podcast del canal de YouTube GÉNESIS 2:24, titulado «Así te mintió Juan Carlos I con el 23F (lo sabía todo) – Fernando Paz lo revela en primicia», el historiador Fernando Paz desmonta la narrativa oficial sobre el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 (23F) en España.
Fernando Paz afirma que Juan Carlos I fue informado detalladamente sobre los preparativos del golpe. Según el historiador, el monarca repetía una frase clave cuando se le actualizaba sobre el avance de los eventos: «A mí, dádmelo hecho». Esto implica que el rey no se implicaría directamente en la ejecución, evitando cualquier riesgo personal, pero estaría listo para sancionar el resultado si salía favorable.
Paz compara esta actitud con la de su abuelo, Alfonso XIII, durante el pronunciamiento de Miguel Primo de Rivera en septiembre de 1923. En aquel caso, el rey sabía de antemano, pero se limitó a acatar el golpe una vez consumado. Si triunfaba, lo respaldaba; si fallaba, el responsable (Primo de Rivera) asumiría las consecuencias solo. «El rey está por encima de todo eso», explica Paz. «No puede embarcarse en la aventura, pero se agarra a la pancarta al final». En el 23F, Juan Carlos adoptó una postura similar: se mantuvo al margen durante la ejecución, pero emergió como el salvador de la democracia, convirtiéndose en el «gran beneficiario» del evento.
Una de las revelaciones más controvertidas del video es la desmitificación de la narrativa dominante. Paz sostiene que el 23F no fue un golpe orquestado por la extrema derecha o elementos «involucionistas» del franquismo, como se ha contado en los medios. De hecho, no hay políticos de Fuerza Nueva o Falange Española de las JONS implicados. En cambio, partidos como el PSOE, Alianza Popular, la UCD e incluso sectores del Partido Comunista de España (PCE) estuvieron involucrados.
«La extrema derecha no tenía nada que ver», enfatiza Paz. «Es exactamente al contrario de lo que nos han contado». Tras el fracaso del golpe, liderado por figuras como Antonio Tejero, se produjo una «gran maniobra generalizada de los medios de comunicación para enmascarar toda la verdad». Se presentó como un ataque ultraderechista, ignorando la participación de la izquierda y el centro. La única conexión remota con la derecha fue la de García Carrés, un sindicalista franquista amigo personal de Tejero, pero sin motivaciones ideológicas amplias.
Paz contextualiza el ascenso de Juan Carlos al trono como una designación directa de Francisco Franco. «Juan Carlos es rey por la voluntad de Franco», afirma, recordando el juramento de julio de 1969 ante las Cortes, donde el entonces príncipe juró lealtad a los principios del Movimiento Nacional. Su legitimidad inicial proviene de ahí, no de la Constitución de 1978, que simplemente refrendó un poder ya existente. «La Constitución es legítima porque antes había un poder legítimo: la monarquía», argumenta.
Sin embargo, el 23F transformó esta percepción. Antes del golpe, Juan Carlos era visto como «el rey del 18 de julio» (alusión al alzamiento franquista). Tras intervenir televisivamente para detenerlo, se convirtió en «el rey del 23 de febrero», salvador de la democracia. Esto le ganó la adhesión de la izquierda y los republicanos, inaugurando el «juancarlismo»: una lealtad personal al rey, no necesariamente a la institución monárquica. «Mucha gente que no es monárquica, que es republicana, sin embargo es juancarlista», explica Paz, identificando esta corriente especialmente en el PSOE.
El historiador cita a Torcuato Fernández-Miranda, mentor de Adolfo Suárez y del propio Juan Carlos, quien aconsejó al rey: «Alteza, tenéis que ganaros a la izquierda porque la derecha la tendréis siempre de vuestro lado». El 23F culminó este proceso, convirtiendo a Juan Carlos en «el rey de los republicanos» y blindando su figura mediante un pacto tácito con políticos y medios.
Paz utiliza metáforas para ilustrar el periodo juancarlista: «el tiempo que media entre dos elefantes». El primero es el «elefante blanco», apodo para el general Alfonso Armada, quien debía presentarse en el Congreso como figura conciliadora durante el golpe, resolviendo la crisis a favor del rey. El segundo es el elefante de Botsuana, aludiendo al escándalo de caza en 2012 que precipitó la abdicación en 2014, con la famosa disculpa pública: «Prometo que no volveré a hacerlo».
Durante décadas, los medios protegieron a Juan Carlos. Escándalos como fotos desnudo en un yate se publicaron en Italia, pero no en España. «Había una protección tanto a Juan Carlos como al régimen», dice Paz. Ahora, esos mismos medios que guardaron silencio se escandalizan hipócritamente, comparándolos con la escena de Casablanca donde el jefe de policía finge sorpresa ante el juego que siempre permitió.
En este video, Fernando Paz invita a replantear la historia oficial de la Transición. El 23F no fue un fracaso aislado, sino una operación que, aunque fallida en su ejecución, logró su objetivo implícito: legitimar a Juan Carlos ante todos los españoles, especialmente la izquierda. «Se convierte en el rey de todos», concluye Paz, pero advierte sobre la hipocresía actual en torno a su figura.

