Por Alfonso de la Vega
“Por besar mano de rey no me tengo por honrado” (el Cid)
En su demorada visita a la ciudad sitiada, atacada y humillada de Ceuta tras el socorrido besamanos cortesano don Felipe que vestía de paisano y no de capitán general de los ejércitos de Tierra, Mar, Aire y Espacio, endiñó al sufrido auditorio un discurso tranquilizador y algo estupefaciente de los habituales suyos pero que, gajes de la memoria histórica, recuerda en demasía al traicionero de su padre en noviembre de 1975 en el Casino militar del Aaiún. Un discurso arenga en el que respaldaba el sentimiento militar para asegurar muy serio que “España cumpliría sus compromisos”. Palabra de Borbón antes de recibir instrucciones de EEUU: A los dos días daba orden de ignominiosa retirada a calzón quitado ante el avance de la marcha verde americana utilizando a la morisma como carne de cañón.

Ante un fervoroso y entregado auditorio aseguró que con su consorte había ido a Ceuta a “dar un abrazo lleno de afecto y cariño”. Tras alabar el multiculturalismo más bien forzoso de la población aseguró que «Ceuta es una parte de España y de Europa». Y que “Quienes entraron irregularmente en nuestro país deben regresar a su lugar de origen lo antes posible y por los cauces legalmente establecidos”.
Todo un brindis al sol ya que las infames traidoras leyes europeas contra las integridades nacionales lo impiden o dificultan hasta el aburrimiento, o al menos eso nos aseguran las autoridades que a juzgar por lo visto hasta ahora se comportan como probables cómplices. Y no fue la única incoherencia real. No se tocó el himno nacional pero don Felipe ha reivindicado que el Reino de España, (y la Unión Europea misma), “tiene la voluntad y la responsabilidad de mantener una buena relación de vecindad con el Reino de Marruecos, de provecho y progreso para ambos lados de la frontera”, pero ha destacado que esa relación “ha de estar basada y sostenida siempre en la confianza y el respeto mutuos, y con el objetivo de promover la estabilidad, la paz y la seguridad regionales”. También insistió en una frivolidad de la que ya hiciera uso en el brindis durante la cena del palacio real con motivo de la visita oficial del presidente francés: La de que la frontera de Ceuta es una frontera europea y en consecuencia le toca a Europa defenderla.
Sobre la confianza no cabe ninguna duda ni esperanza. Lo del respeto por parte del reino de Marruecos con el que Bruselas mantiene acuerdos comerciales y de cooperación muy ventajosos en contra de los intereses de nuestros propios agricultores y ganaderos, la verdad es que nunca ha existido. Y como era de esperar tanto la OTAN como la UE se han llamado andana con la invasión del socio americano e israelí de tal supuesto territorio “europeo”. Así que por ahí cabe esperar poca o ninguna ayuda. Se acaba de comprobar otra vez con lo de Groenlandia.
Hechos son amores que no buenas razones. Entre tanta palabrería huera o engañosa se está omitiendo otro hecho que revela hasta qué punto “las palabras veraces no son agradables ni las agradables veraces.” Me refiero a que la marina de guerra marroquí impunemente invadió aguas españolas durante dos días para proteger a los invasores sin que el gobierno de Su Majestad reaccionase ni la Armada española lo evitase, ni por supuesto sin que don Felipe se dignase alterar sus vacaciones o programa de regatas en Mallorca.
Comprender la naturaleza de la guerra es de vital importancia. “La guerra es el lugar donde se enfrentan la vida y la muerte, es la vía hacia la destrucción o la supervivencia. En la guerra lo único importante es ganar y no hay mérito alguno en prolongar una campaña.” Sun Tzu enseña que “lo que permite a un gobernante sabio o a un general capacitado triunfar donde otros fallan es la previsión, el conocimiento anticipado y preciso de la situación del enemigo”.
Sin embargo, «buenísmo» estulto o cobarde que no falte. Otra más. Pese a tratarse de invasores algunos de ellos militares y espías marroquíes que operan en territorio enemigo, el nuestro, y sin uniforme por lo que deberían ser tratados como tales, don Felipe sostiene que “mientras estén entre nosotros, deberán ser tratados siempre con dignidad y humanidad, y con todas las garantías previstas por nuestras leyes.”
Tampoco parece correcto en su calidad de Jefe del Estado invadido el homenaje a los invasores muertos durante el asalto a Ceuta y enterrados en el cementerio musulmán de la ciudad.
El pueblo español, cuyo comportamiento muchas veces nos recuerda al del perro acostumbrado a los palos del amo se contenta con poco, una pasada de vez en cuando de la palma de su mano sobre el lomo. Pero, si hacemos caso a ciertos precedentes de la memoria histórica seguramente haría mejor en no fiarse de ciertas promesas regias.
Y desde luego fiarse de la UE recuerda al famoso chiste de “Fíate de la Virgen y no corras”. Claro que en peor.

