En septiembre de 1986, la ciudad de Cleveland, Ohio, se convirtió en el epicentro de un evento que prometía ser un hito festivo y filantrópico, pero que terminó en uno de los desastres públicos más emblemáticos de la historia reciente de Estados Unidos. El Balloonfest ’86, un lanzamiento masivo de 1,5 millones de globos, fue ideado como una celebración para romper un récord mundial y recaudar fondos para la United Way de Greater Cleveland. Sin embargo, lo que comenzó como un espectáculo colorido se transformó rápidamente en un caos ambiental, logístico y humano.
Cleveland, apodada la «Ciudad del Rock and Roll» pero marcada por la crisis industrial de los años 70 y 80, buscaba en 1986 un impulso de optimismo. La United Way, una organización benéfica dedicada a causas sociales, organizó el Balloonfest como parte de una campaña de recaudación. El objetivo era duplicar los esfuerzos de un evento similar en Disneylandia (que lanzó 1 millón de globos en 1984) y establecer un nuevo récord Guinness para el mayor lanzamiento simultáneo de globos.
La preparación fue monumental. Una empresa de Los Ángeles, Balloonart by Treb, construyó una estructura temporal de 76 por 46 metros y tres pisos de altura en la Public Square, el corazón cívico de Cleveland. Durante seis meses, 2.500 voluntarios —principalmente estudiantes de secundaria— inflaron los globos con helio. Los niños locales vendieron patrocinios de un dólar por cada dos globos, generando expectativas de recaudar millones. Inicialmente planeado para dos millones de globos, el evento se ajustó a 1,4 millones debido a limitaciones logísticas. El 27 de septiembre de 1986, más de 100.000 personas se congregaron en la plaza bajo un cielo nublado, ansiosas por presenciar la «lluvia de colores» que flotaría sobre el Lago Erie.
El Día del Lanzamiento, los organizadores liberaron los globos antes de lo previsto, alertados por una tormenta inminente. El espectáculo fue impresionante: una nube multicolor de 1.429.643 globos (número oficial verificado por Guinness) ascendió brevemente, eclipsando el sol y cubriendo el cielo de Cleveland. El récord fue logrado, y en 1988, Guinness lo incluyó en su libro de récords —aunque la categoría fue eliminada posteriormente por preocupaciones ambientales—.
Sin embargo, el júbilo duró poco. Los globos de látex, diseñados para desinflarse gradualmente, no lo hicieron. Un frente frío y lluvias torrenciales provocaron que descendieran intactos, regresando sobre la ciudad y el Lago Erie en cuestión de horas. Videos de la época capturan la confusión: multitudes extasiadas dando paso a escenas de calles obstruidas y globos cayendo como una nevada plástica.
El Balloonfest ’86 no solo falló en su promesa de lanzar globos hacia el horizonte; generó una cascada de problemas que lo convirtieron en sinónimo de fiasco planificado.
1. Caos Logístico y de Transporte
Los globos obstruyeron las calles de Cleveland, causando atascos masivos. Conductores distraídos o desviados por las «nubes flotantes» provocaron múltiples colisiones de tráfico.
El Aeropuerto Burke Lakefront, un centro clave para aviación general, cerró una pista durante media hora debido a aterrizajes forzosos de globos, interrumpiendo vuelos y operaciones.
2. Impacto Ambiental y en la Vida Silvestre
Miles de globos cayeron en el Lago Erie y sus afluentes, contaminando el agua y llegando incluso a las costas de Canadá. La basura plástica persistió durante semanas, requiriendo brigadas de limpieza masivas.
Animales sufrieron: pájaros y peces ingirieron fragmentos, y en el condado de Geauga, caballos en una granja se asustaron, sufriendo lesiones permanentes varios de ellos. Esto derivó en una demanda de 100.000 dólares contra la United Way, resuelta de forma confidencial. Hoy, eventos similares están prohibidos en muchos lugares por riesgos ecológicos, y Guinness rechaza récords que involucren liberaciones masivas de globos.
3. Interferencia en una Operación de Rescate Crítica
El peor aspecto humano ocurrió en el Lago Erie. El 26 de septiembre —un día antes del evento—, dos pescadores, Raymond Broderick y Bernard «Skip» Sulzer, desaparecieron en su bote durante una tormenta. La Guardia Costera de EEUU inició una búsqueda intensiva, avistando el bote anclado pero incapaz de localizar a los hombres debido a la visibilidad reducida.
Los globos descendieron sobre el área de búsqueda, cubriendo el agua como una alfombra flotante y obstaculizando helicópteros y barcos. La operación se suspendió el 29 de septiembre; los cuerpos de Broderick y Sulzer aparecieron días después en la orilla. La esposa de uno de los hombres demandó a los organizadores por 3.2 millones de dólares, alegando negligencia, y el caso se resolvió extrajudicialmente. Aunque un oficial de la Guardia Costera en 2024 negó una conexión directa con las muertes, el incidente resaltó la imprudencia del evento.
4. Pérdidas Financieras y Reputacionales
A pesar de recaudar inicialmente unos 13 millones de dólares en patrocinios, los sobrecostos de limpieza y demandas resultaron en una pérdida neta para la United Way.
La prensa local y nacional lo tildó de «desastre», amplificando la imagen de Cleveland como una ciudad de fracasos. En resumen, el desastre radicó en una planificación deficiente ante variables climáticas impredecibles, ignorando riesgos ambientales y de seguridad pública.
Hoy, el Balloonfest ’86 se estudia en clases de gestión de eventos y ecología. Ha inspirado documentales, como «The Doomed Cleveland Balloonfest of ’86» en YouTube, y debates sobre «fake news» —algunos foros en Reddit lo llaman «exagerado», argumentando que no hubo muertes directas ni ruina ambiental permanente, pero los hechos confirman el desorden real—. En 2023, Cleveland.com reflexionó sobre cómo mitos crecieron alrededor del evento, pero las demandas y el cierre del aeropuerto son innegables.

