El escándalo que ha sacudido la cúpula de la Policía Nacional ha tomado un nuevo giro con la difusión de detalles contenidos en la querella presentada por una agente contra quien hasta hace poco era el Director Adjunto Operativo (DAO) del cuerpo, José Ángel González. Este alto mando, considerado el funcionario de mayor rango operativo dentro de la Policía (solo por debajo del director general, cargo de designación política), presentó su dimisión este 17 de febrero, horas después de que se conociera la admisión a trámite de la denuncia en su contra.
La querella, tramitada en el Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 8 de Madrid (Plaza de Castilla), acusa a González de delitos como agresión sexual con penetración, coacciones, lesiones psíquicas y malversación de caudales públicos. Los hechos denunciados se remontan al 23 de abril de 2025, cuando —según el relato de la víctima— el entonces DAO la llevó a una vivienda oficial del Ministerio del Interior destinada a su uso.
De acuerdo con la descripción incluida en la querella, la agente acudió al lugar por orden superior. Una vez allí, el mando habría iniciado un acercamiento no consentido: la habría tocado en zonas íntimas, introducido los dedos en su vagina y procedido a masturbarla mientras le exigía besos. Ante la negativa expresa y reiterada de la mujer, que le indicó que se estaba negando en serio, González habría respondido con la frase “estás gilipollas”, insistiendo en su acción e intentando doblegar su voluntad. El relato añade que la sujetó, amenazó con forzarla, le pidió que “lo hiciera por él”, le bajó el pantalón sin consentimiento y continuó con tocamientos mientras le llevaba la mano a su miembro erecto. Finalmente, habría detenido la acción, se habría lavado las manos en el fregadero y la víctima abandonó el lugar.
Pero el episodio no habría terminado ahí. La querellante asegura que, inmediatamente después, se inició una campaña de contacto insistente y manipulador. Ese mismo día 23 de abril, el DAO realizó 17 llamadas sin respuesta. Al no obtener contestación, comenzó a enviar mensajes de WhatsApp con un tono insultante y culpabilizador, entre los que destacan expresiones como:
- “Estás gilipollas”
- “Borrica”
- “Me has dejado tirado”
Otros mensajes posteriores, según diversas fuentes periodísticas que han accedido al contenido de la querella, incluyen reproches del tipo “antes nunca había pasado que me negaras el sexo” o frases en las que el acusado se presentaba como la parte perjudicada, minimizando lo ocurrido y tratando de generar culpa en la víctima.
La denunciante sostiene que esta conducta se prolongó durante meses, con llamadas incesantes, mensajes intimidatorios y maniobras de manipulación psicológica destinadas a mantener el control, evitar la denuncia y lograr su silencio. En algunos momentos, incluso se le habrían ofrecido compensaciones laborales —como cambios de destino o ascensos— a cambio de no denunciar los hechos.
La querella incorpora pruebas como listados detallados de llamadas, capturas de los mensajes de WhatsApp y, según se ha informado, un audio grabado durante el episodio que aún no habría sido aportado formalmente a la causa. El juez ha citado a declarar tanto a la víctima como al investigado para el próximo 17 de marzo.
La dimisión de González se produjo en un contexto de máxima sensibilidad política, ya que era considerado un hombre de la máxima confianza del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. El caso ha generado reacciones inmediatas, incluyendo peticiones de dimisión del propio ministro por parte de la oposición, y ha puesto el foco en las dinámicas de poder y jerarquía dentro del cuerpo policial.

