domingo, febrero 15, 2026
InicioOpiniónColaboradoresQueda inaugurada esta demolición

Queda inaugurada esta demolición

Por Alfonso de la Vega

Se acaba de producir la voladura de las chimeneas de la importante central térmica de Compostilla en el Bierzo. No del todo porque una de las chimeneas se resistió a la autoridad competente y sobrevivió a la dinamita desluciendo la inauguración. El régimen de Franco construía e inauguraba infraestructuras estratégicas básicas. La monarquía también inaugura, pero su destrucción. Sin embargo, un brillante y valiente joven diputado de VOX ha protestado in situ denunciando esa atrocidad. Ese atentado contra el futuro de la economía española.

El reino de España siempre suele a adoptar modernidades obsoletas.  Se produce esta demolición cuando estamos comprobando el anunciado fracaso de la transición ecológica hacia la ruina y la vuelta a la edad media. Trump, como el negro del apólogo del Conde Lucanor que desenmascarase el timo de los tejedores de telas invisibles, ha denunciado lo que resultaba una evidencia para cualquier profesional del ámbito de la energía o de la ingeniería. Y no será porque no haya literatura científica sobre este asunto.

Tiene razón Fred Cottrell (Energía y Sociedad, 1956) cuando sostiene que: “la cantidad y tipo de la energía utilizada condiciona la manera de vivir del hombre en lo material y establece ciertos límites previsibles en lo que éste es capaz de realizar y en la forma en que habrá de organizarse la sociedad”. O, dicho de otro modo, “existen relaciones entre los convertidores de energía, los combustibles empleados por los hombres y los tipos de sociedad que éstos construyen.”  O bien, y cabe insistir a riesgo de resultar pesado porque esto es lo que está pasando ahora mismo con el recule actual americano y europeo: “es menester dedicar cuidadoso esfuerzo para trazar una distinción entre las relaciones sociales que dependen de la utilización de los convertidores actuales y aquellos que probablemente persistan aunque nuevas fuentes de energía las abastezcan. Solo en la medida que sepamos qué debe cambiarse podremos conocer los costos de este cambio y estimar así la disposición del hombre a alterar la sociedad.

La degenerada casta política europea ha embarcado a los países de la UE a una degradación ruinosa, una “Transición ecológica” con tremendos errores, si es que no se trata de sabotaje premeditado, con consecuencias catastróficas que nos han hecho perder décadas de desarrollo. Europa está siendo destruida por lo WOKE, por una sarta de dirigentes mercenarios o ineptos. Los pueblos no cuentan para sus pretendidos dirigentes democráticos salvo para molerles a impuestos. Unos dirigentes encanallados que ahora quieren hacer lo contrario volver a los denostados recursos energéticos convencionales como carbón o petróleo, pero sin pedir perdón ni menos dejar la poltrona. Y aquí sin enterarnos, a destruir nuestro patrimonio como cretinos o traidores. Si la política es devastadora tampoco es precisamente heroica la posición acomodaticia y consentidora de universidades y colegios profesionales.

¿Puede funcionar una economía moderna sin energía y sin recursos fósiles? En el estado actual del conocimiento de las leyes de la Naturaleza y de la Termodinámica, no. Por no funcionar no puede funcionar ni siquiera la agricultura, convertida en los países industrializados una rama más de la industria en lo que a recursos fuera del predio y eficiencias energéticas se refiere.

Para el público en general y para muchas gentes que proceden del Derecho o la Economía en su acepción restringida tal como ahora se entiende, la civilización y la organización social es cosa de simples leyes políticas, que pueden cambiarse con decisiones parlamentarias o ejecutivas. Se ignora que sin presupuesto energético y convertidores eficientes las instituciones no pueden funcionar, al menos en el grado que pretenden. Se ha vuelto a demostrar con ocasión del apagón o con la imparable inflación derivada de los bajos rendimientos de los convertidores energéticos que se intentan imponer para nuestra ruina. El desarrollo político y económico de una sociedad (y por supuesto el aumento de la clase media) dependen de la posibilidad de utilizar recursos energéticos y convertidores eficientes.

La ineficiencia energética de un convertidor significa poca o nula energía útil en relación a la total o a la energía degradada, entropía. En la práctica, digan lo que digan las leyes parlamentarias más o menos «democráticamente» adoptadas, representa la necesidad de subvenciones energéticas de otras fuentes o convertidores más eficientes y subvenciones monetarias que se detraen del sistema vía impuestos o déficit financiado con más deuda al servicio de usureros internacionales. La supuesta sostenibilidad resulta imposible si no existen recursos energéticos y convertidores eficientes, los convencionales, que subvencionen los ineficientes. Y que la baja productividad debe apoyarse también con subvenciones monetarias detraídas de la economía real.

Para los políticos ignorantes o sin escrúpulos el ensanchar las subvenciones y el presupuesto supone más poder clientelar, un modo de favorecer a amigos o chiringuitos  y redes cleptocráticas asociadas que medran de las delicias del presupuesto y que protegen y se reparten el poder político como meros directores comerciales de sus actividades monopolísticas más o menos útiles o fraudulentas.

Antes se pretendía desarrollar sistemas que pudieran explotar eficientemente intramuros de los mismos la energía útil y arrojar o excretar extramuros de ellos el desorden o entropía generados necesariamente por la actividad. Ahora, la entropía se pretende explotar como fuente de ordeño presupuestario intramuros del sistema, engordando una nueva gusanera especulativa más o menos fraudulenta. El ciclo de la demagogia, y de la pobreza, se cierra vendiendo la idea a la llamada ciudadanía (antes plebe) desinformada con la publicidad y la mohatra de los medios de manipulación, de que, con estas cosas tan “sostenibles”, se está protegiendo al medio ambiente y se elude “el cambio del clima climático” que diría la secta apandadora. Pero dice la segunda Ley de la Termodinámica, de momento fuera de la influencia de la casta política española e inmodificable en el BOE, que “la entropía aumenta” y sin energía útil no puede funcionar ningún sistema ni físico, ni biológico, ni social, ni intelectual.

Hasta ahora repetir estas obviedades venía siendo como clamar en el desierto. Pero los ciudadanos en general y los ingenieros en particular tenemos la obligación de hacerlo para no traicionar ni a España ni al conjunto de conocimientos recibidos de nuestros antepasados.  Ni contribuir a dejar un legado desastroso a nuestros descendientes.

Cabe felicitar al joven y valiente diputado José Mª Figaredo por atreverse a dar la cara, por intentar explicar cosas que aunque obvias deben ser señaladas para intentar parar esta locura de devastación promovida desde el Poder y de consecuencias catastróficas.

EsDiestro
Es Diestro. Opinión en Libertad
Artículo relacionados

Entradas recientes