Por David Azañón (Subinspector 87713)
Recuerdo un día que estaba en Madrid viendo en la telepantalla las cargas policiales en Ferraz. Toda vez habiendo sido Policía Nacional conozco los defectos y virtudes de los antidisturbios, formamente UIP, donde cada día faltan más veteranos que hagan de contrapoder y fomenten la profesionalidad, pensé voy a acercarme a ver que se cuece. Total que me planté en la zona.
El ambiente era de lo más tranquilo, gente de todo tipo, familias, parejas, ancianos, jóvenes, no solo pijos con el jersey atado sobre los hombros arquetipo del maricomplejin.
Me sorprendió que la gente profería consignas como policía únete y otras similares, es decir, el ambiente era de gente afín a la policía y a todas luces patriota.
Las actitudes o consignas violentas eran inexistentes por lo que considero las cargas extremadamente violentas por mucho que en este caso sí, deben cumplir órdenes, pero nadie ordena el nivel de violencia con el que debes cumplirlas. Todo lo contrario que durante el golpe de estado en Cataluña, donde se estaba produciendo un golpe de estado y las UIP se quedaron cortas. Gracias al PP, tuvieron que sufrir agresiones, comer bazofia y alojarse en un barco bautizado como Piolín gracias a la gigantesca imagen del famoso canario amarillo en compañía del coyote y del diablo de Tasmania, si no recuerdo mal.
Dibujos de tiempos, sin duda mejores, donde la infancia se protegía, los programas infantiles eran divertidos, inculcaban valores como el respeto, el esfuerzo y la libertad, siempre triunfaba el bueno y no proferían gilipolleces como lo del pronombre elle o como que pueden elegir sexualmente ser lo que quieran, cuando si no han pasado la pubertad, las cuestiones de índole sexual carecen de sentido, salvo para corromperles evidentemente.
Si la reputación, profesionalidad y sometimiento al imperio de la ley, incluyendo lo de negarse a cumplir órdenes manifiestamente ilegales, de las numerosas policías de España quedaron en entredicho bajo la paradigmática frase de caballero, caballero la mascarilla, el más listo de los que se han apoltronado en La Moncloa, cuya mujer, hermano y amigos, de los que ahora reniega, están imputados, ha conseguido que muchos españoles odien a las policías. Cada día se ven más pintadas con el anatema de ACAB o 1312.
Como siempre debo hacer la salvedad de que algunos se negaron a cumplir tales órdenes. Otros, a posteriori, han entonado el mea culpa pero la gran mayoría, tristemente, afirma haber cumplido órdenes.
Si buscan un poco podrán comprobar los numerosos casos de corrupción u otras infracciones penales como agresión sexual, acosos, sexual y laboral, cometidas, presuntamente y no presuntamente, por comisarios de la Policía Nacional o con su aquiescencia,– casualmente muchos de ellos habían ostentado el cargo de Jefe Superior de Policía de Madrid – también de otras policías. Éstos, estuvieran en activo o como máximos responsables de seguridad privada de las más importantes multinacionales sean bancarias, de telecomunicaciones, cadenas de centros comerciales, etc., han menoscabado, más aún, la imagen de los que sí desarrollan fielmente el ejercicio de sus funciones, ese honorable, profesional y honrado 20% al que siempre me refiero.
El caso es que el responsable policial de las cargas en las inmediaciones de la sede del PSOE en Madrid ha sido designado como máximo responsable de la seguridad de IFEMA, sede del Centro Nacional de Difusión de Datos de las elecciones generales. Les recordaré una cita del asesino genocida de Stalin: lo importante no son los votos sino quién los cuenta. Yo dejé de votar hace tiempo, no representan y están al servicio de poderes extranjeros.
Todo en una España donde se regala al dictador ucraniano mil millones de euros (1.000.000.000€), donde el tito Berni aseveraba quiero que mandes lo mejor de lo mejor. Que sean “misses” (sic), donde los españoles del volcán de La Palma, los damnificados de la “gota fría”, las familias de los muertos en Adamuz por un criminal mantenimiento y los enfermos de ELA no ven un maldito euro, eso sí, el gramo de cocaína no varía desde hace décadas y las paguitas a inmigrantes y chiringuitos de toda inutilidad y estupidez que no falten.
La Policía Nacional y la Guardia Civil no obtienen ni siquiera la condición de profesión de riesgo, con sindicatos y asociaciones que… de quién dependen… pues eso, donde las furcias mediáticas mienten cada día más, donde los españoles no llegan a fin de mes pero van a sufragar, indirectamente con sus impuestos, la visita del Papa.
Yo no profeso religión alguna pero si esto no va contra las enseñanzas de Jesucristo díganme ustedes:
- Quienes donen entre 500.000 y 1.000.000 de euros, denominados VIP, podrán tener un encuentro personal.
- El segundo nivel VIP, llamado benefactor, será para aquellos que donen entre 500.000 y 250.000 euros. En ese caso, no habrá un encuentro privado con el Papa pero sí tendrán asiento en una audiencia papal.
- El llamado patrocinador, aportaría entre 250.000 y 50.000 euros, sin audiencia papal.
- El nivel colaborador para quienes donen 10.000 euros.
- El nivel más bajo, el de amigo, para donaciones de 1.000 euros, que solo dará derecho a un reconocimiento formal de la contribución mediante certificado oficial emitido por la organización.
Ya no sé cuántos etarras campan a sus anchas, la exjefe de ETA, Soledad Iparraguirre alias Anboto, sale en libertad y solo deberá pernoctar en prisión, ni uno solo de los máximos responsables de la Policía Nacional o de la Guardia Civil o de las FF.AA. no sólo no ha presentado su dimisión sino que ni siquiera ha levantado la voz contra los cientos de asesinados y los miles de extorsionados, amenazados, exiliados por esa organización terrorista de la cual el ex presidente del Gobierno D. Adolfo Suárez, afirmó que se iba de la presidencia “sin saber si ETA cobraba en dólares o en rublos” siendo vox populi que muchos civiles vascos y muchos militares españoles cobraban de la inteligencia estadounidense.
Prefiero invitar a comer a D. Iñaki Rekarte, etarra que dejó constancia de su arrepentimiento y atroces crímenes en su libro Lo difícil es perdonarse a uno mismo que sentarme a comer gratis con cualquier alto mando de la Policía Nacional, Guardia Civil o FF.AA.
Finalizo citando a D. Henry David Thoreau:
UN HOMBRE QUE SIRVE AL ESTADO SIN CUESTIONARLO SE CONVIERTE EN EL ENGRANAJE DE LA INJUSTICIA, AUNQUE LO LLAME LEY.

