Quien crea que el título es una hipérbole es que no ha analizado la ideología que ha ido permeando la sociedad desde hace décadas, con un acelerón en los últimos veinte años. Este ideario se sustancia en una manera de pensar, de sentir y de actuar; imbuido del espíritu de cierto tipo de literatura, espectáculos, celebraciones públicas y, en general, la subcultura woke que todo lo impregna de manera transversal, amparado por leyes ad hoc, que se han ido promulgando en los últimos tiempos. No es imprescindible usar “mandil” ni acudir a las tenidas en las logias para estar impregnados del espíritu de la masonería, como tampoco es necesario un pacto expreso para vender el alma al diablo. La práctica del Mal no requiere un compromiso explícito, aunque sí implica un pacto tácito de intención, muy potente a nivel energético, emocional y espiritual, que se manifiesta en hechos y actitudes; en definitiva, en un comportamiento relativista y equidistante ante los valores objetivos de la vida. En síntesis, significa aceptar las consignas del lado oscuro y los vicios del alma, frente a la práctica de la virtud y el camino recto.
Aunque cada vez se habla más abiertamente sobre la masonería, siendo los propios hijos de la viuda quienes hacen propaganda de sus actos públicos, para muchos sigue siendo un tema envuelto en el misterio o algo inexistente y medio legendario. Para otros es una sociedad seria respetada que lleva a la humanidad a la liberación, en contraposición a la Iglesia. Nada más lejos de la verdad. Ambos supuestos son falsos. Tan falsos como la propia masonería que, con sus artes seductoras, ha sido capaz –y lo sigue siendo—de embaucar a gentes de buena voluntad que buscaban un bien para la sociedad y los estados.
Esta sociedad secreta siempre estuvo enredada en la política activa e incluso infiltrada en la Iglesia. ¡Cuánto daño le ha causado a la Iglesia esta secta destructiva! Conviene aclarar que, en contra de la opinión de algunos relativistas, Iglesia y masonería son incompatibles e irreconciliables, dado que estos niegan la divinidad de Jesús, como quedó expresado en la primera parte de este artículo. En la bula” In eminencia”, el papa Clemente XII prohibió la pertenencia a la masonería bajo pena de excomunión, y lo mismo han hecho siete papas más, incluido Juan Pablo II.
Muchos hechos de importancia decisiva en la historia del mundo se gestaron en las filas de los masones: la revolución francesa, la americana, la rusa, la independencia de las naciones centro y sudamericanas –precedidas de sangrientas guerras—, el nazismo o el hundimiento del Imperio español y la leyenda negra son algunos ejemplos. No se entiende la historia de Estados Unidos sin la actuación de la masonería. Un país surgido de la nada que tras exterminar a los indios y diezmarlos con pestes, en dos siglos regiría los destinos del mundo, gracias a sus presidentes masones y a la ayuda de gobiernos masónicos, el de Francia y el de España, entre ellos.
En 1783, el conde de Aranda, ministro masón de Carlos III, le envía al rey una Memoria secreta sobre América, refiriéndose, claro está, a Estados Unidos, de la que extractamos estas palabras: “Esta república federal ha nacido pigmea, por decirlo así, y ha tenido necesidad de apoyo y de las fuerzas de dos potencias tan poderosas como la España y la Francia, para conseguir su independencia. Vendrá un día en que será un gigante, un coloso temible en esas comarcas. Olvidará entonces los beneficios que ha recibido de las dos potencias, y no pensará más que en su engrandecimiento. […] Dentro de algunos años veremos con mucho dolor la existencia amenazadora del coloso de que hablo. El paso primero de esta potencia, cuando haya llegado a engrandecerse, será apoderarse de las Floridas para dominar el golfo de México. Después de habernos hecho de este modo dificultoso el comercio con la Nueva España, aspirará a la conquista de este vasto imperio, que no nos será posible defender contra una potencia formidable, establecida sobre el mismo continente, y a más de eso limítrofe”. Curiosa la facultad clarividente del Conde de Aranda.
Los masones se presentan como defensores del humanismo, la justicia y la libertad, en contraposición a la “presión” de la Iglesia sobre los individuos, sobre todo, en determinados periodos oscuros. Pero, a menudo, muchos de los que entran en sus filas, acaban desengañados, como el gran Gaspar Melchor de Jovellanos que, tras conocer los entresijos y las acciones de la secta, escribía alrededor de 1910 estas esclarecedoras palabras: “Una secta feroz y tenebrosa ha pretendido en nuestros días restituir los hombres a su barbarie primitiva, disolver como ilegítimos los vínculos de toda sociedad y envolver en un caos de absurdos y blasfemias todos los principios de la moral natural, civil y religiosa. Semejante sistema fue la consecuencia del orgullo de unos pocos impíos, que, aborreciendo toda sujeción y dando un colorido de humanidad a sus ideas antisociales y antirreligiosas, enemigos de toda religión y de toda soberanía y, conspirando a envolver en la ruina de los altares y de los tronos todas las instituciones, todas las virtudes sociales, han declarado la guerra a toda idea liberal y benéfica, a todo sentimiento honesto y puro. La humanidad suena continuamente en sus labios, y el odio y la desolación del género humano brama secretamente en sus corazones”.
Este texto escrito hace dos siglos, cobra especial actualidad estos días en los que un laicismo agresivo y global trata de imponerse en la sociedad.
La masonería actual está impregnada del espíritu del luciferino Albert Pike. Este personaje maligno, que ejerció de jefe de justicia del ku klus klan, interioriza la ideología gnóstica expresada por los cabalistas, los maniqueos y el paganismo precristiano y mitraico. Insiste en la adoración a la naturaleza, en especial al Sol y establece que Lucifer es el portador de la luz, personificado en el Baphomet.
Queda patente que, a lo largo de la historia, los gnósticos han reaparecido de manera más o menos velada o bajo diversos sellos y ha habido personajes influyentes al servicio de esta ideología que en la actualidad impregna no solo los hechos relevantes de la política mundial, sino lo más elemental de nuestra vida cotidiana. Hoy el espíritu gnóstico está presente en la actual masonería y en las sectas auspiciadas por los illuminati, como los bilderberg y otros grupos, auténticos artífices de la configuración de la nueva sociedad o, dicho de otro modo, del Nuevo Orden Mundial.
¿Y por qué estas sectas odian a la Iglesia? La Iglesia fue perseguida desde sus inicios. Los fundamentos del catolicismo son las enseñanzas de Cristo, al alcance de todos en los Evangelios y otras lecturas que se aprenden en la infancia. Frente a la falacia del gnosticismo, de que solo se salvan los elegidos o los que alcanzan el conocimiento, según gnósticos, cabalistas y masones, Cristo nos dice que todos los hombres son iguales y que todos se pueden salvar siguiendo su mensaje. El catolicismo es una religión liberadora, en teoría y en la práctica.
Hemos querido hacer este pequeño enunciado de las sectas de los primeros años del cristianismo a partir de los gnósticos para hacer más comprensible el fenómeno de la masonería, las sectas y grupos actuales de la New Age, y el laicismo agresivo que es, de facto, un satanismo encubierto, cada vez más atrevido a la hora de manifestarse.
Como colofón a estas pinceladas, cito las acertadas palabras que Juan Pablo II escribió en 1994 en su libro Cruzando el umbral de la esperanza: “Cuestión aparte es el renacimiento de las antiguas ideas gnósticas. […] No debemos engañarnos pensando que este movimiento pueda llevar a una renovación de la religión. Es solamente un nuevo modo de practicar la gnosis, es decir, esa postura del espíritu que, en nombre de un profundo conocimiento de Dios acaba por tergiversar su palabra sustituyéndola por palabras que son solamente humanas. La gnosis no ha desaparecido nunca del ámbito del cristianismo, sino que ha convivido siempre con él, a veces bajo la forma de corrientes filosóficas, más a menudo con modalidades religiosas o pararreligiosas, con una decidida, aunque a veces no declarada divergencia con lo que es esencialmente cristiano”. Por si quedaba alguna duda.
Vivimos en un mundo donde se coarta la libertad.La libertad natural que nos otorga Dios,esa libertad que a través de los pueblos debería servir para que estos dirigiesen a los políticos,y para no dejarse avasallar por los Reyes,cuando estos se exceden en sus funciones,justo al contrario de lo que ocurre ahora.
Dios nos dió unas leyes buenas y naturales para poder vivir,y alcanzar la felicidad,y jamás nos exige ser Cristianos o Masones o lo que sea,aunque sin Dios y sin religión el ser humano carece de fundamentos sólidos.
El ejemplo que los EEUU nos están dando al resto del mundo,es digno de admiración,en especial la educación que se les está dando a los niños,que han aprendido que no es el tamaño ni el número de habitantes lo que hace grande a un País o Nación,es la libertad que se respira en el.
Si encontráis la entrevista:líderes del mundo hispano,os quedaréis boquiabiertos,con el grupo Niños Patriotas.La podéis encontrar en the epoch times.
En España no hay libertad se ha empequeñecido,con la intención de obligar a todo el mundo,a ser heterosexual,a ser un lider primogénito,a ser todos cortados por un mismo patrón,un patrón que además está conduciendo a España a la ruina económica y social
Brillante artículo. Gracias
«Crearemos una ilusión que será tan grande, tan inmensa que escapará a la percepción. Aquellos que la vean serán acusados de dementes.
Nuestro objetivo se logrará gota a gota, de tal manera que jamás seremos objeto de sospechas. Esto también les impedirá ver los cambios cuando ellos ocurran. Trabajaremos juntos siempre y permaneceremos unidos por la Sangre y el Secreto. La muerte vendrá a aquel que hable» (Protocolos de los sabios de Sion)