Por Alfonso de la Vega
«Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca» (Apocalipsis 3)
Con las votaciones en la taifa de Castilla y León Feijoo teme que también se acerquen los fatídicos idus de marzo para su biografía política. El PP cada vez resulta más incapaz de esconder su verdadera condición de globalismo socialista bis y va de fiasco en fiasco electoral a juzgar por la pérdida de votos y por su fracaso en los objetivos pretendidos con el adelanto de las votaciones: aislar al PP para afianzarse como falsa “derecha” y lograr la mayoría absoluta por el descontento que provoca el falsario. No obstante, su credibilidad mengua. Un ejemplo de hoy: La señorita Guardiola hace como que negocia con VOX a los que no oculta su desprecio mientras bajo cuerda y de tapadillo ruega a la PSOE que se abstenga para salvar su incierta investidura.
Pero los sucesivos fiascos electorales del PP han provocado una crisis que más que de identidad es la propia de una estructura organizativa que para mantenerse en el disfrute del poder se mueve a base de encuestas. En efecto, se debe a constatar que cada vez les sirve de menos el disimulo y resultan incapaces de contener la actual hemorragia. Pero el problema es más general: el globalismo WOKE que el PP defiende se encuentra en horas bajas e incluso ya reconocidas por BlackRock u otras grandes corporaciones que tratan de recular en sus políticas precedentes.
Para colmo de desconcierto se está filtrando la idea, seguramente interesada, de que Marco Rubio estaría valorando sustituir al nacionalista gallego por la lenguaraz demagoga madrileña, a la que intentaría colocar quizás como una especie de ambigua disidencia controlada similar a la Meloni en Italia.
Dada la demostrada inoperancia de las instituciones borbónicas para defender los legítimos intereses de la nación española, o la falta de verdadera soberanía cualquier posible cambio sustancial habrá de venir fomentado desde fuera. Así que conviene prestar mucha atención al reciente discurso de Rubio en Munich, del que cabe espigar algunos fragmentos muy significativos:

“La pregunta fundamental que debemos responder desde el principio es qué es exactamente lo que defendemos…solo si nos sentimos orgullosos de nuestro patrimonio y de esta herencia común podremos comenzar juntos la labor de imaginar y dar forma a nuestro futuro económico y político.”
“La desindustrialización no era inevitable. Fue una elección política consciente, una iniciativa económica que duró décadas y que despojó a nuestras naciones de su riqueza, su capacidad productiva y su independencia. Y la pérdida de la soberanía de nuestra cadena de suministro no fue consecuencia de un sistema de comercio mundial próspero y saludable. Fue una tontería. Fue una transformación tonta, pero voluntaria, de nuestra economía que nos dejó dependientes de otros para satisfacer nuestras necesidades y peligrosamente vulnerables a las crisis.”
“Para apaciguar a una secta climática, nos hemos impuesto políticas energéticas que están empobreciendo a nuestra población, mientras que nuestros competidores explotan el petróleo, el carbón, el gas natural y cualquier otra cosa, no solo para impulsar sus economías, sino para utilizarlos como palanca contra la nuestra.”
“Y en nuestra búsqueda de un mundo sin fronteras, abrimos nuestras puertas a una ola de migración masiva sin precedentes que amenaza la cohesión de nuestras sociedades, la continuidad de nuestra cultura y el futuro de nuestro pueblo. Cometimos estos errores juntos y ahora, juntos, tenemos la obligación ante nuestro pueblo de afrontar estos hechos y seguir adelante, para reconstruir….La migración masiva no es, ni ha sido, una preocupación marginal con pocas consecuencias. Fue y sigue siendo una crisis que está transformando y desestabilizando las sociedades de todo occidente. Juntos podemos reindustrializar nuestras economías y reconstruir nuestra capacidad para defender a nuestros pueblos… debemos controlar nuestras fronteras nacionales. Controlar quiénes y cuántas personas entran en nuestros países no es una expresión de xenofobia. No es odio. Es un acto fundamental de soberanía nacional. Y no hacerlo no es solo una renuncia a uno de nuestros deberes más básicos para con nuestro pueblo. Es una amenaza urgente para el tejido de nuestras sociedades y la supervivencia de nuestra civilización en sí misma.”
Y, por último, ya no podemos anteponer el llamado orden mundial a los intereses vitales de nuestros pueblos y nuestras naciones. No necesitamos abandonar el sistema de cooperación internacional que creamos, ni desmantelar las instituciones mundiales del antiguo orden que construimos juntos. Pero hay que reformarlas. Hay que reconstruirlas.»
Se trata de una muestra del cambio de aires que se mueve en lo alto de la cucaña del poder de la oligarquía mundial. Palabras que también golpean el inane globalismo seguidista de Feijoo y el PP que le obligarían al menos a cambiar de caras para fingir una nueva deriva política radicalmente diferente. O por el contario, comprobar, como ya ocurriera con UCD o Ciudadanos, que puedan terminar sustituidos por VOX o similares. Salvo que, todo es posible con los actuales niveles de incertidumbre sobre el futuro, las votaciones americanas de medio término vengan en su ayuda al dar un revolcón a la administración Trump, tan fuerte que la inutilice para el resto de legislatura.
Pero el PP de Feijoo carece de líderes conocidos que puedan llevar adelante con un mínimo de credibilidad esas nuevas políticas de “reconstrucción” que ahora preconiza el Secretario de Estado norteamericano, opuestas en muchos casos a las hasta ahora vigentes. No sabemos de un «Bruto» que se mueva por ideales de orden superior o al menos por algo diferente de las filias o cordadas interesadas de familia. La Ayuso no deja de ser una demagoga aupada por ciertos medios, que si bien tiene la habilidad de enfrentarse dialécticamente al falsario, a la hora de la verdad viene a perpetrar casi sus mismas políticas. Además de las criticadas por Rubio ya citadas, lo mismo con el tema del aborto o del feminismo WOKE, la Agenda 2030, el apoyo a la ruina del sector primario mediante MERCOSUR y demás mañas, sin olvidar su reveladora cobardía moral al no amparar al Valle de los Caídos pudiendo hacerlo. En su subordinación al lobby sionista español todos tienen mucho para presumir y poco que echarse en cara.
¿Podría transformarse el PP en el sentido de adoptar políticas más parecidas a las de VOX? Hay mucho, demasiado, de farsa, de comedia, de modo que más que fijarse en las palabras es mejor atender lo que sucede. Los idus de marzo se acercan.

