El vídeo publicado en el canal Mind Nexus Live en YouTube, titulado «Verdades ocultas: armas de microondas y tecnologías encubiertas: Entrevista exclusiva con el expe…», consiste en una entrevista extensa con Barry Trower (a veces escrito Barrie Trower), quien se presenta como un exagente del gobierno británico especializado en guerra de microondas durante la Guerra Fría.
Trower afirma haber sido entrenado en la década de los 60 en el uso militar de microondas (incluyendo radar y aplicaciones de «sigilo»), haber trabajado 11 años interrogando espías y recolectando inteligencia sobre tecnologías de microondas, y haber colaborado con fuerzas especiales y gobiernos en temas de frecuencias electromagnéticas. Se posiciona como experto en los efectos biológicos de las microondas de baja intensidad.
Principales afirmaciones de Barry Trower en la entrevista
Trower sostiene que las microondas y las radiofrecuencias se han utilizado desde mediados del siglo XX como armas encubiertas, con efectos mucho más allá del simple calentamiento tisular (efectos no térmicos). Entre sus revelaciones principales destaca:
- Manipulación psicológica y conductual Mediante pulsos de frecuencias específicas se puede inducir depresión suicida, cambios de personalidad, violencia extrema o incluso locura aparente (diagnosticada como esquizofrenia o paranoia). Menciona el «arrastre» cerebral (sincronización de ondas cerebrales) para alterar el comportamiento, especialmente en niños expuestos a Wi-Fi o móviles.
- Armas de energía dirigida y diana precisa Describe sistemas que combinan infrarrojo para localizar personas y microondas delgadas para atacar órganos específicos (glándulas, cerebro, ojos, corazón). Afirma que existen implantes activables por satélite que estimulan glándulas para producir sustancias químicas concretas en el cerebro, o que generan voces auditivas falsas al estimular resonancias en el nervio coclear.
- Daños a la salud documentados (según él)
- Cáncer y leucemia por exposición prolongada a niveles bajos (cita clusters en personal militar/laboratorio desde los años 50, bases estadounidenses en Reino Unido durante protestas antimísiles en los 80, y aumentos masivos en China de cáncer de parótida —hasta 3.000 %— ligado a teléfonos móviles).
- Leucemias infantiles cerca de transmisores (menciona escuelas en Europa con 11-18 casos por antena).
- Daños neurológicos, agresividad y alteraciones del sueño por sistemas como TETRA (radio policial), que califica de experimento ilegal hasta 2018.
- Efectos en embarazadas: abortos espontáneos elevados (cita 57,7 % en algunos estudios).
- Daño irreversible al ADN ovárico en fetos femeninos por Wi-Fi, lo que llevaría a defectos genéticos acumulativos en generaciones futuras.
- Encubrimientos gubernamentales y militares Acusa a gobiernos (EE.UU., Reino Unido, Canadá, Australia y otros) de mentir durante décadas para proteger intereses industriales y evitar demandas. Menciona:
- Experimentos en personal como «conejillos de indias» desde los años 50, seguidos de negación, informes falsos y luego admisión parcial (cita a John Goldsmith).
- Operation Paperclip (reclutamiento de científicos nazis post-II Guerra Mundial).
- Violación sistemática del Código de Núremberg al realizar experimentos sin consentimiento informado (ej. TETRA).
- Un supuesto grupo reducido de personas (unas 20) controlando OMS, agencias de salud y gobiernos para perpetuar un «genocidio silencioso».
- Bio-guerra de nueva generación Una de las afirmaciones más graves es que bacterias y virus dormantes pueden ser introducidos en suelos de países objetivo (menciona Noruega, Dinamarca, Suecia como ejemplos) y activados años después mediante frecuencias de microondas emitidas desde la ionosfera (posiblemente vía sistemas tipo HAARP). Esto provocaría epidemias devastadoras sin dejar rastro de ataque convencional, constituyendo una «nueva Guerra Fría» donde los transmisores globales (5G y equivalentes) serían armas de genocidio masivo.
Conclusión y mensaje final de Trower
Trower advierte que estas tecnologías causarán más muertes y sufrimiento que la Segunda Guerra Mundial y todos los atentados terroristas juntos. Las califica como el peor genocidio planetario de la historia, perpetrado por gobiernos e industrias «intocables» y por encima de la ley. Afirma que los científicos implicados están repitiendo los crímenes que llevaron a ejecuciones en Núremberg, pero sin consecuencias. Termina con una llamada a reconocer los peligros, especialmente para niños y embarazadas, y predice que sin cambios drásticos la humanidad enfrentará consecuencias irreversibles en salud pública y genética.

