Acabo de ver el vídeo que circula en X (el que comparte @JavierVera57211) y me hierve la sangre. Una mujer, visiblemente afectada, cuenta con crudeza cómo un médico se dirigió a la hija de una señora de 87 años con una frialdad y un desprecio que roza lo inhumano:
«Tienes que entender que tu madre ya es muy mayor, tiene 87 años, y cuanto antes aceptes que es una persona que se va a morir, mejor para todos».
Así, sin anestesia. Sin empatía. Sin el más mínimo respeto por la dignidad de una persona mayor ni por el dolor de su familia. Como si la señora fuera un electrodoméstico averiado que ya no merece reparación y cuya familia estuviera siendo una molestia por atreverse a pedir que se le trate con dignidad.
Y lo peor no es que sea un caso aislado. Lo peor es que este tipo de comportamientos se están normalizando en demasiados consultorios y hospitales de nuestro país. Cada vez son más las voces que denuncian cómo ciertos médicos —supuestamente “profesionales”— tratan a los pacientes y a sus familias como si fueran idiotas incapaces de entender la realidad o, peor aún, como mera mercancía: números en una lista de espera, camas ocupadas, expedientes que hay que “gestionar” cuanto antes para liberar recursos.
¿Cuántas veces hemos oído frases similares?
- «Ya tiene una edad…»
- «¿Qué quiere que hagamos a estas alturas?»
- «No vamos a hacer milagros»
- «Mejor que se prepare porque esto va a ir a peor»
Frases que no informan, que humillan. Que no acompañan, que sentencian. Que no curan el cuerpo ni el alma, sino que te recuerdan que, para ellos, ya eres un caso perdido. Un estorbo. Una estadística molesta.
— JAVI_3454 (@JavierVera57211) April 6, 2026
En el vídeo se ve claramente el impacto emocional: la hija y la madre que lloran, la impotencia, la sensación de que te están diciendo “deja de molestar y acepta que tu madre ya no vale la pena”. Porque eso es exactamente lo que transmite ese “mejor para todos”. Mejor para el sistema. Mejor para el médico que no quiere “perder el tiempo”. Mejor para la estadística de mortalidad que queda más limpia si la familia se calla y se resigna.
Esto no es medicina. Esto es deshumanización pura y dura. La medicina no consiste solo en recetar pastillas o diagnosticar enfermedades; consiste en tratar a la persona como tal, no como un objeto que se deprecia con los años. Un médico que pierde la capacidad de mirar a los ojos a un anciano y a su familia y ver a seres humanos con dignidad, ha perdido también el derecho a llamarse médico. Es un matasanos con bata blanca y título universitario.
Y sí, hay muchos. No todos, por supuesto. Hay profesionales excelentes que siguen ejerciendo con vocación y humanidad. Pero son demasiados los que han convertido la consulta en una cadena de montaje donde el paciente es un producto más: si está “caducado” (es decir, mayor), se le despacha con una frase lapidaria y se pasa al siguiente.
Es hora de decirlo alto y claro: basta ya de tratar a los pacientes como idiotas que no entienden su propia enfermedad o como mercancía que se desecha cuando ya no rinde. Basta de esa arrogancia disfrazada de “realismo clínico”. Basta de esa frialdad que duele más que la propia enfermedad.
Los pacientes y sus familias no somos clientes molestos ni números en un Excel. Somos personas. Y merecemos que se nos trate como tal, aunque tengamos 87 años, 97 o 107.
Si tú también has vivido algo parecido, compártelo. Que se sepa. Que no quede en silencio. Porque mientras sigamos callando, estos “embajadores de la bestia” seguirán creyendo que tienen derecho a decidir quién merece esfuerzo y quién no.
La vida de tu madre, de tu padre, de tu abuela… no es negociable. Y quien no lo entienda, que se quite la bata.

