Por Alex Díaz
Manual práctico de cómo destruir lo que funciona mientras se proclama amor eterno al planeta
En Galicia llueve. No es una metáfora poética ni un eslogan turístico: llueve de verdad, con perseverancia bíblica y una constancia que ya quisieran muchos planes estratégicos. Llueve en otoño, en invierno, en primavera… y, cuando se descuidan, también en verano. Y mientras tanto, la presa de Eiras, infraestructura esencial para abastecer de agua a Vigo y su área metropolitana, lleva meses desembalsando agua de forma continua, como quien se deshace de un estorbo.
El agua cae con una potencia digna de un documental de National Geographic. Toneladas por segundo. Energía cinética pura. Limpia. Renovable. Local. Invernal. Justo cuando más electricidad se consume.
¿Resultado? Cero kilovatios generados.
Pero calma, ciudadanos: todo está bajo control. Es la transición energética.
Cuando la física se vuelve un problema político
La física es incómoda. Antipática. Maleducada. No vota, no subvenciona campañas y no entiende de storytelling verde. La física dice cosas muy poco alineadas con los discursos oficiales, como que:
Agua + desnivel = energía
La presa de Eiras tiene cerca de 50 metros de altura. En episodios de desembalse se han observado caudales del orden de 80 m³ por segundo. Nadie con dos neuronas propone convertir el aliviadero en una central descontrolada ni poner en riesgo el abastecimiento. Bastaría con algo radicalmente revolucionario: pensar.
Pensar, por ejemplo, en aprovechar parte del caudal mediante turbinas en desagües controlados o bypass, algo que se hace en otros lugares del mundo sin que ardan los bosques ni se extinga la biodiversidad universal.
Pero vayamos a lo realmente subversivo: los números.
Números: el verdadero enemigo del sistema
Potencial eléctrico razonable de la presa de Eiras en época de lluvias
- Escenario “no molestemos a nadie”
Caudal: 10 m³/s
Potencia: ~3 MW - Escenario “sentido común”
Caudal: 20 m³/s
Potencia: ~6–7 MW - Escenario “esto empieza a ser incómodo”
Caudal: 40 m³/s
Potencia: ~12–14 MW
Ahora imaginemos el horror: que esta situación se mantenga cinco meses seguidos, algo completamente descabellado en Galicia, donde como todos sabemos apenas llueve.
Energía generada en esos cinco meses:
- 3 MW → ~11 GWh
- 6 MW → ~22 GWh
- 12 MW → ~43 GWh
Traducido a lenguaje ciudadano (ese que tanto molesta):
- Entre 3.000 y 13.000 hogares podrían cubrir su consumo eléctrico durante meses con la energía que hoy se arroja alegremente río abajo.
Pero no. Mejor no generar nada. No vaya a ser que la electricidad salga demasiado barata o, peor aún, sin intermediarios.
Ponte do Inferno: la central que cometió el pecado capital


A escasos kilómetros de Eiras existía una anomalía intolerable: la central hidroeléctrica de Ponte do Inferno, en Soutomayor. Una instalación pequeña, modesta, casi invisible. Sin aspas de 200 metros, sin líneas nuevas cruzando montes, sin conflictos diarios en los periódicos.

Andrés Díaz y Agustín Reguera alcaldes de Sotomayor y Arcade, en el interior de
la central hidroeléctrica de Ponte do Inferno días antes de su demolición.
La central estaba recién renovada.
Y, lo más grave: generaba electricidad.
Hablamos de una potencia de entre 0,8 y 1,5 MW, con una producción anual de 3 a 5 GWh. Energía suficiente para abastecer entre 900 y 1.400 hogares durante todo el año. De manera constante. Predecible. Gestionable.
Una obscenidad.
Su crimen no fue contaminar ni incumplir normas ambientales. Su crimen fue llegar al final de su concesión administrativa. Y ya se sabe: en el nuevo orden energético, cuando algo funciona y es discreto, hay que eliminarlo para dar ejemplo.
Los alcaldes de Andrés Díaz y Agustín Reguera visitaron la central para certificar su final. Una escena casi litúrgica. No para anunciar una solución, no para estudiar alternativas, sino para cerrar el expediente y pasar página. El progreso exige sacrificios, y preferiblemente que los paguen otros.
El nuevo catecismo energético
El dogma es claro y no admite matices:
- ✔️ Derribar hidráulica existente → ecológico
- ✔️ Desaprovechar presas en invierno → responsable
- ✔️ Llenar montes de aerogeneradores gigantes → incuestionable
La ironía alcanza niveles artísticos cuando recordamos que la hidráulica es la única renovable capaz de aportar estabilidad, inercia y respuesta inmediata a la red, justo lo que luego se echa de menos cuando hay picos de demanda o apagones selectivos.
Pero eso no entra en el folleto.
Una transición sin memoria, sin lógica y sin vergüenza
Si la central de Ponte do Inferno siguiera en funcionamiento y la presa de Eiras aprovechara solo una parte de sus desembalses invernales, el balance sería escandaloso:
- Hasta 50 GWh de energía limpia adicional en el sur de Pontevedra.
- Miles de hogares abastecidos sin ocupar un solo metro cuadrado nuevo.
- Cero incendios “previos”.
- Cero impacto visual adicional.
- Cero conflictos vecinales.
Pero claro, eso no da para grandes contratos, ni para inauguraciones con dron, ni para discursos vibrantes sobre el futuro.
Epílogo: cuando sobre energía… hasta que falta
Nos repiten que la energía es escasa.
Que hay que apretarse el cinturón.
Que vienen tiempos duros.
Y mientras tanto, Galicia deja escapar por sus presas la electricidad que luego compra fuera, más cara y más inestable.
Quizá el problema no sea técnico.
Quizá no sea ambiental.
Quizá sea simplemente que una energía que no necesita relato, ni propaganda, ni grandes beneficiarios… resulta peligrosamente incómoda.
Y por eso, mejor dejarla correr río abajo.

