miércoles, febrero 18, 2026
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Un carnaval insólito

Por Alfonso de la Vega

Hoy no tocaba pero se ha querido aprovechar el simbolismo de la festividad para imitar el acto institucional con el que las Cortes Generales celebraban los 47 años de vigencia de la Constitución de 1978. En efecto, hoy martes de carnaval no se ha celebrado el tradicional entierro de la sardina como otros años por un coro de compungidos deudos o inconsolables plañideras sino que nos han obsequiado a la plebe con un espectáculo de disfraces muy curioso, incluso brillante en algunos momentos.

Para evitar la lluvia que asuela inmisericorde el desgraciado reino filipino las comparsas y chirigotas han ocupado el viejo palacio de San Jerónimo que tantas jornadas de gloria, honor y deshonor han ofrecido a los viejos cronicones parlamentarios. 

Destacaban algunos disfraces aunque el de presunto político honrado de vocación constitucionalista era el menos creíble y el más abundante, como adquirido en mercado de baratillo que por lo que se ve cada vez hay más vulgaridad o populacherío y menos ingenio u originalidad. La que iba disfrazada de presidente de Las Cortes más parecía de dudosa madame de un centro de protección de menores indefensas. Sin embargo, tuvo mucho protagonismo en el sarao el que iba disfrazado de rey, un rey pasmado o lamentable víctima de los pícaros engañosos vendedores de telas invisibles. Y desde el cinismo propio de la ocasión carnavalesca o de la mayor inopia aprovechó para imitar desde la tribuna con gran dominio y precisión otro sermón estupefaciente. El lector juzgará por sí mismo si exagero:

Agradezco, Señora Presidenta, (sic) la invitación a este acto, en el que celebramos nuestra vigente Constitución de 1978 como la más longeva de nuestra historia. 

Con ella hemos crecido y madurado. Es nuestra referencia y la que esperamos legar a nuestros hijos. No podemos, no queremos, no sabríamos vivir siendo otra cosa que ciudadanos libres. 

Si nuestra constitución se ha convertido en la más longeva de nuestra historia es por todas esas ideas que contiene –la libertad, la igualdad, la justicia, la solidaridad, el pluralismo, unidad y la descentralización junto con la cohesión territorial– y que articulan nuestra convivencia democrática. 

Así, para entender el valor real de nuestra constitución deberíamos ser capaces de imaginarnos cómo seríamos, los españoles, si no hubiéramos optado, en el año 1978, por ese conjunto de ideas.

¿Tendríamos la misma capacidad de crecer, formarnos, establecernos, luchar por el futuro de nuestros hijos? ¿Podríamos, del mismo modo, desarrollar nuestra identidad y cultivar nuestras tradiciones? ¿Contaríamos con los mismos instrumentos para denunciar injusticias y arbitrariedades? ¿Tendríamos el mismo acceso a los servicios públicos? ¿Formaríamos parte del proyecto europeo?

Esa la realidad para miles de millones de personas, que viven a años luz de lo que significa un estado social y democrático de derecho.

Pasado mañana se cumplirán tres décadas del día en el que, tras el asesinato por la banda terrorista ETA del profesor Francisco Tomás y Valiente.

No caigamos nunca en la complacencia de ver la obra completa, ni tampoco en el derrotismo de pensar que el esfuerzo de generaciones de españoles ha sido en vano. Tengamos visión y perspectiva. El camino recorrido por esta España constitucional ha sido brillante y el futuro no lo será menos, siempre y cuando lo sigamos escribiendo juntos.

La mejor manera de conmemorar la Constitución es cumplirla.”

¿El orador hablaba o no en serio? ¿De verdad se puede creer lo que asevera? ¿Es que se celebra pero no se cumple?

Los etarras pasean por las calles de Vascongadas sin máscaras ni disfraces como Pedro Botero por el infierno en una burla cruel de la Justicia y de sus víctimas. Las cosas del reino van empeorando progresivamente. Una calamidad, escándalo, injusticia o desfalco sucede al inmediato anterior en una bochornosa carrera sin fin ni freno. Y lo de ciudadanos libres ya pasó a la historia como no sea para aplaudir a los canallas con poltrona o no que pululan por él en la mayor impunidad. Y “millones de personas, que viven a años luz de lo que significa un estado social y democrático de derecho” van a venir aquí a terminar de arruinarlo.

Sin la constitución actual, no sabemos lo que hubiera pasado pero de haber seguido la situación anterior cabe recordar como ejercicio de auténtica memoria histórica que no obstante la tendencia mayoritaria en Europa de expandir el estado hasta el 40% y más del PIB, el régimen anterior mantuvo un estado pequeño y por ello poco opresivo y más acorde con el liberalismo, restringiendo algunas libertades políticas pero con libertades personales mayores que hoy. La salud social (índices de delincuencia y población penal, suicidio, etc.)  y la esperanza de vida al nacer superaban a casi todo el resto de Europa. Sin partidos ni autonomías creó una sociedad próspera, reconciliada y libre de los destructivos odios históricos, sobre la que fue posible intentar  una democracia auténtica, finalmente hoy otra vez malbaratada por la Monarquía.

La clase media está siendo saboteada desde el poder, la gente cada vez es más pobre mostrando que las nuevas generaciones tienen un futuro mucho peor que las anteriores. La esperanza de un mejor futuro del principio de la transición a la monarquía se ha convertido en la certeza que de seguir con este régimen lo que venga ha de ser peor. Si nos ofrece miseria nos entretiene con grandes espectáculos. Y ya va siendo hora de enterrar la constitución digo la sardina.

Pasado el fasto del martes de carnaval, mañana otra vez miércoles de ceniza, y se pueden guardar los vistosos disfraces para el próximo sarao.

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