miércoles, febrero 18, 2026
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La bandera de la Plaza de Colón de Madrid, rasgada y caída sin poder ser izada, la mejor metáfora de la España de Sánc-HEZ y Felipe VI

En una mañana gris y ventosa, la Plaza de Colón en Madrid se ha convertido en el escenario de un espectáculo que, más allá de lo anecdótico, parece una alegoría perfecta de la realidad nacional. Durante la ceremonia de izado de la bandera española –esa colosal enseña que ondea sobre uno de los monumentos más emblemáticos de la capital–, el viento ha azotado con furia, rasgando el tejido rojo y gualda en jirones que cayeron al suelo como hojas muertas. La bandera, recién reemplazada y supuestamente en perfectas condiciones, no resistió el embate y se desintegró ante los ojos atónitos de los militares presentes y un puñado de espectadores. Un mal presagio, como lo calificó un usuario en X, que las autoridades, fieles a su estilo, podrían atribuir al «cambio climático» para eludir responsabilidades.

El vídeo capturado por Jesús Truchuelo, @PublioElioAdri1, muestra la secuencia con crudeza: un pelotón de soldados en uniforme marrón marcha con solemnidad hacia el mástil de 50 metros de altura. La bandera comienza a ascender, desplegándose con orgullo inicial, pero el viento la sacude violentamente. Poco a poco, las costuras ceden; el escudo real se distorsiona en una mueca grotesca, y finalmente, pedazos de tela roja y amarilla se desprenden, flotando hacia el pavimento como confeti de una fiesta fallida. Los militares, impotentes, observan cómo el símbolo de la unidad nacional yace hecho trizas en el suelo, junto a un estanque que refleja el cielo nublado. «Siento vergüenza», comentó el propio Truchuelo en respuestas al post, reconociendo que, aunque el viento fue intenso, el incidente es «calamitoso» y simbólico.

Pero esta bandera caída no es solo un accidente meteorológico; es una metáfora viva de la España actual bajo el gobierno de Pedro Sánchez y el reinado de Felipe VI. Imagínenla como el país mismo: un tejido histórico que se pretende izar con pompa y ceremonia, pero que se deshilacha bajo vientos políticos incontrolables. Sánchez, al frente del Ejecutivo desde 2018, provocando tormentas de coaliciones frágiles, alianzas con separatistas catalanes y vascos que erosionan la unidad territorial, y políticas económicas que, como ráfagas impredecibles, han dejado jirones en el tejido social. La amnistía a independentistas, las tensiones con la justicia, el aumento de la deuda pública y las crisis migratorias actúan como ese viento que rasga: no destruyen de golpe, pero debilitan las costuras hasta que todo se viene abajo. Encierros ilegales, volcanes, inundaciones provocada, incendios de media España, accidentes de tren, inexplicables apagones… ¿Seguimos?

Felipe VI, el monarca que heredó un trono tambaleante tras los escándalos de su padre Juan Carlos I, representa el mástil alto y blanco: imponente en apariencia, pero incapaz de sostener la bandera cuando el temporal arrecia. Su reinado, marcado por discursos de unidad en momentos clave como el 3 de octubre de 2017 tras el referéndum ilegal en Cataluña, se ha visto empañado por la percepción de una Corona desconectada, más ornamental que efectiva. ¿Acaso no es el escudo borbónico en la bandera –ese que se rasgó primero– un recordatorio de cómo la monarquía, anclada en tradiciones, falla en adaptarse a los vientos modernos de republicanismo y descontento popular? Como apuntó un comentarista en el hilo de X, «lógico que con el escudo del Borbón acabe haciéndose jirón».

España, como esa bandera, ha sido izada con promesas de prosperidad y unidad, pero los vientos de la polarización, la corrupción y las divisiones autonómicas la han convertido en harapos. ¿Será este el presagio de un cambio, o solo otro jirón en el olvido? Mientras el mástil queda vacío, la pregunta flota en el aire: ¿quién coserá de nuevo el tejido nacional antes de que sea demasiado tarde?

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