Por Alfonso de la Vega
Puede tratarse de una gran noticia o quizás quedarse en otra más de las arrancadas de jaca andaluza y paradas de burro manchego del presidente USA. Se ha dado a conocer que Trump quiere que los siniestros Soros sean procesados. Desde hace tiempo se ha venido denunciando la nefasta influencia de George Soros y de su hijo Alexander en la política norteamericana, los pucherazos electorales, la subversión criminal, con hitos tales como la financiación de fiscales y jueces “progresistas”, es decir, corruptos o prevaricadores. Para varios legisladores republicanos, los Soros dedican parte de su cuantiosa fortuna a cohechar en el sistema judicial para favorecer la impunidad de violentos y delincuentes.
Incluso el propio Trump habría declarado que “No vamos a permitir que estos lunáticos sigan destrozando América, impidiéndole siquiera respirar y ser libre”.
Más que “lunáticos” atendiendo a sus obras de devastación espiritual, económica y social mejor cabría emplear el término de “satánicos”. El plutócrata judío a través de su red de fundaciones, ha destinado miles de millones de dólares a la desestabilización de Occidente o la proliferación del Mal no solo en EEUU sino en todo el mundo. Acciones vinculadas a la inmigración masiva descontrolada, la devastadora ideología woke, el aumento de la deuda odiosa o la desnaturalización de las diferentes tradiciones nacionales mediante un destructivo multiculturalismo, lo que le ha convertido en un personaje justamente criticado por cualquier patriota u hombre de bien preocupado por el presente y el futuro de la Humanidad.
No es de extrañar que el tenebroso Sánchez le reciba en primicia y en secreto. Incluso que probablemente se encuentre entre los principales inspiradores de su política contra España.
De confirmarse esta acción presidencial, Trump pudiera acaso liberar al mundo de uno los enemigos de la Humanidad. Pero también tendría repercusión en miles de políticos títeres, corruptos o financiados, no solo en el Partido Demócrata USA y sus diferentes fundaciones sino en sus múltiples tentáculos en la UE, donde patrocinan y controlan a la mayoría de los heroicos eurodiputados. Aquí en este desafortunado reino filipino también pudiera suponer cambios importantes aunque no tengamos a nadie que nos defienda.
Es mucha la literatura existente sobre esta cuestión de modo que no hace falta insistir. Sin embargo, conviene comentar la rareza de los actuales signos de los tiempos. La alianza entre progretariado rojo y plutocracia, sin la que no se entendería la labor de PSOE y podemitas. Más que ante una sociedad abierta como propugna el judío húngaro siguiendo a Popper, lo que estamos es ante una España abierta sí, pero en canal, despanzurrada. La de la PSOE y las oligarquías que lo sustentan para mayor alegría del IBEX 35. El empleo del lenguaje orwelliano, o la falsa bandera cuyo carácter grotesco, y sin principios se empezó a comprobar enseguida.
Quizás la idea original de la oligarquía cuando en su momento creó y financió Ciudadanos era marcar de cerca a la PSOE para paliar sus excesos demagógicos y evitar una deriva nociva para ella. No tanto en los desastres sociales del neomarxismo cultural, sino en fechorías que tuvieran que ver con las cosas de comer y de robar desde la perspectiva de los monopolios. En realidad no hace falta, el PSOE de Sánchez se ocupa de sus privilegios y beneficios. Como puede observarse del liberalismo no anglojudío sino el de verdad, el clásico o tradicional español de protección de derechos civiles y genuina economía de mercado, nada de nada.
Otra curiosidad chocante digna de mención es el papel de las carcundias separatistas vasca y catalana. Si un Arana o un Prat de la Riba levantaran la cabeza les daría un soponcio viendo a sus abusones discípulos racistas e integristas de cómplices de la demolición moral y no solo cristiana de la sociedad. No creo que contribuir a consolidar la degeneración en las costumbres, o una tiranía comunista en España, nación de la que quieran o no forman parte para lo bueno o lo malo y principal patio de monipodio de sus negocios, pueda beneficiarles salvo a unos pocos oligarcas.
Ignoro qué pasará al final con la pretensión de Trump. Constituye una prueba de hasta qué punto va en serio. De ser así, nos cabría sentir una sana envidia de que, a diferencia del reino de España abandonado a su surte por sus autoridades, en medio de la presente desolación haya alguien que declare defender un cierto orden nacional y moral.