domingo, febrero 8, 2026
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La esperada declaración de Ghislaine Maxwell, pareja de Epstein, en el Congreso de EE.UU.

El escándalo que ha sacudido a la élite mundial durante años está a punto de vivir uno de sus capítulos más esperados. Mañana, 9 de febrero de 2026, Ghislaine Maxwell, la cómplice convicta de Jeffrey Epstein, testificará —de forma virtual y a puerta cerrada— ante el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes de Estados Unidos. La declaración, anunciada por el presidente del comité, el republicano James Comer, se produce en plena ebullición tras la liberación masiva de millones de páginas de documentos del caso Epstein por parte del Departamento de Justicia. Correos electrónicos, vídeos censurados, transcripciones y evidencias que reavivan preguntas incómodas sobre quién sabía qué y quién protegió a quién.

Aunque sus abogados han dejado claro que Maxwell invocará casi con total seguridad la Quinta Enmienda —el derecho a no autoincriminarse—, evitando responder a la mayoría de las preguntas, la comparecencia ha levantado una enorme expectación: es la primera vez que la socialité británica se enfrenta directamente al escrutinio del Congreso en esta investigación. Fuentes como NBC News o la  BBC confirman que la sesión será transcrita pero no pública, y forma parte de una oleada más amplia que incluye declaraciones pendientes de figuras como Bill y Hillary Clinton (programadas para finales de febrero según anunció el propio Bill Clinton) y el magnate Les Wexner.

De la alta sociedad a la cárcel: la trayectoria de Ghislaine Maxwell

Ghislaine Maxwell nació el 25 de diciembre de 1961 en Maisons-Laffitte (Francia), en el seno de una familia de enorme fortuna y poder. Hija menor del magnate de los medios Robert Maxwell —un empresario checo-británico controvertido que controlaba un imperio periodístico y editorial—, creció entre lujo, contactos privilegiados como el Príncipe Andrés y las mejores instituciones educativas británicas: Headington School y la Universidad de Oxford.

Tras la misteriosa muerte de su padre en 1991 —ahogado frente a las costas de Canarias en circunstancias que aún siguen sin aclararse—, el imperio familiar se derrumbó por un fraude masivo. Ghislaine se trasladó a Nueva York, donde se reinventó como figura de la alta sociedad: organizaba fiestas exclusivas, frecuentaba círculos de poder, llegó a dar un discurso en la 0NU y, en la década de 1990, conoció a Jeffrey Epstein, el financiero que más tarde sería desenmascarado como uno de los mayores depredadores sexuales (que hallamos conocido) de la historia reciente.

Según múltiples testimonios de víctimas y el juicio de 2021 en Manhattan, Maxwell no fue una mera acompañante: reclutaba, preparaba y facilitaba a menores para los abusos de Epstein en mansiones, islas privadas (como Little St. James) y aviones como el infame «Lolita Express». En diciembre de 2021 fue condenada por cinco cargos de tráfico sexual de menores y conspiración, recibiendo una pena de 20 años de prisión. Actualmente cumple condena en una prisión federal de mínima seguridad en Texas, bajo estricta vigilancia tras amenazas recibidas.

La comparecencia llega justo cuando el Departamento de Justicia ha publicado millones de páginas adicionales bajo la Epstein Files Transparency Act, incluyendo comunicaciones entre Maxwell y allegados de los Clinton, referencias a figuras como el príncipe Andrés y evidencias de posibles encubrimientos. Aunque muchos documentos siguen censurados (especialmente imágenes y vídeos), el goteo constante ha avivado la indignación pública y las sospechas sobre impunidad en las altas esferas.

¿Hablará Maxwell? Todo parece indicar que no: sus representantes insisten en que no arriesgará perjurio ni autoincriminación sin inmunidad garantizada. Pero la presión del comité —y la opinión pública— es inmensa. Si bien la declaración probablemente sea un ejercicio de silencio, su mera realización despierta la expectación: ¿hasta dónde llegaba la red? ¿Quiénes fueron protegidos? ¿Hubo fallos deliberados en las investigaciones?

El caso Epstein, con Maxwell como una de las piezas centrales aún vivas, sigue demostrando que algunos secretos, por muy enterrados que parezcan, terminarán saliendo a la luz aunque tarden años. Si hay novedades de última hora —cancelación, movimiento inesperado o algunas filtraciones—, el impacto podría ser aún mayor.

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