Por Alfonso de la Vega
O espectáculo de simples farsantes. Sánchez en el ejercicio de la supuesta soberanía española o lo que queda de ella ha declarado que las bases norteamericanas en España no deben ser usadas en esta guerra, aunque en su doblez de tramposo congénito cosa diferente es lo que hace o permite hacer. El matasiete gringo se ha cabreado porque un dirigente ose llevarle la contraria en público y no obedecer sus caprichos de modo que ha vuelto a amenazar a España con su vulgar diplomacia gansteril.
Necio y poco prudente es el cambiar de caballo en medio de la batalla. “El rey está desnudo”. Si en vez de organizar nuestra propia defensa en función de las amenazas que tenemos, tarde nos damos cuenta que es mal negocio para nuestros legítimos intereses pertenecer a una organización de modo subalterno a las órdenes de nuestros enemigos históricos. O no, en verdad todo es paripé para disimular nuestro grado de sumisión y servidumbre a intereses ajenos. Sin neutralidad ahora es el llanto y crujir de dientes. Tanto desfile y tanta mandanga para que hoy nos insinúen que nuestros supuestos aliados y amigos Israel y EEUU están armando al sultán vecino con los mayores adelantos bélicos y que si no obedecemos ya nos podemos preparar.
Sin embargo, es aborrecible que españoles dignos de tal nombre aplaudan al enemigo, un indigente moral e intelectual que carece de honor y de palabra. Pero la sociedad española cada vez se parece más a una pocilga, con o sin peste porcina. Y tampoco cabe un farsante más, O sí: la siempre tan redicha y sobrada ministra del ramo, donde decía ayer una cosa ahora se retracta con los hechos y manda una de nuestras más modernas fragatas a la zona de riesgo. Como la Parrala “una vez me dices que sí y otras que no”. La Robles explicaba que el acuerdo de cooperación con Estados Unidos “debe operar en el marco del Derecho internacional” y que las operaciones actuales son acciones unilaterales sin respaldo de la ONU, la OTAN ni la Unión Europea; hasta que no exista una resolución, “el tratado no se aplica” a estos efectos”. Ergo… ¡ahí va la fragata donde exija el guion!
La llamada oposición tampoco lo hace mejor, muestra falta de patriotismo y se pone del lado de nuestro insultador. Parecido mecanismo de manipulación que cuando el nefasto 11 M, pero al revés. En el PP no extraña tanto dada su naturaleza globalista. La Ayuso se va a compadrear a Nueva York. Estará en la Gala del periódico The Algemeiner y recibirá un galardón en «reconocimiento a su compromiso con la libertad y el pueblo judío”. Lo de VOX, supuesto partido patriota es bochornoso aunque tiene la ventaja de mostrarse como una falsa bandera sionista del régimen a derribar cuando mejor convenga, como ya pasó con Ciudadanos.
Pero la Patria debe defenderse y mucho más aún cuando además de legítimos intereses nacionales propios se tiene razón moral y jurídica. No estamos en el caso de una guerra justa, ni por la justicia de la causa, la conquista del “Gran Israel” ni por la de la conducta. Se trata de una guerra “preventiva” y se ataca la población civil indefensa. La guerra justa según la tradición católica debe ajustarse a dos condiciones:
1) Jus ad bellum o la justicia de la causa; y
2) Jus in bello o la justicia de la conducta.
Modernamente se establece que para que un Estado pueda participar lícitamente en un conflicto armado internacional, deben cumplirse estas condiciones: autorización del Consejo de Seguridad, legítima defensa frente a un ataque armado y proporcionalidad y necesidad, Tampoco se han dado tales requisitos en este caso.

La declaración de Sánchez: «No seremos cómplices de algo que sea malo para el mundo y que contradiga nuestros valores e intereses, simplemente por miedo a represalias de alguien«, encaja perfectamente en el ideal ilustrado. Parece estar escuchando al barón Holbach: “El buen ciudadano es el que no puede tolerar en su patria un poder que pretende hacerse superior a sus leyes. El que obedece ciegamente los caprichos de un déspota no es un ciudadano, es un esclavo. No hay ciudadano bajo el despotismo ni ciudad para los esclavos. El cortesano que decía que él no llegaba a comprender como era posible resistir la voluntad de su señor hablaba como un esclavo criado con las máximas del despotismo oriental, según la cual el sultán es un dios, a cuyos caprichos un delito oponerse, aún cando sean contrarios a la razón. La tiranía es el gobierno de la injusticia sostenido por la fuerza.”
Otra cosa distinta de los argumentos esgrimidos es que Sánchez sea de fiar que ha demostrado que no lo es y todo sea otra más de sus añagazas de propaganda para mantener tranquilo su corral de votos o intentar mantenerse en el poder a toda costa. Sin embargo, al negarse a poner sus bases conjuntas al servicio de una ofensiva sin una clara base en la legítima defensa y sin resolución del Consejo de Seguridad, España se sitúa del lado de la Carta de la ONU y del principio de solución pacífica de conflictos.
Es verdad que mantener cierta conveniente neutralidad es muy difícil, sobre todo para el régimen de un país sumiso que parece habría renunciado a su soberanía. En un contexto distinto, la no pertenencia a la OTAN y disponer de un gobierno patriótico nacional lejos de ser títere de los americanos ya hubo un precedente. Fue durante la guerra de Yom Kipur contra los países árabes. Los aviones de EEUU no pudieron usar las bases aéreas en España para el reabastecimiento de armas a Israel. España mantenía entonces una política de amistad tradicional con el mundo árabe y no reconocía al Estado de Israel. Además, la sumisión habría comprometido el suministro de petróleo árabe hacia España en plena crisis energética, con una inflación creciente. Por desgracia no resultó gratis. Esta negativa generó una fuerte tensión con la administración Nixon. Su entonces secretario de Estado, Henry Kissinger, se reunió con el presidente Carrero en Madrid justo el día anterior a su vil asesinato.
Otra casualidad, don Felipe tan lenguaraz e incluso imprudente en otros saraos internacionales más lucidos pero menos comprometidos no ha dicho esta boca es mía en defensa de España cuando como ahora un jefe de Estado extranjero de moralidad despreciable se permite insultar y amenazar a nuestra Patria y a los españoles además de a Su gobierno en el ejercicio de su supuesta soberanía nacional.
Quizás lo único bueno que salga de entre tanta desgracia y calamidad humanitaria sea que pueda servir para tomar conciencia de nuestro actual grado de podredumbre, y de la real condición de los actores de la farsa, paso previo y necesario para intentar ponerle remedio si por ventura hubiere voluntad de hacerlo.

