Hoy, 1 de abril, se cumplen 87 años del final oficial de la Guerra Civil Española (1936-1939). Aquel día, el Cuartel General del Generalísimo Francisco Franco difundió el último parte de guerra, redactado por el propio Franco. Su texto, sobrio y cargado de significado histórico, anunció el cese de las operaciones militares: «En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado.
Burgos, 1º de abril de 1939.
AÑO DE LA VICTORIA.
EL GENERALÍSIMO: FRANCISCO FRANCO»

Con estas palabras se ponía fin a casi tres años de un conflicto devastador que había enfrentado a dos visiones irreconciliables de España.
La guerra no surgió de la nada. Fue el trágico desenlace de una Segunda República marcada por la inestabilidad, la radicalización y la violencia. Las elecciones de febrero de 1936, ganadas por el Frente Popular, estuvieron rodeadas de graves irregularidades. Historiadores como Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa García documentan en su obra ‘1936. Fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular’ cómo se produjeron coacciones, alteración de actas, urnas con más votos que votantes y cambios en el escrutinio en varias provincias. Estas irregularidades —conocidas popularmente como “el pucherazo del 36”— habrían alterado decenas de escaños, facilitando la mayoría absoluta del Frente Popular.
Una vez en el poder, el Gobierno republicano fue incapaz de mantener el orden. Se desató una ola de violencia conocida como el Terror Rojo: quema de iglesias y conventos, asesinatos de sacerdotes, religiosos y civiles de derechas, asaltos a propiedades y un clima de caos revolucionario. Miles de personas fueron perseguidas, torturadas o asesinadas en checas y paseos antes incluso del alzamiento militar de julio de 1936. La polarización extrema, los asesinatos selectivos (como el del líder monárquico José Calvo Sotelo) y la percepción de que la República había derivado hacia el caos y el comunismo empujaron a una parte importante del Ejército a sublevarse para restaurar el orden.
Tras casi tres años de guerra, en la que ambos bandos cometieron atrocidades pero donde el Ejército Popular Republicano acabó desmoronándose, las tropas nacionales alcanzaron la victoria total. El 1 de abril de 1939 Franco proclamaba el fin del conflicto. Madrid, Valencia y las últimas bolsas de resistencia cayeron sin necesidad de más derramamiento de sangre innecesario.

La victoria puso fin a una etapa de desórdenes, permitió la reconstrucción del país tras la devastación y evitó que España cayese bajo una dictadura comunista similar a las que se impondrían en el Este de Europa tras la Segunda Guerra Mundial.
El 1 de abril de 1939 marcó el comienzo de una larga etapa de paz interna en España, que duraría décadas y permitiría el desarrollo económico y la modernización del país en los años posteriores. Aunque la guerra dejó profundas heridas y una dolorosa división, representó para muchos el restablecimiento del orden frente al caos revolucionario de los años republicanos.
Hoy, 87 años después, aquella fecha se recuerda como el día en que la guerra terminó y España inició un camino hacia la estabilidad. El famoso parte de Franco sigue siendo uno de los documentos más emblemáticos de nuestra historia reciente.
(Por Lourdes Martino)

