sábado, febrero 7, 2026
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Operación Popeye en España 2026

Por Alex Díaz

Este mes de febrero de 2026 estamos asistiendo a una nueva Operación Popeye, y no es  contra el Vietcong: es contra los españoles.  

La Operación Popeye (también llamada Project Popeye, Operation Sober Popeye o  Motorpool en documentos internos) fue un programa militar secreto de siembra de  nubes desarrollado por la Fuerza Aérea de los Estados Unidos durante la Guerra de  Vietnam, entre 1967 y 1972, con el objetivo de modificar el clima con fines  estratégicos.  

La idea central del programa era incrementar las precipitaciones sobre rutas clave  utilizadas por el enemigo, especialmente el Sendero de Ho Chi Minh, una extensa red  de caminos y senderos que conectaba Vietnam del Norte con el Vietcong y las fuerzas  comunistas en Vietnam del Sur.  

El objetivo estratégico era causar:  

Terrenos intransitables debido al barro.  

Deslizamientos y socavamiento de carreteras.  

Ríos desbordados que dificultaran pasos y cruces.  

Retrasos en el movimiento de camiones y suministros.  

Prolongar artificialmente la estación de lluvias monzónicas entre 30 y 45 días  más cada temporada.  

El lema no oficial de quienes la ejecutaron fue:  

踱踲踳 “Make mud, not war” (Haz barro, no la guerra).  

¿Cómo se hacía?  

La técnica utilizada fue la siembra de nubes (cloud seeding):  

  1. Se equiparon aviones militares (como el C-130 Hercules y el F-4 Phantom)  con dispositivos para liberar yoduro de plata o yoduro de plomo en las nubes.  2. Al dispersar estas partículas, se esperaba que actuaran como núcleos de  condensación, facilitando la formación de más lluvia sobre las zonas objetivo. 
  2. Las misiones se realizaban regularmente durante cada temporada de lluvias,  especialmente desde bases en Tailandia.  

Oficialmente, estos vuelos estaban etiquetados como misiones de reconocimiento  meteorológico, aunque su objetivo real era el aumento inducido de las precipitaciones,  algo altamente secreto en su momento.  

芳芷芴 ¿Qué buscaban lograr?  

El plan era explotar el clima como arma logística:  

Hacer que las carreteras y senderos quedaran demasiado embarrados para el  paso de camiones.  

Provocar inundaciones que complicaran el transporte por rutas esenciales del  Vietcong.  

Saturar el terreno hasta hacerlo inutilizable durante días o semanas.  

Aunque la operación sí produjo un aumento de las lluvias y terrenos más embarrados, su  impacto real en el desarrollo de la guerra sigue siendo objeto de debate entre  historiadores. Estudios oficiales posteriores cuestionan hasta qué punto fue realmente  eficaz para detener el flujo de suministros del enemigo.  

踱踲踳 Otro de los “regalos” que rociaron los yankis sobre  los vietnamitas: el Agente Naranja  

El Agente Naranja fue un herbicida/defoliante que Estados Unidos roció masivamente  durante la Guerra de Vietnam, principalmente en la Operación Ranch Hand (aprox.  1961–1971), con el objetivo de:  

Eliminar la cobertura vegetal (selva) para que el Vietcong no pudiera ocultarse.  Destruir cultivos para reducir su capacidad de abastecimiento.  

Abrir líneas de visión y facilitar las operaciones militares.  

¿Qué era?  

Era una mezcla de herbicidas (2,4-D y 2,4,5-T). El principal problema fue que el 2,4,5- T estaba contaminado con dioxina TCDD, una sustancia extremadamente tóxica. 

Aviones del gobierno de EE. UU. rociando Agente Naranja. Consecuencias  

Graves efectos sobre la salud: asociación con cánceres, alteraciones  inmunológicas y endocrinas, problemas reproductivos y malformaciones  congénitas.  

Daño ambiental duradero: suelos y sedimentos contaminados en “puntos  calientes”.  

Afectó a población civil, fuerzas vietnamitas y también a veteranos  estadounidenses y aliados expuestos.  

踱踲踳 ¿España en 2025 es un nuevo Vietnam? ¿A quién  beneficia que España se debilite?  

  1. Fondos de inversión  

Compra de tierras arruinadas a bajo precio.  

Concentración de la propiedad agrícola.  

Dependencia alimentaria del exterior.  

  1. Intereses geoestratégicos  

País menos autosuficiente = más dependiente.  

Menor soberanía alimentaria.  

Mayor vulnerabilidad política.  

  1. Grandes corporaciones 

Agricultura industrial sustituyendo a pequeños productores.  

Importaciones masivas.  

Control de semillas, agua y distribución.  

  1. Estados centrales fuertes  

Regiones debilitadas aceptan más control externo.  

Se justifica mayor regulación “por emergencia”.  

¿Qué está ocurriendo en España este mes de febrero?  

Tráfico ferroviario suspendido, carreteras destrozadas, vías de ferrocarril destruidas,  terrenos de cultivo arrasados, deslizamientos de tierra, socavones, pueblos enteros  devastados, playas desaparecidas, gran parte de la economía nacional paralizada e  inacción estatal.  

Soportamos un temporal de lluvias y nieve muy inusual, sobre todo en el sur de la  península, con inundaciones persistentes. En el norte tampoco nos libramos: vemos  cómo los ríos desbordan sus cauces e inundan viviendas, carreteras y paseos.  

Todo esto coincide con un gobierno maldito, dirigido por un demente al servicio de  intereses supranacionales, que ha llevado a España a una situación insostenible. Desde  2020, Pedro Sánchez nos ha metido en una dictadura, inaugurada con la mayor estafa  sanitaria de la historia, imponiendo prisión domiciliaria durante meses y destruyendo la  economía, especialmente la de autónomos y pequeñas empresas.  

Después, él —y sobre todo su compinche Feijóo— animaron a que todo el mundo se  pinchara el brebaje mágico para una enfermedad de moda imaginaria. El actual exceso  de muertes, más de 140.000 personas, según el propio sátrapa, se debe al “cambio  climático”.  

En octubre de 2024 llegó la mal llamada DANA, o más bien riadas provocadas por  geoingeniería, desidia estatal por la falta de obras en el barranco del Poyo, prohibición  de la limpieza de cauces por la maldita Agenda 2030 y la apertura intencionada de  compuertas de embalses, dejando una destrucción total en esa zona de Valencia y  mintiendo con el número de fallecidos. La mentira es la norma en la administración  pública criminal española.  

Esta catástrofe “PROVOCADA”, según la casta parasitaria burocrática, también se  atribuye al “cambio climático”, ese cambio que, según ellos, provocan los ciudadanos  por usar vehículos diésel como un Citroën Saxo.  

Después vinieron los incendios a finales del verano de 2025 en el noroeste. Incluso en  días de lluvia aparecían incendios, todo muy oportuno, y en zonas donde se van a  regalar concesiones para minas a cielo abierto, para que los fondos de inversión que  mueven los hilos del títere Sánchez exploten los recursos españoles de tierras raras al 

estilo colonial africano del siglo XIX. En este caso también el sátrapa culpó al “cambio  climático”.  

España está en proceso de liquidación y Sánchez es el verdugo y liquidador de España y  de los españoles. La única salida que le queda a estas bestias es seguir adelante; si  tienen que morir matando, lo harán, y por el camino nos matarán a todos si no lo  remediamos.  

Estas inundaciones huelen —valga la redundancia— a mojado. Todo desprende un tufo  de mentira y manipulación grotesca, criminal y perfectamente predecible.  

Estas lluvias persistentes tienen toda la pinta de ser geoingeniería pura, como en la  Operación Popeye: siembra de nubes combinada con la dispersión de todo tipo de  basura química, apoyada por la tecnología de sus jefes, los alubios, dueños del complejo  industrial-militar y de sus bancos centrales del NOM.  

踱踲踳 Actualmente esta tecnología permite:  

Redes globales de sensores meteorológicos.  

Uso de UAV para dispersión de agentes.  

Inyección de energía (microondas, láseres).  

Siembra química.  

Uso de polvo de carbono para inducir precipitaciones.  

Modificación deliberada de la ionosfera para crear espejos ionosféricos  artificiales, dominar comunicaciones, interferir radares y simular fenómenos  naturales indistinguibles de eventos reales: inundaciones, lluvias intensas,  granizo, nevadas, vendavales o, por el contrario, sequías, incendios y calor  extremo en zonas delimitadas. 

Sánchez no es el presidente de España: es el administrador de su destrucción, un  administrador concursal que pretende hacer creer a los españoles que son culpables de  la ruina por vivir por encima de sus posibilidades, por “cambiar el clima” simplemente  por respirar, y que trata de convencernos de que pongamos voluntariamente la cabeza en  el tocón para purgar los pecados de la Santa Religión del Cambio Climático.

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