Por Alfonso de la Vega
Lo del 23 F es un tema recurrente del que me he venido ocupando desde hace mucho tiempo intentado comprender lo que de verdad pasó. De modo que puedo recuperar unas líneas como resumen. Hoy Sánchez se saca otro conejo de la chistera en su particular intento de afianzarse eternamente en Palacio: La desclasificación de los papeles secretos del 23 F. Entonces, como en tantos otros casos estratégicos de la Historia de España la primera víctima fue la Verdad. Una especie de damnatio memoriae, con sustitución trilera de héroes y villanos. El que el que los herederos y correligionarios de los golpistas del 23 F en Sociedad Comanditaria vengan a apuntarse las glorias del fracaso de su propio intento golpista, incluso cuando algunos de ellos lo siguen perpetrando con otros medios, es un cruel sarcasmo cuya primera víctima, insisto, es la Verdad.
La maniobra surge cuando nos encontramos otra vez en grave crisis política. El extraño golpe de Estado del 23 F fue dado por los generales más leales a Su Majestad que paradójicamente frustraría el teniente coronel Tejero al negarse a entregar el poder al personaje pactado: el tutor del rey, el general Armada.

Tras el magnicidio anterior del almirante Carrero Blanco, tanto el 23 F de 1981 como el 11 M de 2004 constituyen dos hitos estratégicos en el devenir de la Monarquía que según aseguran “no nos merecemos”. Por el primero, hace ahora cuarenta y cinco años, se sacó de la pista a los restos del poder militar heredero del general Franco, que vendría a representar el papel de una especie de “katechon” paulino. Por el segundo, con el PSOE como instrumento traidor se inició el actual proceso revolucionario de destrucción nacional e inmersión en las formas más lamentables del NOM.
Si en Criminalística se preguntan a quién beneficia o quién tuvo el móvil, el arma y la oportunidad, vemos que la crisis del 23 F sirvió para dejar las manos libres a don Juan Carlos eliminando la resistencia cuando no oposición de los altos mandos de las FFAA a las reformas y la legalización del Partido Comunista. En efecto, el 23 F mató varios pájaros de un tiro. Acabó con dos amenazas potenciales históricas a los Borbones. La primera, el Ejército heredado. La segunda, el socialismo revolucionario a la española. El descrédito y purga tras el autogolpe del 23 F desbarató al primero que inició entonces su actual desguace y reciclado como ONG sui generis. Y corrompió al socialismo recién estrenado de Isidoro y sus muchachos ofreciéndoles entrar a catar botín. Participación en los beneficios del régimen oligárquico dinástico, pero guardando fidelidad a los intereses del mismo. Su misión: hacer tragadero el tinglado para la clase obrera y parte de la media. Algo parecido a la tradicional Alianza histórica entre el Trono y el Altar pero ahora en versión laica. Y en estas seguíamos, hasta que el falsario ha ambicionado quedarse el tesoro solo para él y el globalismo agendístico.
In illo tempore éramos mucho más ingenuos que ahora y nos creíamos casi todo lo que nos contaban los medios de manipulación. Así la versión oficial del honrado, heroico y patriótico Rey emérito luchando valientemente contra los malvados franquistas. Más falsa que el doctorado de Sánchez como se han preocupado de aclarar sin lugar a dudas varios notables investigadores civiles y militares. Recuerdo que la tarde de autos me sorprendió dando clases de Estadística en un centro académico madrileño. Tras informar a mis alumnos de lo que sucedía, decidimos seguir con el programa en vez de suspender la clase. Luego, con la preocupación que es de suponer, volví a casa a ver qué nos depararía esa noche que se mostraba decisiva.

Varios meses después, un abogado amigo mío, persona bien informada, me explicó qué es lo había pasado según sus fuentes. Al parecer, había un proceso en curso de sublevación militar, diríamos “republicana”, es decir, sin el Rey al que consideraban corresponsable de los errores de su escudero Suárez para atajar el desastre económico, caos político administrativo pero sobre todo las masacres terroristas casi impunes que entonces campaban a sus anchas. Se barajaba la patriótica y simbólica fecha del 2 de mayo. Para contrarrestarla, la propia Corona habría arbitrado una maniobra golpe de timón coordinada por generales monárquicos de absoluta confianza y con la participación de todas las fuerzas políticas no nacionalistas, incluidos sus aliados estratégicos de entonces, los socialistas. Mediante este autogolpe se sustituiría a Suárez al que se le obligaría a dimitir para promover un gobierno de concentración. Pese a que Suárez dimitió se siguió. Según esta fuente, Suarez fue citado en la Zarzuela y recibido por el Rey en su despacho acompañado de un general uniformado. Su Majestad le invitó a dimitir. Suárez se habría opuesto alegando la legalidad constitucional de su posición y se atrevió a preguntar: «¿Y si no lo hago?» Entonces el general sacó su pistola y la puso sobre la mesa diciendo. “pues esto”. De ahí el compungido discurso del presidente anunciando su dimisión para salvar a la democracia amenazada,
Paradójicamente quien de verdad paró el golpe del 23 F sería el teniente coronel Tejero cuando se dio cuenta que le habían engañado. Que en la lista del futuro gobierno de Armada que iba a respaldar figuraban significativos dirigentes de izquierda. Su lamentable violencia en Las Cortes supuso un auténtico antídoto o vacuna que obligaría al Rey a rectificar sobre la marcha traicionando a sus generales leales que mantuvieron su palabra, su silencio y su compromiso. De modo que Milans del Bosch y Armada fueron sacrificados. Los nacionalistas salieron de naja, huyendo como gudaris en Santoña, mostrando una vez más su acreditada determinación, coraje y valentía. Y la plebe, entre la que yo me contaba, celebraba ingenuamente lo bonito y bien interpretado de la representación.
Pero, cuarenta y cinco años después podemos comprobar hasta qué grado la preocupación de los militares patriotas estaba o no justificada. Hoy, con un golpe de Estado permanente y una corrupción galopante, el Gobierno de Su Majestad soportado por golpistas catalanes y pro-etarras vascos va eliminando lo que queda de vigencia constitucional. La Nación bajo una amenaza letal que puede resultar definitiva. Las libertades cívicas bajo mínimos. La constitución violada una y otra vez por los mismos dirigentes que han jurado defenderla. Saboteada la estructura económica básica, la que sirve para satisfacer necesidades reales de la sociedad, saldado el más valioso patrimonio industrial heredado, vendido ya casi todo lo vendible, con una deuda monstruosa dedicada al despilfarro de la voraz e insaciable casta política borbónica o fomentar guetos chiringuitos, descolgada de la cabeza de las naciones más prósperas, el horizonte de futuro más probable resulta ser de desmembración, miseria y servidumbre.
El mito es importante en el imaginario popular. El de una Corona, heroica y democrática al servicio de España es el que el que el falsario quiere derribar. Y de Su Majestad actual cabe recordar la famosa frase del también general Fernández Campos refiriéndose a Armada: «Ni está, ni se le espera«.

