Por Alfonso de la Vega
«El mundo moderno se ha dividido a sí mismo en conservadores y en progresistas. La ocupación de los progresistas consiste en seguir cometiendo errores; la ocupación de los conservadores consiste en impedir que los errores se corrijan» (Chesterton)
“Todo el poder para los soviets”. Bueno no, Feijoo ante sus colaboradores más cercanos ha reclamado que estas son sus elecciones y que las va a preparar como él quiera: “Éstas son mis elecciones y toda la responsabilidad será mía”. Lo que quizás pueda ser interpretado como un “esta vez ya va la vencida” para mí y no os preocupéis que no la voy a volver a fastidiar. El caso es que ante los fracasos anteriores en el PP sienten el aliento del posible auge de VOX en el cogote y no se fían en demasía del resultado, incluso aunque no hubiere trampas. Feijoo es un mal candidato y sólo ilusiona a quien no le conoce. De ser algo sería un galleguista socialdemócrata de perfiles difusos. No está a la altura de los tiempos ni se le conocen ideas diferentes a mantener la cosa hasta la siguiente etapa de dominio del socialismo. Qué lejos los tiempos del famoso “la calle es mía” del fundador del partido. Sin embargo, presume de hablar en nombre de los más altos intereses de la nación. Hoy el bono español a 10 años ronda el 5% y subiendo.
En el tinglado borbónico el PP es la coartada de una fingida alternativa al socialismo que en la práctica no es sino efímera alternancia de actores. Funciona como una especie de cirineo. Y es que para evitar la ruina total del tinglado con consecuencias incontrolables el progresismo avanza con pasos hacia delante seguidos de una pausa. Se alternan fases progres donde se perpetra cualquier clase de barbaridad y fases de consolidación (conservadoras) donde la revolución se pausa, pero no se retrotrae. Luego sigue otra fase progre y otra conservadora y así sucesivamente hasta llegar al estercolero actual en el que chapoteamos cuando las instituciones que debieran servir al bien común y velar por el ordenamiento jurídico se deforman grotescamente contra su misión o razón de ser. De modo que viene al pelo la lúcida sentencia de Chesterton del comienzo.
Hemos comprobado que las fases conservadoras, en realidad el PP más bien sería una socialdemocracia sui generis, sirven para conservar la revolución. Suponiendo que los amos juzguen conveniente sustituir al falsario pero no su política, el nuevo gobierno no hará nada por miedo o porque es su costumbre. Consolidarán las fases progres anteriores, pues en realidad sirven a la necesidad o al menos conveniencia de hacer pausas para tomar respiro y continuar la escalada con mayor impulso. Quedan así integrados en el nuevo tinglado los conservadores aunque no puedan hacerlo con los auténticos tradicionalistas que poseen una idea metafísica o de ley natural de cómo deberían ser o seguir siendo las cosas.
Ejemplos: el aborto o la promoción del matrimonio homosexual o del cambio de sexo. Los partidos conservadores ahora lo consideran “derechos” cuando hasta hace poco lo tenían por aberraciones. Incluso son tan modernos que presumen de llevar homosexuales en sus listas como un logro social. O también la promoción de la agenda 2030, o lo del cambio del clima climático y la energía fláccida contra la agricultura, el desmantelamiento de la economía productiva, o el tratamiento de las invasiones.

Pero la revolución es un proceso que no puede detenerse: va cubriendo etapas hasta sus últimas consecuencias si le dejan y no se revierten. Es posible que el resultado de las votaciones sea una efímera etapa provisional de toma de resuello que sirva para consolidar los logros del socialismo y preparar un nuevo escalón hacia la tiranía.
O puede que ni eso si hacemos caso a las amenazas de las zurdas violentas en la Asamblea de Madrid que recuerdan, también en sede parlamentaria, las de la Pasionaria al luego asesinado Calvo Sotelo, O las de los sindicatos oficiales en nómina ministerial que estaban bien calladitos para no enfadar al capataz de los amos buitres mientras perpetraba toda clase de fechorías ruinosas y liberticidas contra la clase media y trabajadora.
Los tiempos en los que bastaba el palanganeo ya han pasado y recuerdan peligrosamente otras etapa históricas ya vividas. El bienio republicano de centro derecha no supo desactivar la revolución socialista ni siquiera salvar las formas. Con su pusilanimidad contribuyó a potenciar al PSOE y al desastre posterior.
El PP es como los personajes de Pirandello ya que su problema radica en que todos ellos procedían de la fantasía del escritor, quien, después de concebirlos en su imaginación, no los pasó al papel, no los inscribió en una obra. La Cultura española está desapareciendo, no ya los grandes autores de otrora, ni tan siquiera se muestran en la rama del humor que tan buen servicio hace para ilustrar los acontecimientos. Gran parte de las calamidades de la derecha política y social españolas se deben al haber renunciado al Intelecto, que es el medio por el que el hombre percibe lo trascendente, lo que está más allá de lo contingente y al servicio de la realización de un dasein nacional propio: el Bien, la Justicia, la Belleza, la Patria.…Pero también en el sentido de intelectualidad racional, de mentalmente activo, de la Cultura digna del tal nombre a la que ha renunciado y dejado en manos de titiriteros zurdos y viciosos medio analfabetos que hacen ostentación de cochambre espiritual e intelectual.
Una pena que una organización con tantos miembros, e incluso votantes todavía, se encuentre tan a la deriva. Sin que parezca comprender lo que está empezando a pasar en Europa. Sin ideas ni voluntad, ni los intérpretes en espera de autor ni el distinguido público votante lo merecen.
El PP necesita buscar autor, el pueblo quien les defienda del Régimen. Ese el problema de fondo: la continuidad de un Régimen fallido y subalterno que carece de soberanía.

