Leviatán, o La materia, forma y poder de un estado eclesiástico y civil (1651) es la obra maestra del filósofo inglés Thomas Hobbes (1588-1679). Publicada al final de la Guerra Civil Inglesa, representa uno de los textos fundacionales del pensamiento político moderno. Su título alude al monstruo bíblico del Libro de Job: un ser de poder descomunal e irresistible, símbolo perfecto del Estado soberano que Hobbes propone como única salvación frente al caos humano.
Contexto histórico y vida del autor
Hobbes escribió Leviatán durante su exilio en Francia, huyendo de la inestabilidad política en Inglaterra. La guerra civil (1642-1651), la ejecución de Carlos I y el surgimiento de la Commonwealth bajo Cromwell marcaron profundamente su pensamiento. Testigo del desorden y la violencia, Hobbes buscó una solución racional y secular al conflicto permanente entre los hombres. Su enfoque materialista —inspirado en la ciencia mecánica de Galileo y Descartes— rechaza explicaciones teológicas o aristotélicas tradicionales para construir una teoría basada en la razón y la observación de la naturaleza humana.
Estructura de la obra
El libro se divide en cuatro partes:
- De la materia (Del Hombre): Hobbes analiza la psicología y la naturaleza humana. Describe cómo los sentidos, la imaginación, las pasiones y la razón funcionan en el individuo. Introduce su famosa visión pesimista: los hombres son egoístas, impulsados por el miedo, la competencia y el deseo de poder.
- De la forma (Del Estado): Aquí expone el núcleo de su teoría: el estado de naturaleza, el contrato social y la creación del soberano absoluto.
- Del Estado cristiano: Examina la relación entre poder civil y religioso, argumentando que la Iglesia debe subordinarse al soberano para evitar divisiones.
- Del reino de las tinieblas: Critica las supersticiones, la falsa religión y las doctrinas que debilitan el Estado (como las del papado o ciertas interpretaciones protestantes).
Ideas principales
El estado de naturaleza
Sin gobierno ni leyes comunes, la vida humana sería una “guerra de todos contra todos” (bellum omnium contra omnes). Aunque Hobbes no afirma que este estado haya existido históricamente de forma universal, lo usa como hipótesis lógica: los hombres son iguales en su capacidad de dañarse mutuamente, lo que genera desconfianza constante. La vida sería “solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta”. La frase emblemática “el hombre es lobo del hombre” (homo homini lupus) resume esta antropología pesimista.
Las leyes de naturaleza y el contrato social
La razón humana, buscando la propia conservación, descubre leyes naturales fundamentales: buscar la paz y cumplir los pactos. Para escapar del caos, los individuos celebran un contrato social mediante el cual renuncian a su derecho ilimitado a todo y transfieren su poder a un soberano (puede ser un monarca, una asamblea o cualquier forma de autoridad única). Este soberano encarna la voluntad colectiva y posee poder absoluto para garantizar la seguridad.
El Leviatán es, pues, un “dios mortal”: un hombre artificial creado por el arte humano, compuesto por la multitud de individuos que lo forman (como muestra icónicamente la famosa portada del libro, donde el cuerpo del gigante está hecho de cientos de personas pequeñas).
Soberanía absoluta
El soberano no está limitado por leyes anteriores ni por contratos con los súbditos (salvo la obligación implícita de proteger sus vidas). Puede legislar, juzgar, castigar, controlar la economía, el ejército y hasta interpretar la religión. Solo pierde legitimidad si falla en su función principal: proteger la vida de los súbditos. Cualquier resistencia o división de poderes (como separar Iglesia y Estado de forma que genere conflicto) llevaría de nuevo al caos.
Hobbes defiende que la libertad natural se cambia por seguridad: es preferible obedecer un poder fuerte que vivir en la anarquía.
Importancia y legado
Leviatán marca un antes y un después en la filosofía política. Introduce el contractualismo moderno, que influiría profundamente en John Locke, Jean-Jacques Rousseau e Immanuel Kant, aunque estos últimos matizarían o criticarían el absolutismo hobbesiano. Hobbes seculariza el pensamiento político: el Estado no se justifica por derecho divino, sino por un pacto racional entre hombres.
Su materialismo y mecanicismo abrieron camino a visiones científicas de la sociedad. La obra también generó controversia: fue acusada de ateísmo y condenada por la Iglesia y la Universidad de Oxford, ya que subordinaba la religión al poder civil.
Hoy, Leviatán sigue siendo relevante para debatir temas como el autoritarismo versus la libertad, el rol del Estado en la seguridad, el populismo o las tensiones entre orden y derechos individuales. En un mundo de conflictos geopolíticos y polarización, la advertencia hobbesiana sobre los peligros del desorden resuena con fuerza.
Conclusión
El Leviatán no es solo un tratado político: es una reflexión profunda sobre la condición humana. Hobbes no idealiza al hombre ni al Estado; los presenta como artificios necesarios para sobrevivir a nuestras propias pasiones. El soberano absoluto es un mal menor frente al peor de los males: la guerra civil y la anarquía.
Leer Leviatán hoy implica confrontarse con una pregunta incómoda pero eterna: ¿qué estamos dispuestos a sacrificar por la paz y la seguridad? La respuesta de Hobbes fue clara y radical: casi todo, salvo la vida misma. Por eso, más de tres siglos y medio después, su “monstruo” filosófico sigue siendo uno de los pilares del pensamiento occidental.

