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La aberración que está cometiendo el agendismo con los Montes Torozos de Valladolid: un páramo castellano devorado por molinos y mares de placas solares

El mapa que ilustra La Santa Espina y los Montes Torozos —esa comarca que abraza Medina de Rioseco, Montealegre de Campos, Villalba de los Alcores, Cigales y la propia Valladolid— ya no es un simple plano de caminos y pueblos. Es el documento gráfico de una ocupación industrial masiva. Lo que durante siglos fue un paisaje de cereal de secano, encinares residuales y cielos abiertos, hoy es un horizonte saturado de aerogeneradores y, cada vez más, de paneles fotovoltaicos. La “transición energética” ha elegido este rincón de Valladolid como uno de sus principales escenarios, con consecuencias devastadoras para la naturaleza, la agricultura y la vida de sus habitantes.

Los molinos: más de 500 aerogeneradores ya instalados

Los Montes Torozos concentran más de medio millar de aerogeneradores, lo que representa el 15 % de toda la potencia eólica de Castilla y León (más de 1.000 MW de los 6.605 MW regionales). El conjunto promovido por Naturgy en 2019-2020 ya sumaba 7 parques con más de 250 MW. Ejemplos concretos son Torozos II (16 aerogeneradores) o las fases A, B y C distribuidas en Castromonte, Velilla, Berceruelo y Torrelobatón.

La subestación de La Mudarra, clave en la zona, está dimensionada para evacuar 550 MW eólicos adicionales. Los ayuntamientos perciben alrededor de 4.000 euros anuales por molino, pero el beneficio se concentra en unos pocos mientras el impacto lo sufre toda la comarca.

La nueva invasión: los macroparques fotovoltaicos

A los molinos se suma ahora la fiebre solar. El proyecto estrella es Navabuena Solar, el mayor parque fotovoltaico previsto en Castilla y León y uno de los diez más grandes de España: más de 900 hectáreas (941,81 ha según documentación oficial) y unos 450 MW en Villalba de los Alcores, un municipio de apenas 400 habitantes. Promovido por el grupo Cobra, ya ha recibido licencia de obras y ha comenzado algunos trabajos, incluyendo la tala de encinas centenarias.

La asociación SOS Montes Torozos ha presentado recurso administrativo contra su autorización por “deficiencias relevantes e irregularidades” en la tramitación, incumplimientos urbanísticos y falta de evaluación de impactos acumulativos. No es el único: la plataforma denuncia que se proyectan hasta 3.200 hectáreas solo en algunos términos municipales de la comarca, y habla de planes que podrían alcanzar las 10.000 hectáreas en toda la zona (incluyendo Urueña y alrededores).

Otros proyectos menores o en hibridación con eólicos ya suman miles de hectáreas más en fase avanzada.

Lo aberrante: un ataque triple a la naturaleza, la agricultura y la gente

  1. Para la naturaleza Los Montes Torozos forman parte de zonas de alto valor ecológico, con encinares y quejigares protegidos y corredores naturales que conectan la ZEPA de la Nava y el LIC. Los aerogeneradores ya matan aves y murciélagos; las placas solares sellan el suelo, impiden la regeneración vegetal y crean un “desierto” bajo ellas. El resultado es un paisaje irreconocible: “energías limpias, paisajes sucios”, como titulan medios locales.
  2. Para la agricultura Se trata de suelo rústico de cultivo de cereal de secano, uno de los pocos espacios productivos sin regadío intensivo en España. Convertir 900 hectáreas (y miles más en proyecto) en uso industrial es irreversible: se compacta el terreno, se pierde la capa fértil y se elimina la posibilidad de volver a producir comida. En plena crisis de soberanía alimentaria, sellar la tierra de Valladolid es un sinsentido estratégico.
  3. Para la gente Pueblos de 300-400 habitantes ven cómo su identidad, su horizonte y su calidad de vida desaparecen. El impacto visual es demoledor, el ruido de los molinos constante y el turismo rural se resiente. La granja escuela Las Cortas de Blas, referente educativo de la provincia, se encuentra rodeada y amenazada. Los beneficios económicos van a unos pocos propietarios de terrenos; el coste —pérdida de autonomía rural, fragmentación del territorio y sensación de ser “sacrificados” en nombre de la Agenda 2030— lo pagan todos.

El mapa que tienes delante ya no muestra solo carreteras y pueblos. Muestra el plano de una comarca en proceso de industrialización masiva. Los Montes Torozos, cuna de La Santa Espina y emblema de un paisaje castellano milenario, están siendo literalmente devorados. Cuando el “verde” se mide en hectáreas de placas y torres metálicas, deja de ser verde y se convierte en gris industrial. Y Castilla ya ha superado con creces cualquier límite razonable.

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