Recuerdo que mi madre me decía -Parece que tienes horchata en vez de sangre- cuando intentaba provocarme y no podía. ¿Por qué quería hacer eso? Porque es lo que quieren hacer todos los que desconocen, y por tanto no valoran, lo que es la calma; porque los impulsivos suelen detestar a los calmados como los serios a los joviales. No hay nada personal en ello. Solo los más desesperados actúan al revés, e intentan arrimarse a los tranquilos, esperando que les contagien algo de tranquilidad.
Ni que decir que esos desesperados son los que suelen tener diagnosticado algún trastorno mental. Ni por suerte, ni por desgracia, sino simplemente por la atracción que causa la calma en ellos (y en ellas) he tenido la oportunidad de conocer, a veces muy profundamente, a varias de esas personas. Recuerdo que una de ellas me pidió que la ayudara a morir, y lo hizo insistentemente, durante semanas. ¡Como olvidarlo! Cuando superó la depresión y volvió a sonreír, le pregunté si aún quería matarse o había cambiado de idea. De eso hace varios años y sigue viva.
Hoy, muchas de esas personas etiquetadas como “enfermos mentales” deben estar temblando de miedo, al ver que han matado a uno de los suyos. Es cierto que pidió morir pero también lo es que estaba deprimida y que la etiqueta “Trastorno Límite de la Personalidad” se la cuelgan a muchos que manifiestan una voluntad suicida, insistentemente.
El caso es que, si las ideas suicidas suelen ser prueba de un trastorno mental ¿No debería tratarse a cualquier suicida, como un trastornado, incapaz para emitir un consentimiento válido, al menos cautelarmente? Si en los prospectos de los medicamentos contra la depresión se indica que esos mismas drogas inducen al suicidio ¿No debería estar, cualquier persona, libre de su influencia, para que los demás podamos tener cierta seguridad de que su voluntad no está viciada? Ese era el caso para el padre, pero nadie le escuchó.
Hoy, muchos periódicos afirman que “Noelia ganó y murió”. ¿Habías pensado alguna vez que ganar y morir fueran la misma cosa? Hoy muchos demócratas se felicitan por el gran triunfo de Noelia. ¡Tantos años acusando a los nazis de matar a los enfermos mentales y han sido ellos, finalmente, los que han implementado el protocolo “Aktion T4”!
Hoy Noelia goza de su triunfo contra el patriarcado opresor porque, no nos engañemos, de no haber sido por la oposición del padre, sería una muerta anónima más, como los más de mil que ya han muerto, en nuestro país, con la garantía del estado. Funcionarios administrativos y judiciales rechazaron paralizar la ejecución hasta que hubiera una resolución sobre el fondo del asunto, pero el asunto sigue, por lo que bien podría declararse judicialmente, algún día, que efectivamente había vicio en la voluntad de morir. ¡Quién sabe si hubiera cambiado de idea, de haber superado la depresión que sufría!
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