Por Alfonso de la Vega
En plena campaña de intoxicación de Su gobierno con el desestabilizador asunto de la legalización de invasores don Felipe siempre tan oportuno ha colaborado premiando a un joven magrebí catalán. En el país europeo a la cabeza de pobreza infantil, huestes filantrópicas hablan de las maravillas económicas de estas medidas perpetradas bajo el pretexto de proveer de mano de obra barata o casi “esclava” al menesteroso tenderete nacional. Tenemos precedentes históricos: después de la Independencia USA se importaban esclavos para las plantaciones sudistas suministrados por mafias, todo un negocio multiculturalista. Que acabó, como sabemos, en una cruenta guerra civil, y luego en guetos con conflictos raciales y sociales interminables.
Pero volviendo a lo de los peculiares premios borbónicos cabe señalar el singular acierto con que suelen ser concedidos, bien sean, por ejemplo, los devaluados toisones de oro, o los premios de la princesa Leonor.
Hoy nos encontramos en pleno escándalo de los documentos del agente Epstein y ha vuelto aparecer un personaje muy admirado por los Borbones. Me refiero a la bruja Marina Abramovic, tildada de satanista aunque ella rechaza tan, para las actuales benéficas élites, honroso título.

Los documentos liberados revelan a figuras prominentes participando en rituales siniestros conocidos como Cocina Espiritual, orquestados por la artista de performance Marina Abramovic, que fuera nombrada por Zelensky embajadora cultural de Ucrania. Famosos como Lady Gaga aparecen lamiendo salsa similar a sangre de cucharas mientras gotea sobre cuerpos desnudos de mujeres durante estas ceremonias grotescas. Abramovic, a menudo conocida como la abuela del arte de performance, ganó notoriedad a través de actuaciones extremas que involucran dolor, repugnancia y fluidos corporales. Su trabajo a menudo supera todos los límites. Epstein utilizó sus lujosas residencias para organizar estos eventos perversos.
Sea como sea la concesión del Premio Princesa de Asturias a la bruja provocó cierto escándalo. Con perdón por la auto cita me permito reproducir lo que trataba de explicar entonces. El 23 de octubre del año 2021 comentaba:

“Lo de los Premios Princesa de Asturias siempre me ha parecido una especie de remedo de los Nobel, pero en plan paleto, provinciano, cursi, como con cierto complejo de inferioridad. Pero bueno, pudiera servir para hacer propaganda y dar a conocer la pertinaz Monarquía española a esas bárbaras gentes consumidoras de cerveza del imperio anglosajón que no saben muy bien ni por dónde cae España ni menos que sea un feliz Reino posmoderno con apuestos reyes y no menos hermosas rubias princesas.
Pero la amenaza del ridículo siempre está presente para hacer enturbiar las onerosas glorias más o menos impostadas. Y seguimos en racha para hacer dudosos méritos ante la insaciable criminal plutocracia globalista y sus servidores. Lejos de la más mínima o elemental prudencia, la Corona se viene empeñando en premiar lo más dudoso, indeseable si no descaradamente peorcito de cada casa … Lo que resulta una evidente imprudencia por si las cosas vienen mal dadas y no hubiera forma de taparlas, no deja de tener cierta explicación como cobarde guiño de complicidad sino sumisión de la Corona a los poderes fácticos soberanos que quitan y ponen administradores y títeres del imperio global.
Pero, lo que ya carece del más sentido de la proporción o del más elemental análisis coste beneficio es el galardón de la tierna y pura doncella Leonor a una reconocida provecta hechicera de pasado más que turbio. Y que, según diversas fuentes, incluso habría venido a ejercer de Sacerdotisa o Suma Hierofante de los rituales más macabros y espeluznantes para satánicos primates de la plutocracia globalista.
Don Felipe, taciturno, glosaba así a la premiada en estos estupefacientes términos:
“Este año el Premio de las Artes ha recaído en la artista serbia Marina Abramovic, destacada representante del arte del perfomance, del que es pionera. Ella ayudó a abrir el camino a otros artistas, popularizando y acercando al gran público esta disciplina. Su trayectoria es esencial en la transformación y la vanguardia del siglo XX y la ha convertido en una creadora excepcional. En su obra se aúnan la sorpresa y la intensidad, la emoción y la espontaneidad, la reflexión y la duda, la belleza y el dolor, el arte y la vida. Y ante ella, el espectador se siente profundamente implicado en las formas expresivas y en el pensamiento de esta artista tan poco convencional, como plenamente comprometida con el arte y su trascendencia, que en ella es siempre experimental, siempre innovador. Convertida Abramovic en un símbolo de cómo la creación artística y sus frutos se revitalizan continuamente, sus actuaciones son ya parte de la historia del arte contemporáneo. Son también reflejo de su coherencia, pues ha sido siempre fiel a sí misma, representando la grandeza de una vocación profunda y auténtica.”
¡Qué tremenda falta de criterio estético y moral!”
Como adenda actual cabe recordar que Platón explicaba que la Belleza es el resplandor de la Verdad. Sí, desde ese punto de vista platónico se entiende mejor la coherente apuesta borbónica por la fealdad, por el reinado de la Mentira.
NOTA

En la foto la premiada Abramovic junto con el barón Rothschild delante de un cuadro de Lucifer arengando a sus huestes.

