Por Alfonso de la Vega
Dentro de su línea habitual contra la idea tradicional y gloriosa de España en otro alarde de audaz valentía al que nos tiene acostumbrados, y asombrados, don Felipe VI ha declarado hoy lunes ante el embajador de Méjico en España que durante la colonización de América “hubo mucho abuso”. El Jefe del Estado ha forzado al máximo su privilegiada minerva para iluminarnos con un clarificador: “ha habido luchas, digamos, controversias morales y éticas en cuanto a cómo se ejerce el poder desde el primer día, es decir, los propios Reyes Católicos con sus directrices, las Leyes de Indias, por el proceso legislativo, hay un afán de protección, que luego la realidad hace que no se cumpla como se pretende y hay mucho, mucho abuso y también, como decía antes, valorar el hecho de que de ahí, de ese conocimiento, pues nos apreciaremos más”.
No sabíamos que el rey tuviese tal dominio de la Historia de la España y de la Hispanidad. Un negrolegendario impenitente no lo habría dicho mejor, se ve que Su Majestad está muy bien entrenado aunque poco enterado.
Al parecer, Su Majestad desconoce la obra de Salvador de Madariaga sobre el problema de Méjico en relación a España y su cultura, con su “conocimiento” y “aprecio”. Decía así el ilustre intelectual, diplomático y ex ministro republicano en sus Memorias:
“El peligro en Méjico se agrava por el abierto antihispanismo de no pocos intelectuales, tan irracional que muchos son entre ellos los que se identifican con Montezuma y hasta con Cuautemoc antes de sentir con Cortés…. Todo ello va envuelto en cierta hipocresía más o menos consciente. Los aspectos más repulsivos de la cultura azteca- el abrirles el pecho a las víctimas y arrancarles el corazón para ofrecerlo aún palpitante al dios antropófago, los banquetes más o menos rituales de carne humana se esfuman y esconden cuando no se niegan-. Las piedras de sacrificio se exhiben pero no se describen. La historia se adapta al modelo antiespañol…Pero Méjico no llega a cuajar como nación una y fuerte porque niega a su padre. Méjico es una creación de Cortés, pero los mejicanitos no reciben en la escuela más que grotescas deformaciones de lo que fue la conquista fundadas en que aquellos conquistadores reviven en estos españoles, siendo así que aquellos conquistadores viven hoy en la parte blanca de la sangre del mejicano de hoy; por lo cual la enseñanza (¿?) insensata que se les da solo tiene por fruto la guerra perpetua que, en la sangre, lleva Méjico.

Cuando publiqué en Méjico y en Madrid (1972) un artículo sobre la verdadera fundación de Méjico, exponiendo estas ideas, recibí de un joven mejicano una carta indignada echándome en cara que yo diera por padre de Méjico a Hernán Cortés, que era un extranjero. Firmaba dos apellidos tan castellanos como Gómez Fernández. Le contesté que leyera el artículo primero antes de escribir tales disparates porque él no se llamaba Chichimecatecutli, sino Gómez Fernández, de modo que sin Cortés, ni siquiera existiría.”
Curiosamente, el embajador mejicano que escuchaba al rey se llama Quirino Ordaz.
Con un soberano tan oportuno, lúcido y valiente como el que disfrutamos no necesitamos más enemigos. Cada día avergüenza más a los españoles el grado de cobardía e indignidad que está alcanzando la Corona en lo público y en lo privado.
Sin embargo, es de justicia resaltar la valentía real en alancear a morito muerto. Se ignora la milagrosa victoria de todo un genio militar como don Hernán Cortés sobre un poderoso pueblo caníbal además de genocida, según don Antonio Escohotado: “La sociedad más monstruosa de todos los tiempos fue la azteca”. O la labor de civilización de España en todo un continente como no ha habido nunca otra. Hospitales, Universidades, leyes de Indias…O el intento de controlar la administración de los virreinatos mediante los llamados juicios de residencia. Pero, ya puestos, ¿acaso cree don Felipe que se salvaría alguno de los políticos de su honrado, heroico y filantrópico reinado empezando por él mismo en un juicio de residencia actualizado? Se admiten apuestas.
Tampoco deja de ser curioso la mención a los Reyes Católicos cuando doña Isabel fue reina de Castilla sin que lo impidiese el hecho de ser mujer. Nada que ver la tradición democrática de las antiguas leyes españolas con el feminismo exquisito de la Ley Sálica extrajera de los Borbones por las que él mismo ocupa el trono de su hermana mayor.
La sin par valentía del también rey de Jerusalén pudiera ejercerse con la condena del no menos monstruoso que el azteca caso Epstein, con sus abusos, pederastias, experimentos eugenésicos, e incluso al parecer otras monstruosidades de las que fueron cómplices o autores la flor y nata de las élites dominantes y entre otros sus queridos parientes galardonadores de la Casa real inglesa.
Y si a don Felipe aún le sobrase capacidad de indignación puede hacerlo con la más firme condena como hombre y como católico del vil, criminal, cobarde asesinato en sendos ataques a unas niñas colegiales por parte de propagadores de la leyenda negra.
Pero otra curiosidad reveladora de que si esto sigue así no tenemos remedio es el intento de la prensa cortesana de lavar las vergüenzas reales. Un patriotismo de hojalata, todo a un dólar.

