Como sabrán, un bebé de apenas un mes de vida lucha por sobrevivir en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Valle de Hebrón de Barcelona. Presenta fracturas múltiples, golpes en costillas, nariz y cabeza, y lesiones internas provocadas por una agresión sexual con penetración. Y no fue un desconocido ni fue un accidente. Fueron sus propios padres: un hombre de 42 años, trabajador de una fábrica, y una mujer de 43 años, enfermera del mismo centro hospitalario donde ahora el pequeño agoniza. Ambos están en prisión provisional sin fianza, acusados de maltrato habitual, lesiones muy graves y agresión sexual.
El caso ha conmocionado a una ciudad que, como tantas otras, confía ciegamente en que los uniformes blancos signifiquen seguridad y cuidado. Pero aquí está la realidad cruda: la presunta agresora sexual del bebé es una profesional sanitaria que, hasta el momento de su detención, atendía pacientes en hospital Valle de Hebrón. La misma mujer que supuestamente juró “primero no hacer daño” es la que, junto a su pareja, infligió un sufrimiento inimaginable a su hijo recién nacido.
Pensemos en ello. Estos monstruos de mente retorcida no llevan cuernos ni viven en cuevas. Son capaces de aparentar una vida perfectamente normal ante los demás. Compran el pan en la tienda de tu barrio, pagan la hipoteca, saludan a los vecinos con una sonrisa y, lo que es peor, se ponen la bata y atienden a pacientes vulnerables en un hospital. Mientras el bebé yacía con perforaciones anales y huesos rotos, la madre seguía trabajando en el mismo edificio, cobrando un sueldo público y siendo vista por sus compañeros como una profesional más. Nadie sospechaba. Porque el mal, el verdadero mal, sabe camuflarse perfectamente.
El protocolo de detección de maltrato infantil funcionó gracias a los médicos y enfermeros del hospital que, al ver las lesiones, alertaron de inmediato a los Mozos de Escuadra. El bebé quedó bajo tutela de la Generalidad y los padres fueron detenidos el 18 de marzo. Pero el daño ya está hecho. Los expertos advierten que el pequeño podría arrastrar secuelas orgánicas y neurológicas de por vida. Un niño que ni siquiera había cumplido su primer mes ya ha conocido el infierno en manos de quienes debían protegerlo.
Y para finalizar, no podemos por menos que mencionar el titular lamentable que ha publicado este miércoles el periódico El País: “La madre del bebé violado en Barcelona es enfermera en el hospital Vall d’Hebron”. Como si al bebé lo hubiera violado otra persona. Como si la enfermera fuera solo “la madre de la víctima” y no la presunta violadora. En lugar de titular con claridad “La enfermera del Vall d’Hebron y su pareja violan y maltratan a su bebé de un mes”, optan por una redacción pasiva y edulcorada que diluye la responsabilidad y suaviza el horror. Porque, al parecer, llamar a las cosas por su nombre sigue siendo demasiado incómodo para algunos medios.
(Por Lourdes Martino)
Artículo sobre un caso que no podemos dejar en el olvido: Terrible el caso de una niña de acogida de la que abusaron sexualmente sus padres. Él era concejal de Compromís

